Así fue la horrible noche de Tuluá

Un muerto, dos heridos, saqueos al comercio y la sede del Palacio de Justicia incinerada durante disturbios en medio del paro es el trágico balance en la cuarta ciudad más importante del Valle del Cauca.

Todo arrancó en medio de una apacible y motivadora jornada de manifestación a la que denominaron un ‘plantón por la vida’ en conmemoración de aquellas personas asesinadas durante el paro nacional que ya completa 29 días. Pero ese llamado de paz se convirtió en la antesala de una noche de terror con muertos, heridos, saqueos e incendios.

Una de las razones por las que los tulueños convocaron a esa marcha conmemorativa tiene que ver con lo sucedido el pasado jueves 20 de mayo, cuando cuatro jóvenes que integraban la primera línea de los bloqueos en la ciudad fueron asesinados a bala por dos hombres y dos mujeres que se movilizaban en una camioneta blanca. Al final, los homicidas fueron atrapados por los propios manifestantes y entregados a la policía para su respectiva judicialización.

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El plantón fue convocado para las 4:00 p.m. en la plaza principal de Tuluá, pero una hora más tarde comenzaron las primeras señales de los disturbios. Según las autoridades, en ese sector observaron a dos hombres empujando carretillas cargadas con escombros y piedras, las mismas que luego se habrían usado para lanzarlas contras los agentes que custodiaban las instalaciones del gobierno local. La tesis de la policía es que ese material sirvió de insumo para lo que vino después: la toma del sector por los vándalos.

En Tuluá casi toda la institucionalidad se agrupa en la misma zona, separados tan solo por una manzana. Eso explica por qué en una asonada los vándalos tuvieron la efectividad de atacar simultáneamente la Alcaldía, la Fiscalía, la Dian y el Palacio de Justicia.

La edificación que incineraron los vándalos, y cuyas imágenes se hicieron virales, fue el Palacio de Justicia que funciona en un inmueble histórico y emblemático donde se encuentran todos los despachos judiciales. Al mismo tiempo, otras entidades públicas y privadas vecinas del sector estuvieron en la mira de los delincuentes y fueron saqueadas.

La policía reportó que fueron vandalizados 18 establecimientos comerciales y entre ellos varios concesionarios de automotores de los que hurtaron 60 motocicletas y se recuperaron 17. Aseguran que durante esos disturbios la línea 123 de la institución atendió cien llamadas de auxilio.

En medio de ese estallido delincuencial apareció el Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad), pero ya era tarde, porque, como lo reveló el propio alcalde de Tuluá, Jhon Jairo Gómez Aguirre, “la reacción violenta de los jóvenes que estaban en los puntos de obstrucción de la vía, articulados con otros puntos de la ciudad, ha superado la capacidad de reacción de la fuerza pública”.

El incendio en el Palacio de Justicia fue el detonante pero no lo más grave de esa noche de terror, que contó con imágenes insólitas en las que los propios vándalos impidieron que los carros cisternas de bomberos acudieran al llamado de emergencia. Eso explica por qué la sede judicial ardió por varios minutos sin señales de atención por parte de los voluntarios bomberiles, cuya ubicación es a tan solo una cuadra del sitio de la conflagración.

La otra cara de esa noche de desmanes y saqueos corrió por cuenta de la sangre que se derramó durante los disturbios. En esa misma jornada se reportó el asesinato de un joven y otras dos personas heridas pero que están fuera de peligro. Todos fueron atacados con armas de fuego.

Aunque en redes sociales circulan versiones que señalan como presuntos agresores a agentes del Estado, hasta el momento no existen pruebas que les den credibilidad. Las próximas horas serán claves para la investigación y determinar si las balas se dispararon desde armas que usan miembros de la fuerza pública o si las versiones que den los propios heridos apuntan en ese mismo sentido.

La atención por ahora se concentra en la víctima fatal, ya que se trata de un joven de 18 años de edad, Camilo Andrés Arango García, estudiante de derecho en la Universidad Central del Valle. Según reportó el propio coronel Jorge Urquijo, comandante de la policía en el departamento, su muerte se produjo a unas cuadras del sitio de las protestas y pese a que alcanzó a ser llevado con vida a una clínica, falleció a eso de las 10:00 p.m. En el boletín oficial que diariamente publica la policía, el caso del joven Arango García se reporta como un hecho de los actos vandálicos.

Al respecto, el propio general Carlos Ernesto Rodríguez, director de Seguridad Ciudadana de la Policía, lamentó la muerte del joven estudiante y ofreció una recompensa para esclarecer ese homicidio y los responsables de los actos vandálicos.

“Ya nuestro Cuerpo de Investigación Criminal de la Fiscalía se encuentra en estos actos urgentes; sin embargo, es importante referenciar que por parte de la institución se ofrece hasta 100 millones de pesos para aquella persona que permita individualizar, lograr la judicialización y la captura de los responsables, primero que todo, en la muerte de este ciudadano, pero también de los daños generados en este importante municipio del Valle del Cauca”, dijo el oficial.

El general Rodríguez también se refirió a las versiones que circulan en el sentido de que el incendio en el Palacio de Justicia tenía como único propósito beneficiar a delincuentes investigados o procesados por la justicia, ya que allí reposan “muchísimos procesos en contra de criminales de todo el país”.

Así terminó la horrible noche en la cuarta ciudad intermedia más importante del Valle del Cauca. Pero lo que pocos sabían es que ese mismo día, y desde las 4:00 a.m., manifestantes y Esmad ya habían medido sus fuerzas durante un operativo que levantó uno de los puntos de bloqueo instalados en Tuluá.

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