Alcaldía de Barranquilla se rehúsa a detener el fútbol pese a las protestas

Por segundo día consecutivo, las protestas cerca del estadio Romelio Martínez fueron duramente reprimidas por el Esmad mientras que en el escenario se jugaba un partido de Copa Libertadores.

El gas lacrimógeno fue el insólito protagonista del encuentro por Copa Libertadores que se jugó este jueves entre América de Cali y el club brasileño Atlético Mineiro, que se vio varias veces suspendido. En las afueras, en los alrededores del céntrico estadio Romelio Martínez, manifestantes del Paro Nacional eran reprimidos duramente por el Esmad. Se repitió la historia de la noche anterior, cuando los estallidos se escuchaban durante de la transmisión del encuentro entre Junior y River Plate.

La Copa Libertadores se juega en Barranquilla

La consigna de la Alcaldía de Barranquilla estaba clara: contra viento y marea debían realizarse los encuentros; primero el miércoles entre Junior y River Plate, y este jueves el juego en que América ofició como local, dado que el Pascual Guerrero de Cali se encuentra en reparaciones.

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Manifestantes que gritaban arengas en contra del Gobierno nacional y que rechazaban que hubiese fútbol mientras permaneciera la actual protesta social –que lleva más de dos semanas y que obligó al gobierno de Iván Duque a negociar– fueron reprimidos duramente por hombres y tanquetas del Esmad con bombas aturdidas, cañones de agua y gases lacrimógenos. Medios locales han reportado al menos cinco lesionados.

Estos últimos lograron colarse en el campo de juego e hicieron que el partido televisado entre América y Mineiro se suspendiera en varias ocasiones. El juez central y Conmebol, con facultad para terminar anticipadamente un encuentro por falta de garantías, han preferido continuar.

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Los manifestantes se habían citado sobre las 4:30 p.m. en el cercano parque Suri Salcedo, en el eje de la popular calle 72, atendiendo una convocatoria realizada vía WhatsApp y redes sociales, para protestar en el marco del paro nacional y en contra de que se llevaran a cabo estos encuentros internacionales.

“No podemos permitir que un grupo pequeño de personas le imponga condiciones a la ciudad y le diga a la ciudad que no es libre que haga algo, bajo la amenaza, la extorsión y el uso de la fuerza”, declaró el alcalde de Barranquilla, Jaime Pumarejo, sobre la noche anterior, cuando los gases llegaron al estadio mientras Junior enfrentaba a River.

“Más que una terquedad, yo creo que es una obligación del Estado no permitir que nos roben la tranquilidad y la libertad de los barranquilleros”, añadió en un encuentro con periodistas.

Barranquilla y la Copa América

Barranquilla es reconocida en Colombia por el fervor con el que vive el fútbol. La ciudad es la casa de la Selección Colombia en sus juegos por las eliminatorias mundialistas y acogerá dos partidos de la ‘Tricolor’ en la Copa América así como la final del torneo. Además, acompaña a rabiar al club local, Junior, propiedad de la familia Char, clan político y empresarial que ha gobernado la ciudad los últimos cuatro periodos.

Alejandro Char, el popular exalcalde de la ciudad en dos periodos y eventual candidato presidencial, ha evitado manifestarse públicamente sobre las manifestaciones.

Las protestas de estos dos días contra el fútbol son dicientes acerca del creciente descontento social. La pandemia borró de un plumazo los avances de las últimas dos décadas en la lucha contra la pobreza en Barranquilla y, según la última medición del Dane, esta urbe fue la de mayor incidencia en el crecimiento de la pobreza monetaria, con un crecimiento de 15,6 por ciento.

La insistencia en jugar partidos de Libertadores en la capital del Atlántico está relacionada con el afán de demostrar que la Colombia sí puede organizar sin problemas la Copa América. Sin embargo, periodistas como Juan Pablo Varsky critican que se sigan autorizando encuentros futbolísticos allí pese a la situación que se vive: “Si la intención de Conmebol y del gobierno de Colombia era mandar un mensaje compartido de que se puede jugar la Copa America allí, les salió exactamente al revés”, dice Varsky.

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