“Queremos de regreso una democracia más consciente”: Ricardo Silva Romero

En entrevista con Diario Criterio, el escritor y columnista bogotano habló de las protestas, la violencia que azota al país, la cultura de la aniquilación que persiste en Colombia y del Gobierno. Para Silva Romero, nos encontramos en un punto de quiebre que exige cambios en los liderazgos políticos.

Diario Criterio: Llama la atención la forma en la que ha titulado algunas de sus últimas columnas de opinión: duelos, suicidio, miseria, cállense. ¿Diría que es un reflejo o un resumen de lo que pasa en Colombia por estos días?

Ricardo Silva:  Los títulos de mis columnas siempre han sido una sola palabra desde el 2009, pero las palabras de estos días han sido fuertes, porque lo que ha estado pasando me parece una exacerbación de lo que veníamos viviendo. Todo esto que estamos viendo, lo vivimos hace mucho tiempo, pero creo que está amplificado, tanto que uno no puede dejar de verlo y oírlo. Las palabras se han vuelto más duras, porque tratan de estar a la par de lo que está sucediendo.  

Mi columna Cállense, por ejemplo, habla de la profesora en Cali que puso la tarea sobre los falsos positivos y que recibió inmediatamente una especie de bodega que la señaló y la expuso. Ese caso nos dio una señal de que hay un montón de gente que está tratando de redoblar esfuerzos para acallar las críticas, las preguntas, los movimientos y las protestas. Creo que lo que le pasó a esa profesora no es algo aislado de la violencia policial y estatal. Todo hace parte de cierta desesperación y agotamiento de los recursos de una clase dirigente que ya no sabe cómo gobernar y que tiene como única salida la violencia desde todos los frentes.

D.C.: Su trabajo gira en torno a la escritura y la investigación, tanto para el periodismo como para la literatura. Con todo lo que está pasando en las calles, ¿logra concentrarse?

R.S.: Estos días han sido muy exigentes para todos. Es muy difícil abstraerse y no estar pendiente de lo que pasa, entre otras cosas, porque uno escucha todo, porque los gritos llegan hasta donde uno está y pretender obviarlos o aplazarlos, no es posible. Uno se entera prácticamente de todo en directo y no es fácil concentrarse. Mi trabajo se divide entre escribir ficción y sobre lo que está sucediendo, entonces es común que yo esté al tanto de todo para escribir las columnas y en ese sentido es estar dividido entre la ficción y las noticias.

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D.C.: Históricamente, las grandes crisis de las naciones han sido resueltas por grandes estadistas o pensadores. En Colombia, pareciera que no existe un liderazgo de ese tipo. ¿Qué opina de nuestros líderes políticos? 

R.S.: Las épocas de guerra y pandemia siempre han requerido de líderes que inspiren y que saquen adelante todo, que tengan imaginación e ideas osadas para que la gente salga a flote. Los líderes que solo son tramitadores de negocios y que están cuidando las espaldas de los poderosos y de los más adinerados, esos no se llaman líderes, esos son unos gerentes del poder. 

D.C.: ¿Qué tipo de líderes son los que se requieren en estos momentos? 

R.S.: La gente común y corriente necesitaría en estos momentos de alguien que esté velando por toda la ciudadanía, por ejemplo, liderando en terreno la vacunación, canalizando ideas para la reactivación económica y el trabajo; para la reconciliación en términos de la paz, para el fortalecimiento de la democracia…

Pero lo que uno ha visto de este liderazgo, en estos tres años, es de brechas abiertas, todo el racismo al descubierto, clasismo y toda la violencia exacerbada; todos los males vivos e incluso revividos. Estamos viendo todo lo contrario a la oportunidad de incluir a más personas con la vocación del Acuerdo de Paz y la Constitución de 1991. 

D.C.: ¿Pero sí hay esa clase de líderes que requiere este momento de la historia?

R.S.: Me parece que sí los hay, incluso entre los políticos, pero son políticos sueltos, que no pertenecen a partidos sólidos que estén dando la cara por la historia de Colombia. El Partido Liberal se deshizo en movimientos pequeños al servicio de intereses como Cambio Radical o La U. El Partido Conservador se volvió un grupo pequeño que saca congresistas que no responden por la historia del país. Esos partidos tendrían que estar fortalecidos y dar la cara por todos los males y atribuirse también las buenas reformas, como el Partido Demócrata y Republicano en Estados Unidos, que presumen de sus logros y responden políticamente a su electorado por los fracasos. Aquí, en los últimos 30 años, lo que han hecho los partidos es, cada vez que hay un problema o un escándalo, partirse en otros partidos. 

D.C.: ¿Se le viene algún nombre a la cabeza cuando habla de ese tipo de liderazgos?

