La insoportable injusticia del acceso desigual a las vacunas covid-19

A dos años del estallido de la pandemia de covid-19, la brecha de la tasa de vacunación entre países ricos y pobres sigue siendo terriblemente desigual.

En Colombia como en Francia habrá elecciones presidenciales en algo así como dos meses. Hace dos semanas me llamaron del periódico Liberación de París, el segundo periódico de Francia fundado por Jean Paul Sartre, en 1973, para preguntarme si quería participar en un evento en el teatro de los Campos Eliseos en el que cinco expertos les harían preguntas a los candidatos (Macron, Pecrese, Le Pen, Zemour, Hidalgo  y cuatro más).

Estos expertos interpelarán a los candidatos durante diez minutos en temas como: el desempleo, el cambio climático, la reforma de las pensiones, la guerra de Rusia contra Ucrania por supuesto…  A mí me propusieron el quinto tema, sobre la salud y el post-covid-19.

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A excepción de la guerra de Putin, los otro cuatro temas y sus preguntas son válidas para los que competirán por la Presidencia de Colombia en mayo próximo.

A dos años del estallido de la pandemia de covid-19, la brecha de la tasa de vacunación entre países ricos y pobres sigue siendo terriblemente desigual. En África, por ejemplo, sólo el 12,4 por ciento de las personas han recibido dos dosis, mientras que en la Unión Europea la media es del 72,4 por ciento.  En una carta abierta dirigida a los líderes del G-20 en octubre de 2021, el director de la Organización Mundial de la Salud (OMS) expresó su indignación por el hecho de que en los países de altos ingresos se hayan administrado 133 dosis por cada 100 personas, frente a 4 dosis por cada 100 personas en los países de bajos ingresos.

Esta desigualdad no sólo es indignante sino absurda, ya que “nadie estará seguro hasta que todo el mundo esté seguro, como ha declarado repetidamente la Director General de la OMS.

Esta situación poco equitativa se deriva, en particular, del acceso desigual de los países a las vacunas. Sin embargo, ya el 18 de mayo de 2020, en la Asamblea Mundial de la Salud, virtual a causa del covid-19, el presidente Emanuel Macron había declarado, junto a una docena de otros jefes de Estado, incluido el presidente Duque, que “si se desarrollaba una vacuna contra el covid 19, debería ser un bien público mundial al que todos deberían tener acceso”.

Se han desarrollado vacunas, pero se han reservado principalmente para el mercado de los países industrializados. La capacidad de producción, que no era suficiente (y no lo sigue siendo hoy) para abastecer a toda la población mundial, podría haberse incrementado, pero las patentes, que habrían permitido aumentar rápidamente la producción en los países del Sur a precios asequibles, no fueron liberadas.

Los países han hecho exactamente lo contrario de lo prometido en la Asamblea Mundial de la Salud de 2020. Las vacunas no han sido un bien público, se han mantenido las patentes para producirlas en monopolio. Y aunque se ha creado un mecanismo que hubiera debido permitir a los países recibir vacunas (el mecanismo Covax), no ha funcionado para la mayoría de los países. Nunca antes en la historia de la salud pública se había producido un fracaso tan vergonzoso de la solidaridad internacional y de la cooperación entre los pueblos.

La dificultad de acceso a las vacunas y la crisis de covid-19 reflejan, no sólo el escaso valor que se da a la salud sino también las persistentes desigualdades entre países, y al interior de los países, como es el caso de Colombia.

Los países ricos han estado acaparando vacunas a gran escala, hasta el punto de que actualmente, según el BMJ, de los 10.000 millones de vacunas que se han fabricado en todo el mundo desde el comienzo de la crisis de la covid-19, es probable que 3.700 millones de vacunas caduquen pronto en los países más ricos, y terminen simplemente en la basura. Estas dosis compradas en exceso podrían haberse donado a los países en desarrollo, pero los contratos de compra secretos con la industria farmacéutica lo han prohibido.

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Para poder analizar los programas y propuestas, en materia de  acceso a la salud y preparación a posibles pandemias similares futuras, de los candidatos que se presentan hoy a la presidencia de la República de Colombia, es indispensable encontrar respuesta a cuatro grandes puntos:

1) ¿Qué lugar ocupará el sector de la salud después de la crisis que ha puesto de manifiesto la covid-19?

2) ¿Qué cambios introduciría en el modelo de investigación y desarrollo de tratamientos y vacunas?

3) ¿Qué políticas públicas introduciría para aumentar la producción mundial de vacunas?

4) ¿Qué haría usted para garantizar que los precios de las vacunas y los diagnósticos desarrollados con fondos públicos sean asequibles para todo el mundo?

Dos años después de la crisis económica y sanitaria que acabamos de vivir, está claro que no estábamos preparados para afrontarla. Es esencial aprender de los errores del pasado y anticiparse a crisis sanitarias similares en el futuro. Es hora de replantear el valor y el lugar de la salud a nivel nacional e internacional.

*Germán Velásquez es director del South Centre. Fue director del Secretariado de Innovación y Propiedad Intelectual de la Organización Mundial de la Salud. Fue el primero en denunciar los abusos de las farmacéuticas multinacionales en los países pobres.

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