“Nunca hubo voluntad de las Farc para meterse a la constituyente de 1991”: Carrillo

Este 4 julio se cumplen 30 años de la Constitución de 1991. Diario Criterio habló con el exconstituyente y exprocurador Fernando Carrillo, quien lanzó el libro 4 de julio de 1991, en el que relata su experiencia como líder del movimiento estudiantil de la Séptima Papeleta que hizo posible la carta magna.

Diario Criterio: En su nuevo libro usted destaca el papel del movimiento estudiantil en el proceso constituyente ¿Cuál es el legado de ese grupo de jóvenes, entre los que usted se encontraba, a 30 años de la promulgación de la carta magna de 1991?

Fernando Carrillo: El mayor aporte que hizo nuestra generación a la consolidación de la democracia en Colombia fue la Constitución Política de 1991, porque abrió el sistema político que estaba muy cerrado. Los jóvenes de hace 30 años interpretamos un momento de necesidad democrática, que yo llamaría constituyente, para darle salida a un país que tenía muchas frustraciones. Y fue la nueva generación la que provocó un cambio, con una alternativa sencilla pero profunda.

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Muchos señalaron que era un acto de ingenuidad pensar que con un papelito depositado en las urnas se iba a modificar el sistema político, pero lo logramos. Sacamos una Constitución democrática que, desde el punto de vista del derecho constitucional, es perfecta. Lamentable que en su desarrollo se puso en marcha una contrarreforma que ha impedido que muchos de esos artículos se hayan desarrollado.

Diario Criterio: ¿Cuál fue el mayor reto que tuvieron para poner en marcha el proceso constituyente?

F.C.: Cuando se cayó la reforma constitucional del presidente Barco, que era como el quinto o sexto intento en menos de dos décadas de reformar la carta magna, el país quedó en ceros. Fue en ese momento cuando planteamos la Séptima Papeleta. Sacar adelante ese sueño representó un enfrentamiento con un país legalista que no entendía que la realidad había desbordado todos lo cañones legales caducos que venían del siglo XIX.

Nosotros tuvimos que soportar el embate de la clase política que no quería que hubiera constituyente. Eso está muy bien contado en el libro. Muchos nos criticaron, nos cuestionaron, nos trataron de ingenuos y levantaron dudas y reparos jurídicos. Pero superamos esas dificultades, entre otras cosas, porque la Séptima Papeleta le dio un fundamento legal al deseo de crear una asamblea basada en la soberanía popular. Era la gente la que tenía ese anhelo y sabía que el Congreso de la República no lo podía hacer.

Diario Criterio: La Constitución surge en el momento de mayor violencia y de una crisis institucional sin precedentes ¿Cómo fue posible sacar ese proceso adelante en semejante ambiente?

F.C.: Esa pregunta es muy importante y sobre todo para proyectarla a lo que ahora está pasando. Yo creo que de los momentos más críticos de la historia salen las ideas para conjurar esas crisis. Los chinos dicen que de las crisis salen las grandes oportunidades, y no se podía dejar pasar esa crisis. Nosotros la aprovechamos y la volvimos oportunidad. Es duro reconocerlo, pero ese momento oscuro de asesinatos, de la expansión de las guerrillas, del auge del narcotráfico, de corrupción y de una crisis institucional, hizo posible la constituyente. Pero también hubo algo mágico y milagroso: en un país tan dividido, tan asediado por la violencia, surgió una idea que unió.

Y la Séptima Papeleta representó una válvula de escape a la crisis fatal de Colombia. La gente la vio como el único madero del cual agarrarse en este naufragio. Muestra de ello fue que en solo cinco semanas de campaña de la Séptima Papeleta se logró algo que consideraban ingenuo. Se convirtió en una bola de nieve porque la gente se dio cuenta de que era una salida institucional y democrática a la crisis.

Diario Criterio: pero en la elección de los asambleístas hubo una abstención altísima…

F.C.: Cierto, pero es importante tener en cuenta que en 1990 hubo tres procesos electorales para sacar adelante la Constitución. Cuando la gente llegó a la elección del 9 de diciembre estaba un poco fatigada. La Séptima Papeleta tuvo un gran respaldo popular. De esto uno puede sacar una conclusión: cuando la política se personaliza, pierde un poco el interés ciudadano. La gente creía en la idea, pero cuando le tocó votar por 70 nombres no fue a las urnas con el mismo entusiasmo. Eso ha pasado en muchos procesos constituyentes en el mundo.

Diario Criterio: ¿Cuál fue el gran desafío de los constituyentes?

