A las malas, excapo Mono Abello intenta recuperar billonaria playa en Santa Marta

Se trata de 55 hectáreas ubicadas en el exclusivo sector de El Rodadero y por las que el narcotraficante Mono Abello habría golpeado y amenazado a uno de sus dueños actuales.

El dictamen médico es contundente: herida abierta que requiere sutura en la parte superior ocular del ojo izquierdo, ocasionada por el cachazo de un arma de fuego.

Así comenzó el día del economista Camilo Mario Dávila Villarreal. A las 8:21 am ingresó de urgencia a la Clínica Avidanti de Santa Marta (Magdalena), el pasado miércoles 27 de octubre.

Camilo Mario Dávila Villarreal
Camilo Mario Dávila Villarreal, economista, al parecer agredido por alias Mono Abello.

Minutos antes, había tenido un temerario encuentro con su verdugo, un hombre a quien conocía por los mitos urbanos de El Rodadero. Se trataba de José Rafael Abello Silva, más conocido en el mundo del narcotráfico como el Mono Abello.

Del incidente, el economista Dávila Villarreal recuerda que Abello se acercó al sitio donde él y varios ingenieros realizaban el levantamiento topográfico de un predio ubicado en el exclusivo sector de El Rodadero, muy cerca al acuario.

Se trata de una zona conocida como Inca-Inca y que promete un desarrollo turístico y hotelero envidiable.

Hasta allí llegó el Mono Abello, acompañado de otra persona; y según relató Camilo Dávila, éste lo increpó, sacó un arma de fuego y le descargó su cacha en la ceja del ojo izquierdo.

Luego de recibir la atención médica, Dávila Villarreal no lo pensó dos veces y se dirigió a la Unidad de Reacción Inmediata (URI) de la Fiscalía, donde instauró la respectiva querella por lesiones personales dolosas, contra el confeso narcotraficante.

Seguidamente, y ante la peligrosidad del presunto victimario, el fiscal del caso no dudó en pedirle a la Policía Metropolitana de Santa Marta, medidas especiales de protección para garantizar la seguridad personal no solo del ingeniero Dávila, sino la de su familia.

José Rafael Abello Silva, alias Mono Abello

El predio del billón de pesos

Las amarguras del economista Camilo Dávila Villarreal y su familia, que hacen parte de la sociedad Tayrona-Gaira Limitada, arrancaron hace más de 30 años, cuando por primera vez el Mono Abello los habría intimidado por la titularidad de ese mismo predio.

La sociedad es dueña de 250 hectáreas de tierra en el sector de El Rodadero conocido como Inca – Inca.

José Rafael Abello Silva, alias Mono Abello
Sector Inca-Inca, contiguo a El Rodadero, reclamado por alias Mono Abello

Según explicó Dávila a Diario Criterio, ese predio lo adquirió su padre desde la década de los 60 en un proceso de pertenencia y que ganó a través de una sociedad llamada Inversiones Playa Lipe Limitada.

Eso quiere decir que la propiedad solo ha tenido dos dueños, desde que nació a la vida jurídica: Inversiones Playa Lipe y Sociedad Tayrona-Gaira. La primera era del padre de Dávila y la segunda es la suya. Así aparece en el certificado de tradición del predio.

José Rafael Abello Silva, alias Mono Abello
Certificado de tradición del predio que reclama alias Mono Abello.

Posteriormente, a ese terreno le apareció un nuevo dueño que luego las autoridades descubrieron que se trataría de presuntos testaferros del Mono Abello.

Dávila Villarreal asegura que los otros poseedores y que al parecer serían testaferros de Abello, habrían adulterado supuestos títulos para simular la pertenencia y así reclamar el derecho al título.

Falsos o no, lo cierto es que el Mono Abello intenta desde 1987, y al parecer a la fuerza, que los Dávila le entreguen 55 hectáreas del terreno.

En la actualidad, según el economista Dávila, un metro cuadrado de tierra en esa zona cuesta alrededor de cinco millones de pesos y en el peor de los casos pagarían a dos millones de pesos.

