¿Está la Iglesia colombiana participando en política?

A raíz de la presentación del proyecto de Reforma Tributaria del Gobierno Nacional al Congreso, varios sacerdotes han usado el púlpito para comunicar a los feligreses sus impresiones políticas y económicas. ¿Qué tan frecuente es esto? ¿Está la jerarquía eclesial de acuerdo con que los curas participen en discusiones políticas y/o económicas? ¿Qué tantos antecedentes similares recuerda la historia del país sobre el particular?

Durante su última eucaristía el Padre Roberto Arenas, párroco de Pinchote (Santander), se expresó ampliamente sobre la reforma tributaria que definió como “un atropello que estamos a punto de vivir los colombianos a los que ahora nos van a cobrar IVA por todo,  nos van a hacer fiesta con lo poco o mucho que tenemos”. Acto seguido, el prelado se aventuró a proponer una solución a don Alberto –seguramente refiriéndose a Alberto Carrasquilla, ministro de Hacienda– diciendo que “con el solo hecho de parar la corrupción alcanza la plata y sobra”.  

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Inmediatamente, el padre escaló la predica e incluyó a todo el Gobierno Nacional y el Congreso: “lastimosamente nuestros gobernantes son unos derrochadores de primera línea”, argumentando con cifras precisas: el exceso de celulares que usa el Gobierno: “un millón”, agregando, además, el costo semanal de gasolina: “cinco mil millones, los lavados de autos, el mantenimiento” y el exceso de funcionarios en el Senado a los que llamó “corbatas”. 

Finalmente, lanzó una advertencia: “yo lo único que le pido a Dios, Albertico, es que cuando este pueblo se sacuda, que nos coja a todos confesados, y Dios me perdone si soy ave de mal agüero, pero cuando la gente se cansa; la ‘totiada’ es fea (…) sino pregúntele a los comuneros. Porque es que ya no se puede más, ya es un abuso… con solo parar la corrupción alcanzaría plata para votar pa’ lo alto, pero en medio de esta escasez nos gastamos 16 billones en comprar aviones nuevos de combate haciéndonos falacias que vamos a pelear con Venezuela. Venezuela no tiene alientos para pelear con nadie. Hoy el mundo no será tan estúpido de ponernos a pelear pueblo contra pueblo porque no, ahí si como la pirinola: todos pierden”.

El sermón del padre Roberto Arenas fue grabado por algún asistente, se esparció como pólvora en las redes sociales y se convirtió en tendencia abriendo importantes discusiones: muchos de los comentarios apoyaban al cura, no solo por la lógica de su discurso, sino también por sus datos bien documentados, otros, en cambio, cuestionaron si las autoridades eclesiales permiten la participaciones de sus sacerdotes en política.

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Diario Criterio se dio a la tarea de indagar dentro del clero cuál es la opinión al respecto y encontró que ni siquiera en el seno de la iglesia la respuesta es tan clara. De acuerdo con el decreto sobre el Ministerio y la Vida de los Sacerdotes (Presbyterorum Ordinis) -uno de los documentos producidos por el Concilio Vaticano II- el sacerdote o clérigo que pretenda participar activamente de la vida política en cierto sentido traiciona su vocación, puesto que “ellos no son del mundo, según la palabra del Señor, nuestro Maestro”. 

Visión que contrasta con la de Henrry Andrés Soler (misionero claretiano, miembro del equipo claretiano de incidencia ante Naciones Unidas en Nueva York) quien está de acuerdo con el padre y también opina al respecto, pero aclara que es a título propio. Dice que el Gobierno de Duque está usando un lenguaje engañoso, para “esconder con palabras bonitas, lo que realmente es una reforma tributaria que hará que los que paguen impuestos sean las personas desfavorecidas, extender el IVA a la canasta básica familiar en tiempos en los que ha aumentado la pobreza en medio del COVID-19”.

Soler comenta, además, que aunque se haya tomado como un chiste la respuesta de Carrasquilla en una entrevista con Semana, en la que el ministro dijo que  “una docena de huevos vale $1.800”, esto es, en realidad, una burla hacia el pueblo colombiano y demuestra una desconexión entre la reforma y lo que está pasando en la vida real. 

Reafirma la posición del padre Soler la segunda parte de El Compromiso Político es un Imperativo Cristiano de Carlos Novoa S.J.:

“La praxis política es parte constitutiva y esencial de la vivencia cristiana tanto personal como eclesial. Esta dinámica se distingue por tener como absoluto la experiencia histórica de Jesús en el ejercicio de la soberanía popular (la cual busca la construcción del bien común), la separación entre la Iglesia y el Estado (…) la realización de la opción preferencial por los pobres y la constitución de una autoridad y de consensos políticos mínimos a nivel local, nacional e internacional”. 

En la historia del país se verifican participaciones frecuentes e importantes de miembros del clero en las actividades nacionales, por ejemplo, durante los últimos años de vida de Jorge Eliecer Gaitán, atizando el fuego y justificando el odio de sus feligreses conservadores en contra del caudillo liberal y, luego del magnicidio, los sermones acalorados en contra del pueblo liberal que clamaba justicia. Más recientemente, también están los casos del padre Camilo Torres desde la capellanía de la Universidad Nacional y las participaciones abiertamente proselitistas de monseñor Pedro Rubiano Sáenz en favor de Álvaro Uribe Vélez.

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Tampoco parece ser un fenómeno exclusivo de Colombia, basta mencionar los sermones de monseñor Arnulfo Romero en El Salvador que, a la postre, lo llevaron a ser asesinado en medio de la celebración litúrgica ese fatídico 24 de marzo de 1980. Las denuncias constantes y puntuales del Arzobispo de Guatemala, Juan Gerardi, coordinador de la Oficina de Derechos Humanos y miembro de Comisión de la Verdad  que esclareció miles –sino cientos de miles- de casos de asesinatos cometidos principalmente por el ejército de su país y cuyo asesinato está documentado magistralmente en el texto El Arte del Asesinato Político: ¿Quién Mató al Obispo?, escrito por Francisco Golman. O las homilías encendidas y cargadas de política y crítica económica de Jorge Bergoglio, hoy Papa Francisco, todos los domingos desde la curia de Buenos Aires o en algún barrio periférico de la ciudad.

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