R.S.: Estoy pensando en personas como Humberto de la Calle, un hombre que estuvo a cargo de la Constitución de 1991 y luego del Acuerdo de Paz, a mi modo de ver, los actos políticos más importantes de los últimos 70 años en Colombia, porque hablan de inclusión y respeto por los derechos de todos. Y, Humberto de la Calle ha estado ahí, pero es increíble que no sea el candidato de un Partido Liberal orgulloso y fuerte, porque sería un hombre del que cabría esperar un gobierno democrático, que no persiguiera a nadie y que tuviera vocación progresista de respeto por todos y de cerrar brechas. Hay liderazgos que se fueron deshaciendo por el camino, liderazgos más de derecha como el de Vargas Lleras, que, así esté uno de acuerdo con él o no, es un tipo que recorrió todo el Estado, desde ser concejal hasta ser vicepresidente, pero no se da el liderazgo porque pertenece a unos partidos que no tienen mayor ascendencia sobre la gente. 

D.C.: Pero, ¿no quedan las figuras de los expresidentes?

R.S.: Gaviria, Samper, Pastrana o Santos son figuras que también están desdibujadas. Nuestros políticos no nos representan y mucho menos a los jóvenes que están marchando, que no reconocen la vocería de instituciones como la Iglesia, los partidos o los medios, así como no reconocen a los uniformados. Es impresionante cómo llega de desdibujado todo ese grupo de expresidentes. Por supuesto Uribe encarna cosas, a mi modo de ver, escalofriantes. Un tipo como Petro encarna ciertos anhelos y urgencias, pero en general yo creo que la gente que está protestando ha tenido que protestar y protestar más, porque solo se siente representada por ella misma.

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D.C.: ¿Hay algún tipo de liderazgo que le haya llamado la atención en estos tiempos de crisis? 

R.S.: Es muy diferente lo que ha pasado en Estados Unidos, donde la respuesta de Joe Biden ha sido extraordinaria. Él ha sido enfático en el respeto por las razas, por las ideas ajenas y, sin ninguna vergüenza, es un tipo progresista y liberal de frente, con fuerza, sin temor, con convicción y que no trata de hundir a los que no piensan como él. No está tratando de decapitar a los republicanos, los está incluyendo, algo que no hemos hecho acá y un error que en Colombia ha sido particularmente costoso. Lo que pasa con el gobierno de Duque es que llegó a gobernar contra el sí en el plebiscito y eso está terminando con las vidas de muchas personas, eso de gobernar contra la gente que no votó por uno siempre termina en guerra civil.

D.C.: Se habla mucho de que el presidente Duque está desconectado entre lo que pasa en el calle y el palacio de gobierno.

R.S.: Yo sí creo que en el presidente hay desconexión, soberbia y miedo. La gente hoy en día sabe lo que está pasando por las redes, se trata de otra gente a la que se está gobernando y no se les puede engañar. Entonces, yo creo que se está gobernando con miedo y es muy probable que ese miedo también se pueda volver violencia.   

Todos vemos que él no está capacitado para ser presidente, y él también lo debe saber. Prueba de su miedo es la gente con la que se rodea. Cuando yo era pequeño, para un momento como en el que estamos, cualquier gobierno ya hubiera cambiado todos los ministros, hubiera puesto un ministro de Trabajo cercano a los trabajadores; un ministro de Salud, cercano de los médicos. Pero eso de pasar al viceministro de Hacienda, encargado de la reforma, al Ministerio de Comercio o de traer a Luigi Echeverri, es una señal de seguir atrincherado, una muestra de miedo y desconfianza en todo el mundo.

Yo nunca creo que sea útil pensar en un villano, creo que hay un hombre que no es capaz de ser presidente de la república, lo cual es muy grave en un país en guerra y creo que hay un hombre que desconfía de todos y teme a todo, porque además su propio partido no le cree y lo sabotea, entonces se rodea de unos cuantos amigos que tampoco están capacitados para los cargos que están ocupando. Este es un panorama muy grave que solo tiene un alivio en las elecciones del próximo año.

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D.C.: Pareciera también que hay una desconexión en la sociedad, porque hay un país que sale marchar, otro que está en las redes sociales y otro que se queda en sus casas. Incluso, hay violencia y exclusión entre varios grupos, como lo que pasó con la minga en Cali…

R.S.: Sin duda, esta es una cultura de la aniquilación, eso ha sido Colombia y los liderazgos no la han desmontado. No han conducido el debate entre iguales, con el prójimo. Me parece que un tipo como De la Calle es de fiar por eso, porque ha conducido al país a actos de paz. Todo dirigente colombiano que entienda que lo más urgente es pactar la paz con todos y dialogar, es de fiar. El que no cree en eso, me parece que lo único que está haciendo es preservando lo que nos ha traído tan maltrechos hasta el año 2021 y animando a aniquilar y ningunear a los otros por pensar diferente.  

D.C.: Esa cultura de la aniquilación parece muy evidente en los escenarios políticos e incluso con todo lo que está pasando en las protestas…

R.S.: Aquí se asume que los que no piensan como uno son unos mamertos peligrosos o unos fachos peligrosos, y eso ocurre porque tenemos una mentalidad fanática. Basta con mandar videos de carros quemados y culpar a los indígenas para que un montón de gente muerda el anzuelo y saque lo peor de sí mismos. Basta con mostrar una imagen en las que un policía acaba con alguien, para que se asuma que toda la Policía es así y se pierda de vista a un montón de gente que ha dejado de disparar. Se pierden esos matices cuando la mentalidad es fanática, pero hemos sido educados durante siglos así. Algunos analistas terminan concluyendo que hay que tumbar todo. Lo esperanzador es que este sea el pulso final para derrotar ese fanatismo, esa necesidad de aniquilar, que es la necesidad que tiene la gente que no sabe argumentar.

