Muerte del tercer cóndor envenenado evidencia el peligro que enfrenta la especie en Colombia

La situación es preocupante porque en el país se han detectado tan solo 63 cóndores, según el primer censo realizado a estas aves.

El pasado domingo, la Asociación Campesina Coexistiendo con el Cóndor (Acamco) reportó la muerte de dos cóndores —un macho y una hembra— en el municipio de Cerrito (Santander), en la zona del páramo del Almorzadero.

Por si fuera poco, la Corporación Autónoma Regional de Santander (CAS) confirmó que un tercer cóndor fue encontrado herido e intoxicado en el sector de Mortiño, en el mismo municipio de Cerrito. A pesar de los esfuerzos, tampoco pudo sobrevivir.

La muerte de estas tres aves representa la pérdida de cerca de más del 4 por ciento de su población en Colombia. Para tener una idea de la magnitud de este hecho, si el país perdiera repentinamente el 4 por ciento de sus habitantes, la cifra superaría las 1,9 millones de personas.

El cóndor, una especie amenazada en Colombia

“El panorama en general es preocupante, independientemente de los envenenamientos, porque estamos hablando de una población que ronda los 70 individuos. Ya eso ubica en nivel crítico de extinción a esta especie”, explicó a Diario Criterio Fernando Castro, curador de aves de la fundación Parque Jaime Duque, que se ha encargado de velar por la conservación de la especie en el páramo del Almorzadero.

El número de cóndores en el país, sin embargo, podría ser más bajo: el primer censo nacional para estas aves, realizado en febrero de este año, reportó que al menos 63 cóndores fueron avistados.

Fuente: Fundación Neotropical. Infografía: WWF Colombia

“En un censo deberían haber salido muchos más animales y, especialmente, el sitio donde se encontraban estos dos cóndores envenenados fue uno de los puntos donde más se contaron cóndores simultáneamente: alrededor de 20”, precisó Castro.

El Ministerio de Ambiente, por su parte, se pronunció con un llamado a proteger al cóndor: “Se encuentra en peligro crítico de extinción, por eso invitamos a todos los colombianos a convertirse en sus mayores cuidadores“.

“Se necesita un plan nacional para conservar a los cóndores”

Los envenenamientos no son la única amenaza para los cóndores en Colombia. Ganaderos de la zona cercana al páramo también les disparan para evitar que ataquen a sus animales.

“Normalmente, el grupo de cóndores llega y lo que hace es atacar a los cabritos o a las crías más pequeñas y entonces, como retaliación, los productores ganaderos (…) envenenan las carroñas o les disparan”, indicó Castro.

El responsable de la muerte de los cóndores podría pagar una pena de hasta tres años de prisión y una multa de 60 salarios mínimos mensuales vigentes, según la Ley de protección animal.

Sin embargo, más que buscar una sanción penal, Castro considera que se debe trabajar con los productores para que no dejen que su ganado llegue a la zona del páramo y evitar “ese conflicto con el cóndor”: “La solución es tecnificar el sistema de producción: las ovejas y las cabras no deberían estar expuestas en el páramo, sino que deberían estar en un sistema de producción mucho más organizado”.

Además, el curador de aves subraya que las personas sepan la importancia que tiene la presencia del cóndor para el ecosistema: “Es el que mantiene la salud del ecosistema consumiendo la carroña de animales de gran tamaño, de animales que están enfermos”.

Un ejemplo de éxito de la colaboración con las comunidades es el de Acamco, asociación que lleva más de tres años trabajando con la fundación Parque Jaime Duque para conservar el cóndor en el páramo. De hecho, Castro destaca que haya sido justamente esa organización de campesinos la que reportó el envenenamiento.

“En 2018 ellos también reportaron la pareja de cóndores que se pudieron recuperar, que se trasladaron al Jaime Duque, se marcaron con transmisores satelitales y se liberaron. Ellos fueron los que nos dieron buenos datos de movimiento”, relató Castro.

Y gracias a ese trabajo, la fundación ha podido monitorear los desplazamientos de estas aves. “La hembra se desplazó el páramo del Almorzadero hasta la sierra nevada de Santa Marta en, más o menos, un día y medio”, explicó Castro.

“Lo que se necesita es un plan de conservación en todo el país y que se replique lo que se viene haciendo con esas comunidades

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