F.C.: Crear el consenso entre los grupos políticos y organizaciones sociales que hicieron parte de la constituyente. Yo digo que la historia de la constituyente era la historia de diálogos improbables y de acuerdos que parecían imposibles. ¡Y se lograron! El 5 de febrero, cuando se posesionó la Asamblea, nadie daba cinco centavos por que allí se fuera a dar un acuerdo. El consenso más importante que se alcanzó fue entre el Movimiento de Salvación Nacional, de Álvaro Gómez, y la Alianza Democrática M-19, un movimiento que había secuestrado a Gómez diez años antes. Que ambos se sentaran en la presidencia de la Asamblea fue increíble. La mayoría de los acuerdos de fondo, los más progresistas, emanan de ambas agrupaciones.

Diario Criterio: Uno podría decir que el lunar del proceso constituyente fue el bombardeo a Casa Verde el mismo día de la elección de los asambleístas. Analistas y miembros de las Farc dicen que ese hecho alejó la inclusión y la democratización que buscaba la carta magna ¿Qué opina de ese análisis?

F.C.: Hay que aclarar dos cosas. Primero, nunca hubo ninguna voluntad por parte de las Farc de involucrarse en el proceso constituyente. La idea venía desde el 11 de marzo y en ningún momento ellos apoyaron la Séptima Papeleta ni la convocatoria. Eso, por supuesto, no justifica el ataque del 9 de diciembre, que el propio expresidente César Gaviria ha dicho que no tenía conocimiento. Una cosa inverosímil, pero él lo ha sostenido en varios documentos.

Lo de Casa Verde no fue una buena señal. Pero que después las Farc digan que quería entrar al proceso constituyente, no es cierto. Nosotros los buscamos para que se integraran. Yo recuerdo muchas intervenciones, como la de Carlos Andrés Pérez, el expresidente venezolano, insistiendo en ello. Y hubo contactos por parte de algunos constituyentes con las Farc con posterioridad al 9 de diciembre. Yo pienso que aquí hubo un problema de vanidades. Las Farc vieron en la constituyente un proceso que cristalizaba los acuerdos con el M-19 y que no iba a ser la constituyente de ellos. En los años posteriores siguieron insistiendo en una constitución y lo lograron en el marco de los acuerdos de paz.

Diario Criterio: ¿Qué hubiera pasado si las Farc hubieran participado en la constituyente?

F.C.: Nos hubiéramos ahorrado muchos muertos y la violencia. Uno de los fundamentos del proceso constituyente era la paz y las puertas siempre se mantuvieron abiertas para las Farc.

Diario Criterio: Si la Constitución representó una apertura democrática, ¿por qué después de 1991 empezamos un nuevo ciclo de violencia?

F.C.: Porque las Farc no entraron al proceso constituyente. Si lo hubiesen hecho, otra sería la historia del país. Otra razón es porque ha habido fuerzas que desde 1991 intentaron una contrarreforma de la Constitución y no propiamente a través de reformas constitucionales. Eso lo quiero destacar. Hoy todo el mundo dice: “Es que la han reformado 55 veces”. La verdad eso es lo de menos porque el núcleo de la Constitución sigue intacto. Es claro que se vino una contrarreforma que le puso un freno de mano al espíritu de la carta por cuenta de la cultura política del país. Los comportamientos políticos de los partidos no cambiaron y eso fue grave.

Creo que un error histórico que se cometió, que yo lo cuento en el libro, es que se haya inhabilitado a los asambleístas para ser candidatos del primer Congreso posconstituyente. Que nosotros no pudiéramos en los comicios legislativos participar y defender la nueva carta significó, como lúcidamente dijo Álvaro Gómez, dejar una naciente criatura en manos de Herodes, en manos de una clase política que en un principio se opuso a la constituyente. Eso explica mucho por qué el país continuó con los comportamientos políticos del pasado. No tuvo nada que ver con el diseño constitucional. Teníamos una arquitectura institucional muy sólida y muy democrática, pero la práctica política volvió a ser la misma.

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Diario Criterio: ¿Con su reelección Álvaro Uribe ha sido uno de los mayores enemigos de la Constitución?

F.C.: Eso es muy difícil de responder porque yo creo que no ha sido una sola persona, sino un sector que ha puesto en entredicho varios principios de la Constitución. Esos enemigos se agrupan en lo que Álvaro Gómez llamaba el “régimen”, que es una institucionalidad, una forma de hacer política contraria a los propósitos consagrados en la Constitución. Es indiscutible que la reelección fue un golpe muy duro, pero el mayor enemigo de la carta magna son esas estructuras políticas que no cambaron.