D.C.: Usted ha investigado mucho el tema de la violencia y ha tenido que volver varias veces sobre esos episodios, ¿ha visto en algún momento de la historia un momento como este en el país?

R.S.: Creo que este descontento es particular de esta época, pero hay otros que se pueden rastrear en otros momentos de la historia, de cualquier país. En el caso colombiano, desde los Comuneros hasta el 20 de julio de 1810, momentos en los que alguna arbitrariedad gubernamental detona el descontento, las manifestaciones y el llamado a la justicia social. También ha pasado en la guerra por la Independencia, la expulsión de España y luego en las muchas guerras civiles. Nuestro siglo XX tuvo muchas masacres, desde La Regeneración, pasando por la hegemonía liberal y el 9 de abril. Luego hubo marchas durante Rojas Pinilla, en el Frente Nacional y en la elección de Misael Pastrana.

D.C.: ¿Qué ve de diferente de la actual protesta social?

R.S.: Veo una protesta social continuada que lleva prácticamente diez años, que ha llegado a su momento más duro. Los gobernantes siempre tratan de calmar y contener estos estallidos sociales, delegando esa tarea a las armas. Contener la protesta con armas ha sido peor y han generado más violencia, más desigualdad, más dolor y creo que ahora será difícil contener a la gente con armas. Lo más práctico en este punto es reformar lo que se pide, porque es de mínima justicia social. Hay una generación nueva de los más jóvenes que no le tiene miedo a ese Estado y es el punto en el que la dirigencia tiene que ver que se agotó el recurso y solo queda hacer democracia.

Ya en este punto ni la Copa América se quiere jugar en Colombia y eso es gravísimo porque aquí siempre hemos sabido lavar nuestra imagen con fútbol, con deportes. Esa es la cumbre del fracaso de la imagen colombiana, que la gente del mundo entera no quiera jugar en un país, porque ahí se está callando la protesta violando los derechos humanos a la luz de todos.

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D.C.: Usted dijo que a veces siente que no hay nada por hacer y antes había dicho que la humanidad es la única capaz de resistirlo todo, ¿cómo cree que vamos a salir de todo esto como sociedad?

R.S.: Hay momentos en los que parece estar todo en un callejón sin salida y este, es un momento en el que se puede pensar eso. Uno podría creer que la dirigencia, en esa mezcla entre uribismo y duquismo, no va a ser tan imaginativa y arriesgada para crear canales reales con la gente y que este Gobierno va a tener un final larguísimo en el que va haber un desencuentro con la gente que está protestando y un grupo que se está hartando de la protesta porque no le conviene a su rutina y sus negocios, porque empieza a ser muy costoso. 

D.C.: ¿Cree que de todas estas propuestas va a salir algo bueno?

R.S.: Esperemos que lo que venga sea algo muy positivo, podemos tener esperanza en que esta protesta sea escuchada. Ya hay señales de eso, se están yendo ministros y se ha retirado la reforma, torpemente, al estilo de este Gobierno. Sí cabe esperar que los líderes están notando que esta es otra época y que ya no se puede jugar a la mano dura y todas esas cosas que subieron a Uribe al poder. Hay que gobernar mirando a los ojos a la gente y considerándolos iguales.

Hay una frase muy colombiana que es: “Toca irse de acá porque esto ya no funcionó”, pero hay señales de transformación, de una generación que no va a soportar los desmanes de los poderosos. Yo sí creo que cabe esperar una transformación para bien y un liderazgo que la sepa poner en marcha, que no se quede en las protestas, sino que vuelva a una democracia mucho más consciente del país en el que estamos.

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8 Comentarios

  1. Esta entrevista ojalá llegue a muchos lectores. La claridad y el conocimiento de este maravilloso ser humano, excelente escritor y juicioso investigador, arroja muchas luces para serenarnos como sociedad y buscar canales para construir una nueva nación con inclusión y participación. Infinitas gracias a Ricardo.

  2. Un excelente analisis, menos violencia verbal y fisica. Lideres humanistas si los tiene el pais como lo dice el entrevistado, Humeberto de La Calle, estadista, sereno, equilibrado, un Sergio Jaramillo muy critico pero muy visionario que ha propuesto ideas muy aterrizadas amigo de la paz. Son em tipo de lideres que necesita el pais, menos violencia, menos polarizacion, menos odios.

  3. Otro nombre que debería estar en la lista de posibles líderes para que le país transite hacia una democracia más real y a una paz con justicia social puede ser Juan Carlos Henao

  4. Coincido en ver a De la Calle como un hombre de consensos, que se aleja de esos extremos peligrosos que se alimentan entre ellos. Yo di mi voto por De la Calle y me encantaría que fuese visto como alternativa viable.