“Mi pasaporte italiano me salvó de ser asesinada o desaparecida”

Grek Valentina Smimmos Ramírez tiene 28 años, nació en Nápoles (Italia) y hace apenas 24 meses vive en Colombia, concretamente en Pereira, Risaralda.

A la Perla del Otún, como se le conoce a la capital risaraldense, llegó cargada de sueños y con el propósito de recuperar el tiempo perdido junto a su familia materna. Pese a que en Italia vivió sus primeros cinco años con su mamá, luego mantuvo cierta intermitencia hasta que cumplió los 21 y se radicó por completo en el país mediterráneo.

Ahora trabaja en un almacén que comercializa plásticos y está ubicado en el centro de la ciudad; esa obligación la alterna con sus estudios en deportes que recibe en la Universidad Tecnológica de Pereira, UTP.

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Llama la atención que en esa misma universidad y en esa misma facultad Valentina compartía clases con Lucas Villa, el manifestante asesinado por sicarios que les dispararon en ocho oportunidades cuando se encontraba en el famoso punto de resistencia localizado en el viaducto César Gaviria Trujillo de Pereira, el fatídico 5 de mayo.

Mientras los asesinos acababan con la vida del joven Villa, Valentina era interceptada por un grupo de policías motorizados en medio de las protestas que se gestaban en otros sectores de la ciudad. Aunque ella ya se dirigía para su casa en el barrio San Nicolás, nunca llegó.

En el camino se topó con otro disturbio que protagonizaban jóvenes manifestantes y el Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad) de la Policía. Eran las 7:20 de la noche y en medio de las piedras y los gases, Valentina quedó sola en una de las calles del sector y allí se topó con lo que los jóvenes denominan un ´matrimonio´ (parejas de patrulleros y agentes del Esmad).

En total eran cuatro motorizados en ‘matrimonio’, y aunque uno de los policías les dijo a los otros que la dejaran tranquila porque lo que buscaban eran hombres, el del Esmad le replicó: “Si fuera una mujer, no estaría en una protesta y a esa hora en la calle”.

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Lo que siguió a continuación fue lo mismo que el país y el mundo entero han visto través de los videos que circularon en redes sociales: las agresiones de los uniformados contra manifestantes y vándalos detenidos. “Me pegaban, me gritaban, me escupían, me decían bandida, vándala”, recordó la joven Smimmos Ramírez.

Ella relata que luego de tenerla en ese lugar durante 20 minutos, la montaron en un carro negro y la llevaron a una bodega cercana a la estación del Cuerpo de Bomberos Voluntarios, donde la retuvieron por cerca de cinco horas. Cuenta que allí los policías continuaron las agresiones: “Me tiraron al suelo y mientras uno de ellos pisaba mis manos, los otros me daban patadas”.

Pero su caso fue único por dos razones. Primero, porque desde el mismo instante que la detuvieron, Valentina tuvo la sagacidad de enviar mensajes con su ubicación exacta a todos sus contactos. Segundo, porque cuando los uniformados revisaron su celular y sus documentos, se dieron cuenta de que estaban frente a una ciudadana extranjera.

De hecho, Valentina asegura que uno de los policías les preguntó a los otros “si era posible que la ubicación en tiempo real estuviera activa, aún con el teléfono apagado, y es cuando encienden mi celular y se dan cuenta que la configuración está en otro idioma”.

Ante esa sospecha, los uniformados procedieron a revisar el bolso que Valentina llevaba consigo y es allí cuando encuentran los documentos que la identifican como ciudadana extranjera, concretamente italiana: “De inmediato se les notó el asombro y reaccionan diciéndome que tengo cinco segundos para irme o de lo contrario me matan”, recordó la joven.

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La otra tragedia que sufrió Valentina vino por cuenta de la aparente desidia de las autoridades, y concretamente la Fiscalía, donde intentó instaurar la respectiva denuncia por maltrato y abuso al que fue sometida por el Esmad: “Me dijeron que, como venía de las protestas, lo mejor era que me fuera y que si de verdad yo valoraba mi vida, lo mejor era que me fuera y tratara de poner la denuncia por internet”.

Su caso dio un giro de 180 grados cuando la denuncia por presunto abuso policial se escaló ante las autoridades italianas y comenzó a patinarse a través de las cancillerías de ambos países. Desde entonces, Valentina siente que recibe otro trato.

De hecho, luego de la queja ante el gobierno de Italia, en Colombia la Fiscalía emitió la Resolución 001 de mayo 11 de 2021, mediante la cual la reportaron como desaparecida; lo curioso es que sus familiares nunca elevaron una denuncia en ese sentido, sino por los posibles abusos de autoridad a los que habría sido sometida durante la detención y su privación de la libertad en la famosa bodega.

Incluso, la joven víctima tiene documentada una visita que le hicieron dos investigadores de la Sijín de la Policía, quienes la localizaron prontamente para que les firmara un acta de supervivencia, que es un formato que deben llenar aquellas personas que son localizadas luego de ser reportadas como desaparecidas.

En los audios y videos que tiene Valentina, se aprecia claramente cuando una mujer que se identifica como la intendente Liz Martínez Muñoz le insiste que firme el formulario, “para culminar el proceso de búsqueda por desaparición”, se le escucha decir a la suboficial.

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A ese incidente se suman otros que ella considera aún más sospechosos y califica como acoso e intimidaciones de quienes la buscan insistentemente y que se presentan como supuestos investigadores de la Policía o la Fiscalía. A todos los tiene documentados en conversaciones a través de la aplicación de WhatsApp.

Este medio se contactó con fuentes oficiales de la Policía Metropolitana de Pereira para indagar sobre la existencia del sitio donde Valentina habría sido torturada por miembros del Esmad y fueron enfáticos en asegurar que “no hay ninguna bodega como centro de traslado por protección. Nosotros no estamos haciendo traslados en algún lugar, se está haciendo directamente en las estaciones para dejar constancia de quienes llegan”, respondieron desde la oficina de comunicaciones de la institución policial.

No obstante, en su defensa Valentina cuenta con fotos y videos de otra agresión. Además, posee el dictamen médico luego de ser atendida por recibir un disparo con un arma traumática del Esmad y que le rompió una costilla durante otra manifestación en la que participó el 3 de mayo pasado, en Dosquebradas.

En la actualidad, Valentina no titubea al afirmar que ella está viva y contando el cuento, gracias a que es una ciudadana extranjera de nacionalidad italiana. “Como quien dice, me salvó el pasaporte”.

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