“Te voy a matar, hijueputa, y te voy a legalizar”: la terrible desaparición de Brahian Rojas

Uno de los casos más complejos y misteriosos dentro de los desaparecidos que aparecen muertos en medio del paro nacional es el de Brahian Gabriel Rojas López. La última vez que lo vieron con vida fue en su natal La Virginia, Risaralda, en un operativo del Esmad de la Policía. Cinco días después lo hallaron sin vida, flotando en las aguas del río Cauca en Sabanalarga, Antioquia.

Buena parte de los interrogantes y las dudas que rodean esta historia podrían resolverse con el dictamen de Medicina Legal, pero esos resultados aún no aparecen, pese a que el cadáver de Brahian fue rescatado del caudaloso río Cauca desde el pasado 3 de mayo, es decir, hace más de un mes.

A esos detalles se suma otro valioso antecedente: un testigo presencial. Se trata de Otto Rojas López, el propio hermano mayor de la víctima, quien, por razones obvias de seguridad, está escondido y protegido en un lugar que solo conocen unas cuantas personas.

La familia Rojas López es un clan humilde de cuatro hermanos que viven en el corregimiento Caimalito, un caserío rural de 6.000 habitantes que, si bien pertenece a Pereira, en realidad está a unos cuantos metros del municipio de La Virginia, Risaralda, tan solo separados por el río Cauca. La importancia del caserío radica en que justo al lado se levantó la Zona Franca Internacional de Pereira, un centro de desarrollo logístico que pretende convertirse en el puerto seco más importante del Eje Cafetero.

Brahian y Otto trabajaban como ebanistas de profesión. El primero había cursado hasta décimo grado de bachillerato y el segundo se caracterizaba por su perfil metalero y melenudo. Ambos salieron muy tarde de trabajar de la ebanistería en la noche del 28 de abril, cuando arrancó el paro nacional.

Mientras caminaban rumbo a su casa en Caimalito, vieron que el puente Francisco Jaramillo Ochoa estaba bloqueado en un extremo por el Esmad y en el otro por los manifestantes; no tuvieron más opción que refugiarse y esperar bajo la estructura, a orillas del río Cauca. Ese sitio era habitual para ellos, porque allí acostumbraban sucumbir a las drogas, en silencio y sin molestar a nadie.

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Pero la alucinante noche se vio interrumpida abruptamente cuando cuatro policías bajaron hasta las bases del puente. Detrás de los uniformados venían también los agentes del Esmad y comenzaron a perseguir a todo aquel que se moviera. A Otto lo encuelló un policía vestido de civil que, con un arma apuntándole en la cien, le gritó: “Te voy a matar, hijueputa, y te voy a legalizar”.

La agresión del uniformado bajó de nivel cuando una patrullera le advirtió que los estaban mirando desde la parta alta del puente. El agente guardó su arma, pero se llevó a Otto hacia otro punto, alejado del puente, donde quedó su hermano Brahian, acorralado por miembros del Esmad.

Esa noche la familia Rojas López estuvo relativamente tranquila, creyendo que a Brahian solo le darían unas horas de calabozo. Pero las horas fueron pasando y el joven no regresó a la casa. Su hermana Vicky Thalía Rojas López denunció la desaparición el 2 de mayo, cuatro días después del incidente que presenció Otto debajo del puente.

Lo que siguió fue una cadena de misterios e inconsistencias. Para Thalía, es claro que el cuerpo de su hermano Brahian no fue arrojado al río en el sector de La Virginia y también es claro que no se ahogó, porque él creció jugando en el río, sabía nadar muy bien y trabajó como arenero, una actividad que consiste en arañar las entrañas del lecho del río para extraer arena y balastro que se usa en la construcción. “Si se ahogó, la única explicación es que lo golpearon tanto, que ya estaba moribundo cuando lo arrojaron o se lanzó al río”, explicó la incrédula hermana.

También tiene otro argumento convincente para explicar por qué considera que el cuerpo sin vida de su hermano lo arrojaron en otra zona alejada del municipio: “porque las personas que se ahogan en este lugar de La Virginia aparecen hasta con más tiempo que el de mi hermano y mucho más cerca, como en Anserma, en Marsella o en Viterbo”.

No obstante, al parecer el cuerpo de Brahian flotó y recorrió 330 kilómetros del río Cauca, hasta llegar a un punto de Sabanalarga, Antioquia. Jhon Jairo Sepúlveda, el bombero que rescató el cadáver de las aguas del afluente, aseguró a Diario Criterio que en su experiencia ha visto varios casos de personas que se ahogan en el Valle del Cauca y los cuerpos llegan hasta Sabanalarga, “incluso hasta en menos tiempo”.

Pero la familia Rojas López insiste en que hay varias señales en el cadáver de Brahian que darían a entender que no llevaba tantos días flotando en el río. “El aspecto de la piel, los vellos de su cuerpo y hasta la visibilidad del tatuaje con el que fue reconocido nos dicen otra cosa”, argumentó a Diario Criterio la joven Thalía.

Tal vez la simple malicia o corazonada de la batalladora hermana tengan fundamentos de peso para sospechar sobre lo que realmente pasó con Brahian, pero todas esas hipótesis solo tomarán sentido cuando salga el dictamen de Medicina Legal.

Por ahora hay dos datos inéditos en esa investigación y de los que poco se habla: la posible existencia de una herida de bala en una de las piernas de Brahian y un video que muestra el momento exacto en que es atacado por uno de los uniformados la noche del 28 de abril.

Todo ese material probatorio ya está en manos de colectivos de derechos humanos y abogados, quienes antes de ejercer cualquier acción legal primero buscan que organizaciones internacionales le brinden protección y garantías a la familia Rojas López.

Brahian Gabriel Rojas López, acompañado de su señora madre.

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