Protestas: entre fuego y piedra se perdieron las palabras

El país ha vivido en los últimos tres días un nuevo paro nacional, esta vez marcado por el inconformismo social ante el proyecto de reforma tributaria del Gobierno y el manejo de la pandemia del coronavirus. Las multitudinarias movilizaciones, en su mayoría pacíficas, se han visto opacadas por el actuar violento de manifestantes y, nuevamente, de algunos miembros de la fuerza pública.

Las redes sociales se encuentran llenas de videos y fotografías en los que se puede evidenciar la magnitud de la violencia, que ya deja varias víctimas mortales. Precisamente, el hecho de que muchas de estas imágenes circulen, en su mayoría fragmentadas, nos permiten entender las circunstancias reales de lo ocurrido.

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Cali es probablemente la ciudad que presenta una de las situaciones más graves. Fue allí donde se presentó uno de los hechos más impactantes: la muerte de un joven de 17 años quien recibió varios disparos por parte de un policía. El momento quedó grabado en un video aficionado y permite ver cómo el agente recibe una patada del joven y responde con su pistola cuando este huía de espaldas.

El caso es repudiable, ya que como se observa en la grabación -y como lo confirmó José Manuel Vivanco, director de Human Rights Watch-, el único responsable es el policía, quien respondió de manera desproporcionada. Sin embargo, este no es el único hecho de violencia en Cali, ya que, además de los saqueos y los daños en el transporte público, habrían muerto este viernes por lo menos siete personas por el accionar de la fuerza pública.

Pero Cali, donde en la noche de este viernes no era clara la situación de los desmanes que estaban ocurriendo, no ha sido el único lugar afectado. También se han conocido denuncias en Bogotá, Bucaramanga, Pasto, Medellín y otras ciudades. El pasado 29 de abril se conoció un video en el que se observa cómo varios policías en Medellín golpean a un hombre y lo patean desde sus motocicletas. 

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En Pasto, la Fundación Fundepaz denunció que la Policía reprendió violentamente a algunas personas que no cumplieron con el toque de queda que se decretó en esa ciudad desde las ocho de la noche.

Sin embargo, también los uniformados han sido objeto de actos de violencia. El brigadier general Manuel Vásquez Prada, director de Sanidad de la institución, aseguró que al final del segundo día de paro se reportaron cerca de 87 agentes heridos en medio del vandalismo y los desmanes.

En las últimas horas se conoció que el capitán Jesús Alberto Solano, uniformado que prestaba sus servicios en el municipio de Soacha, murió luego de recibir por lo menos cuatro puñaladas mientras trataba de evitar el saqueo de un establecimiento comercial. 

Un video que circula en redes dejó en evidencia el momento en que un grupo de personas atacó con una bomba molotov a un grupo de seis agentes del Esmad que se encontraba resguardados detrás de sus escudos. El general Jorge Luis Vargas, director general de la Policía, ofreció 50 millones de recompensa para quienes den información de los agresores.

Lo más lamentable de este panorama es la aparente sistematicidad en la violencia de una fracción de manifestantes y agentes del Estado, quienes parecieran esperar cada paro para saldar las deudas pasadas y librar nuevas batallas campales, acciones que terminan por deslegitimar la protesta social y la propio institucionalidad de la Policía Nacional.

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