El 20 de julio, de fiesta patria a temor nacional por las protestas

El Gobierno se ha encargado de crear un ambiente de tensión en torno a las protestas de este 20 de julio. Se dice que hay planes para cometer actos vandálicos y atacar a la fuerza pública, pero ¿cuáles son los motivos de esos temores?

“ELN y disidencias de las Farc buscan infiltrar de nuevo las manifestaciones del 20 de julio” fue la afirmación del ministro de Defensa, Diego Molano, el pasado 7 de julio. Desde ese día, Molano ha reiterado que las marchas podrían tener actos de vandalismo financiados por grupos al margen de la ley.

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Esto ha generado un gran temor sobre lo que pasará en las protestas del 20 julio y algunas ciudades han anunciado medidas. En Cali, por ejemplo, hay ley seca entre las 7:30 p.m. y las 5:00 a.m., desde este lunes hasta el miércoles. “Tampoco se permitirá la movilidad de parrilleros hombres en motocicletas, así como el tránsito de volquetas y otros vehículos que puedan transportar escombros”, dijo la alcaldía en un comunicado.

Y, sobre todo, se ha reiterado que no serán tolerantes con el vandalismo e incluso con los bloqueos. “El vandalismo y la anarquía son una acción violenta ilegal que no podemos permitir”, aseguró el alcalde de Cali, Jorge Iván Ospina.

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“No permitiremos bloqueos, violencia o campamentos permanentes”, dijo el ministro Diego Molano, el sábado pasado, en una declaración conjunta con la alcaldesa de Bogotá, Claudia López.

López se pronunció en el mismo sentido: “Bogotá protege, acompaña, dialoga y concierta con la legítima movilización pacífica. Pero si lo que hay es violencia o vandalismo, habrá Policía y Fiscalía para capturar y judicializar a quienes intenten deslegitimar la movilización pacífica y perturbar la tranquilidad de Bogotá”.

En medio de estas declaraciones también han surgido advertencias sobre las primeras líneas, con anuncios de capturas o noticias de que algunos de sus integrantes se preparan para “un combate épico”.

Pero, más allá de lo que dicen las autoridades, ¿hay fundamento para esos temores? ¿Tiene el ELN real capacidad para infiltrar todas las manifestaciones con esa magnitud? ¿Hay pruebas de eso? ¿Qué pasará con los bloqueos?

¿Amenaza real en las protestas del 20 de julio?

Aunque el ELN niega estar involucrado en la convocatoria a las marchas, informes de policía dicen lo contrario: “Algunos computadores que han sido incautados al ELN en el departamento del Chocó, donde se evidencia claramente que este GAO (grupo armado organizado) ha patrocinado o viene dando recursos, e incluso elementos, para que especialmente los integrantes de la primera línea generen zozobra y daño tanto a la comunidad como a la fuerza pública”, dijo el general Carlos Ernesto Rodríguez Cortés este lunes en La FM.

Sin embargo, hay que tomar con pinzas declaraciones como las del general Rodríguez Cortés y dimensionar las advertencias. 

“La capacidad hoy de las disidencias y del ELN en las ciudades realmente es menor. Ellos pueden contar con células, con colaboradores, con simpatizantes, pero ellos nunca van a tener la capacidad, o no en este momento, de liderar un estallido social como el que está ocurriendo”, dijo Naryi Vargas, analista en temas de seguridad, a Diario Criterio.

“Que haya o no infiltración del ELN o las disidencias es una cosa que, más que anunciar, hay que investigar y entender cuál es la dimensión, pero sobre todo entender que eso no es lo determinante y ellos no están liderando las manifestaciones ni pacíficas ni violentas que hay en la ciudad”, añadió la experta.

“¿Que hay elementos para creerlo? Yo sí creo que hay elementos para creerlo. ¿Que ese sea el elemento más importante que va a jugar mañana en cómo sale la situación? Creo que esa es una discusión distinta”, afirmó, por su parte, Alberto Sánchez Galeano, investigador en temas de seguridad ciudadana, a Diario Criterio.

Para Sánchez Galeano, más allá de las supuestas infiltraciones, se debe actuar sobre “unos riesgos que ya están sobre la mesa”, como la fragmentación entre las primeras líneas o el temor de que las protestas se alarguen por más de una semana.

Según el experto, hay “una tensión que si se maneja bien, termina bien en la jornada de mañana [martes]. Si se maneja mal, tanto por parte de las organizaciones que salen a movilizarse como por parte de las autoridades, pues nos va a tener lamentando incidentes que se podrían haber evitado”.

Los enfrentamientos con la fuerza pública y la seguridad

Para la politóloga Vargas, en las protestas sociales se debe hacer una distinción entre seguridad y convivencia. El caso de las posibles infiltraciones del ELN es un tema de seguridad, de acuerdo con la experta. Pero los roces con la fuerza pública son un tema de convivencia.

“El tema de convivencia siempre se va a ver alterado por la intervención violenta de las autoridades. Si hay un bloqueo, lo primero que están llegando a hacer es mandar la policía y definitivamente va a haber un choque. No se puede esperar otra cosa”, explicó la experta a Diario Criterio.

En efecto, esta postura coincide con lo que recomendó la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) sobre los bloqueos. La CIDH reconoció que algunos cortes de ruta han vulnerado derechos, pero advierte que muchos son pacíficos y tienen manifestaciones artísticas y culturales. Por esa razón, la comisión ha recomendado que prime el diálogo por encima de la intervención de la fuerza pública.

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El diálogo, clave para evitar problemas

“Otros temas de seguridad que sí son relevantes no se están atendiendo. Y los temas de convivencia, que es la confrontación entre fuerza pública y manifestantes, los tratan como un asunto de seguridad, cuando no es así, todo eso se puede disuadir a través de diálogo”, dijo Naryi Vargas a Diario Criterio.

Para Sánchez Galeano, hay “razones para preocuparse” este 20 de julio. Lo que ha pasado en Yomasa, Country Sur, Las Américas y Suba (Bogotá) así lo demuestran. También están los caos del Paso del Comercio, el Puente de los Mil Días y Meléndez (Cali). Asimismo, el experto mencionó anuncios de las primeras líneas que apuntan a que habrá enfrentamientos.

Sin embargo, hay otros elementos que permiten que las autoridades puedan anticiparse a posibles alteraciones. “Hay una vocación de anticipación, esta vez distinta a la del 28 de abril, que va a generar una malla de protección para que la situación no escale”, aseguró el experto.

“¿Qué hay más claro que en el 28 de abril? El rol de los espacios de negociación en las distintas ciudades. Estos muchachos llegan, en alguna medida, ya con unos términos, unos acuerdos, incluso con unos pliegos de peticiones un poco más claros, que pueden ser un efecto de mitigación más evidente”, dijo Sánchez Galeano.

“Para el caso de Bogotá está la minga, y la minga siempre opera como una suerte de cordón que evita que las cosas escalen y se salgan de control en algunos puntos”, precisó el experto.

“Esta vez las ciudades, las mismas organizaciones políticas y los mismos actores comunitarios están más preparados para contener”, concluyó.

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