Así las cosas, eso quiere decir que, en el escenario comercial más desfavorable, las 55 hectáreas que el Mono Abello pretendería arrebatarle a los Dávila, podrían costar más de un billón de pesos.

José Rafael Abello Silva, alias Mono Abello
Vista satelital del sector Inca-Inca que reclama a la fuerza alias Mono Abello.

Peleando contra un exjefe de la mafia

La mayor preocupación del economista Dávila no es demostrar legalmente la titularidad del predio y que el mismo nada tiene que ver con la extinta organización mafiosa del Mono Abello.

Sus temores radican en que su enemigo es nada más y nada menos que un confeso narcotraficante que hizo parte de una de las estructuras mafiosas más temidas y sangrientas del país: el cartel de Medellín.

Por ahora, es válido decir que en la tradición de ese predio no aparece ninguna alerta, medida cautelar de embargo o extinción de dominio que recaiga sobre las 250 hectáreas de la sociedad Tayrona-Gaira, como tampoco en las 55 hectáreas que restaría reclamando violentamente el Mono Abello.

Lo que sí es un hecho, es que en el pasado las autoridades colombianas le confiscaron a ese narcotraficante un centenar de bienes y propiedades avaluadas en más de 10 millones de dólares. El testaferrato era su modus operandi.

Precisamente, esa fortuna y la presunta recuperación de las mismas a sangre y fuego, ha sido uno de los temores de las autoridades desde que el Mono Abello retornó a Colombia en 2008, luego de pagar 18 años de los 30 que recibió tras ser condenado por narcotráfico en Estados Unidos (EE.UU).

Justamente ese mismo año que regresó a su natal Santa Marta, Abello fue víctima de un atentado sicarial del que salió ileso.

Ese ataque criminal sucedió mientras descansaba en una de sus propiedades en el sector de playa Inca-Inca, en El Rodadero. En su momento las autoridades especularon que podría tratarse de una retaliación por la manera como el excapo intentó recuperar su fortuna a sangre y fuego.

Le sugerimos: Este es Alecito, supuesto narco que fue candidato a una alcaldía en el Valle

¿Capo en decadencia?

En los expedientes del Departamento de Justicia de Estados Unidos aparece la reseña detallada del auge y declive del confeso narcotraficante José Rafael Abello Silva, alias Mono Abello.

Su captura ocurrió en octubre de 1989 en Bogotá, cuando apenas tenía 35 años de edad. Un año después fue extraditado a Estados Unidos y condenado a una pena de 30 años de prisión por narcotráfico, cargos formulados por el Distrito Norte de Oklahoma.

La extradición de Abello Silva pasó a la historia porque para la fecha se convirtió en el único colombiano juzgado en EE.UU, desde que el presidente George Bush (padre) y el presidente Virgilio Barco (Colombia) declararon la guerra a los narcotraficantes en agosto de 1989.

Las autoridades gringas tenían reseñado al Mono Abello como el cuarto hombre más importante dentro del Cartel de Medellín.

“Cuando llegó al juicio, la Fiscalía acusó a Abello Silva de haberse sometido a una cirugía plástica para alterar su apariencia, había organizado varios asesinatos en Colombia y había intentado sobornar a la policía colombiana que lo arrestó”, detalla el expediente que reposa en el Departamento de Justicia de EE.UU.

A las autoridades federales de ese país les llamó la atención que el Mono Abello durante el juicio siempre afirmó ser inocente de los cargos, “que es un acaudalado ganadero, importador de automóviles y torero a tiempo parcial”.

Y fue más allá al asegurar que en su caso es “víctima de los intereses complementarios de un colombiano encarcelado que intenta escapar del castigo y un fiscal federal que intenta mostrar avances en la lucha de Estados Unidos contra los narcotraficantes”. Desde luego la justicia gringa jamás le creyó.

Puede leer: La turbulenta historia de Luis Horacio Escobar, fundador de una Convivir, cuyo asesinato lamentó Uribe

4 Comentarios

Deja un comentario

Diario Criterio