Diario Criterio: Los opositores al proceso de paz dicen que los acuerdos con las Farc también violaron la Constitución. ¿Qué piensa de esa afirmación?

F.C.: La Constitución dejó abiertas las puestas para la paz, lamentablemente tuvieron que pasar 25 años para la firma de los acuerdos. Así que determinar que los acuerdos de paz entran en contradicción con los principios de la Constitución es complicado. No olvide que la Corte Constitucional le dio luz verde a lo firmado con las Farc. Por eso hay que cumplir lo pactado en Cuba porque hacen parte de la Constitución.

Diario Criterio: ¿Qué les dice a los jóvenes que ahora son protagonistas de la oleada de inconformidad social?

F.C.: Yo les digo, -y el capítulo quinto de mi libro está dirigido a ellos- que, como parte de un ciclo histórico, nosotros hace 30 años hicimos una nueva constitución. Durante este periodo, tal vez el déficit social ha aumentado pero esta en manos de ellos cambiar de nuevo el rumbo. Y una opción sería ir en contra de esa clase política que ha manejado el país, como nosotros lo hicimos, y sacar adelante el número de reformas sociales que sean necesarias para desactivar la crisis social más salvaje de la historia reciente.

Diario Criterio ¿Eso significa hacer una nueva Constitución?

F.C.: No, hay que hacer las reformas en el marco de la Constitución. En este momento un grupo conformado por universidades, centro de pensamientos, organizaciones sociales y de jóvenes estamos proponiendo llevar a cabo una consulta popular para que se tramiten, por lo menos, 10 reformas sociales que necesita Colombia. Renta básica, empleos para los jóvenes, reformas a la educación y a la salud, la reforma rural, reforma regional, la reforma política, la reforma a la justicia harían parte de ese paquete. Son propuestas que tienen un sustento académico y en las que hay un consenso. Ahora toca ponerlas en marcha antes de que comiencen las elecciones presidenciales para que esto sea un mandato ciudadano obligatorio para el Congreso y el nuevo Gobierno.

Diario Criterio: ¿Cuándo se llevaría a cabo la consulta popular?

F.C.: Debemos aprovechar las elecciones del 28 de noviembre de Consejos Municipales y Locales de Juventud para hacer una consulta popular. Por supuesto, hay que cumplir los requisitos de ley como recolectar dos millones de firmas, pero creo que esa es una excelente oportunidad para poner en marcha las reformas.

Diario Criterio: A propósito de la situación actual, del paro y de las marchas, la Constitución consagró el derecho a la protesta, pero lo que se ve es que los gobiernos todavía le tienen miedo. 30 años después de la promulgación de la carta siguen tratando a la movilización social como un asunto de orden público. ¿Por qué ese miedo?

F.C.: Es la mayor muestra de inmadurez democrática de nuestra clase política y de debilidad de las instituciones. Ante esa falla la respuesta debe ser más democracia y eso incluye a la protesta social, que se ha incrementado en los últimos años. Cuando se firmaron los acuerdos de paz con las Farc todos sabíamos que el conflicto armado se iba a convertir en un conflicto social. Nosotros, desde la Procuraduría, creamos una Procuraduría Delegada para el Diálogo Social e hicimos seis cumbres. Le insistimos al actual gobierno en que creara un espacio institucional para el dialogo social para tramitar la inconformidad social. No se hizo.

Diario Criterio: Y en vez de ver a la protesta social como un elemento democrático se trata como un problema público…

F.C.: Darle un tratamiento de orden público a problemas sociales es un error garrafal. Pensar que uno soluciona la inconformidad social con leyes de orden público es absurdo. Evidentemente, las dificultades de orden público hay que solucionarlas, pero eso es completamente distinto a la insatisfacción social que viene desde noviembre de 2019 con las protestas. Hay que desactivar la crisis y eso no se hace con medidas de orden público sino con reformas sociales.

Diario Criterio: Muchas cosas de las que ha hablado parecen un programa de gobierno. ¿Está pensando en lanzarse a la presidencia?

F.C.: Me parece insensato pensar en precandidaturas o en intereses particulares cuando tenemos por delante hacer un gran pacto de unidad en torno a reformas sociales. Eso es lo único que me interesa. Hay que hacer política ciudadana y lo más sensato es pensar en ideas que unan. Decir que uno tiene que ser candidato presidencial para arreglar la realidad de este país es una desfachatez. Sobre todo, en este momento de liderazgos colectivos. Yo creo que es la hora de los ciudadanos. Hay que acudir al constituyente primario para salir adelante.

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