Daniela Soto Pito, la filósofa de los nasa que se debate entre la vida y la muerte

Por: Luis Ángel Murcia - Diario Criterio Cali 

“Qué se sentirá que le peguen un tiro a uno”, esa pregunta se la hizo hace dos semanas Daniela Soto Pito a su compañera de apartamento universitario, ubicado en el barrio El Arenal de Popayán. Allí, en medio de la oscuridad y la intimidad de la habitación estudiantil, Daniela lanzó la curiosa reflexión a María Fernanda Hernández, su cómplice incondicional de aventuras y luchas, su amiga.

Ese mismo día, el 20 de abril pasado, ambas estaban atormentadas por la noticia del asesinato de Liliana Peña, gobernadora del resguardo indígena La Laguna, de Caldono, al norte del Cauca. El hecho sicarial sucedió en el mismo territorio donde nació Daniela y a donde quiere regresar cuando termine sus estudios de filosofía en la Universidad del Cauca.

Por ahora, esos propósitos tendrán que esperar, porque la joven líder indígena de la comunidad nasa, se debate entre la vida y la muerte en la unidad de cuidados intensivos de la Fundación Valle de Lili, en la capital del Valle. Allí llegó con dos impactos de bala en su abdomen, en la tarde del fatídico domingo 9 de mayo de 2021.

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Esa fecha quedó registrada en la retina de los caleños, los colombianos y el mundo, como el día en que civiles luciendo camisetas blancas, en lujosas camionetas y armados, dispararon contra la caravana de indígenas que ingresaba a Cali a apoyar las protestas. La reacción de los nativos desencadenó un enfrentamiento dominado por el caos y la anarquía. El resultado fue una decena de heridos, la mayoría indígenas y entre ellos Daniela.

Cuentan sus amigos que ella iba en la chiva que bloquearon en Pance, sobre la avenida Cañasgordas. Ella estaba en el grupo de mingueros que venía de Jamundí, hacia Cali, para apoyar a los manifestantes. En el camino se toparon con la denominada Marcha Blanca, llamada así por los vecinos de los sectores pudientes de la ciudad que, con camisetas blancas y acompañados por la policía, salieron a levantar los bloqueos.

Un grupo de marchantes caleños impidieron que los indígenas ingresaran a la ciudad. La situación se puso tensa, hubo gritos y empujones. En medio de ese rifirrafe se escucharon varios disparos y todos los ocupantes del bus se bajaron. Daniela corrió junto a otros, protegida por un guardia indígena, pero de repente, estaba tendida en el suelo, adolorida y sangrando. Dos balas la impactaron.

El último parte médico fue una luz de esperanza para su familia, sus amigos y toda la comunidad indígena del Cauca. Si bien la joven Soto Pito superó con éxito una segunda cirugía, su estado de salud aún es delicado y por ello, hasta la publicación de este artículo, permanecía en la UCI.

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Si el asesinato contra el manifestante Lucas Villa, en el viaducto de Pereira, se convirtió en el símbolo del paro que arrancó el pasado 28 de abril en toda Colombia, el atentado contra Daniela ya produjo un terremoto internacional que motivó el pronunciamiento de varios organismos multilaterales y defensores de derechos humanos, tal como lo hizo recientemente la Organización de Naciones Unidas, ONU.

“Rechazamos agresión contra Daniela Soto, lideresa indígena, con quien junto a @ONUMujeresCol trabajamos en la Agenda Joven #Cauca-#GeneraciónIgualdad. Deseamos su pronta recuperación y reiteramos el llamado al diálogo para el cese definitivo de violencias”.

Del resguardo a la Universidad

La vida de Daniela Soto Pito recoge múltiples facetas de una activista comprometida con su pueblo y con los derechos de las mujeres: líder indígena, estudiante de la Universidad del Cauca, integrante de la Red de Jóvenes Constructores de Paz de la Fundación Mi Sangre, lideresa de la Agenda Joven del Cauca, coordinadora del programa Jóvenes Cric e integrante de la iniciativa Pro Defensores y Mujeres ONU.

Ella nació y creció en el resguardo indígena Las Mercedes, Caldono, uno de los municipios del Cauca que hacen parte del denominado ´Triángulo de Oro´ para los grupos armados ilegales, porque por allí se mueve todo lo que huela a ilegalidad.

El resguardo es un caserío de 500 familias de la comunidad nasa. Su mamá, doña Rosa Ilia Pito, es una maestra indígena que educa a 25 niños de básica primaria en la escuela del cabildo. Y su papá, don Emilio Soto, es un mestizo que vive en Cali y se gana la vida como comerciante. Daniela tiene 23 años y es la mayor de dos hijos. Su hermanito tiene 15 años.

Quienes conocen a Daniela no dudan en dibujarla como una joven alegre, que le encanta viajar, conocer gente, hacer amigos, “recochar” (como dicen en el Valle y Cauca), oír la música andina de sus ancestros y desfogarse con otros ritmos como salsa, merengue, rancheras.

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Todos recuerdan que siempre baila como si fuera su última pieza y no pierde la oportunidad para tertuliar con sus amigos al fragor de una cerveza, mientras invoca versos de sus lecturas favoritas como los poemas de la argentina Alejandra Pizarnik. Como pueden ver, es tan ancestral en sus principios como mestiza en sus gustos.

María Fernanda, amiga y confidente de Daniela, la recuerda como una mujer íntegra, llena de amor y entrega por su comunidad, “ella tiene claro lo que hará con su vida y entre esos planes, está el retornar a su resguardo a transmitir todo el conocimiento que adquirió”, recordó la joven licenciada en Biología.

Esa descripción coincide con la de Yasveidy Pito, prima materna de Daniela. Si bien ella ha viajado por países como Guatemala, México, Ecuador, “en su mente siempre está el retornar al territorio con su comunidad, con los suyos para defenderlos de las injusticias y ayudarlos a liderar procesos internos”, explicó la joven que también vive en el resguardo Las Mercedes, de Caldono.

La prima insiste en afianzar que el tema de liderazgo es una virtud que Daniela lleva en sus venas, algo que siempre reflejó, incluso en las simples reuniones familiares. “Esa actitud le ha merecido premios y reconocimientos internacionales que aún hoy está pendiente de recibir y desarrollar, pero que estaban suspendidos por la pandemia”, dijo la joven Pito.

De esa virtud no solo hay testimonios sino un video en el que la propia Daniela responde a una pregunta genérica. ¿Qué le gustaría cambiar en el mundo? “La violencia. Me gustaría poder construir territorios en armonía y lograr condiciones de vida digna en esos territorios, para todos y todas”, responde.

Irónicamente, esa violencia que ella quiere cambiar, es justamente la razón por la que hoy, una de las lideresas más emblemáticas de la comunidad indígena nasa, se debate entre la vida y la muerte.

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