Adiós, Michael K. Williams

Semblanza del actor que le dio vida a Omar Little en la serie ‘The Wire’.

El pasado lunes 6 de septiembre, empecé el día feliz. El desayuno me quedó rico, tuve pocas reuniones y estaba emocionada porque tenía planeado un Instagram Live sobre mi libro para esa noche. En algún momento de ocio, hacia el mediodía, no sé por qué recordé el “Mundial de personajes de The Wire” que hice en Twitter el año pasado (en ese momento de la pandemia en el que todo el mundo empezó a hacer campeonatos por rondas). Le di RT al último tweet, el de la final entre Omar y Bubbles. Dos horas después de dar ese retweet, con Omar Little todavía en mi mente, leí una noticia que me dejó muda: Michael K Williams acababa de morir y el mundo había perdido a uno de sus mejores actores.

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Antes de ver The Wire, ya sabía de Michael K. Williams y de lo bien actuado que fue su papel porque en todas las listas de “Mejores series del siglo 21” que leía, lo mencionaban. Hasta Obama, en una conversación con David Simon, dijo que su personaje favorito de la historia de la televisión era Omar. Tanto bombo me causó curiosidad; tenía que ver la serie para confirmar con mis propios ojos y mi propio cerebro si el tipo era tan buen actor como decían. Resultó que sí, era tan bueno como había leído y escuchado. Me convertí en su fanática después de solo un episodio. Y que ninguna academia ni organización de premios reconociera su papel (ni los Emmy ni los Golden Globes, solo los NAACP Image Awards lo nominaron dos veces) aumentaba mi fanatismo.

Una escena de ‘The Wire’ con Omar Little

Michael K. Williams, en ‘The Wire’

Sí, el de Omar –este gánster de gabardina y escopeta en mano que roba a otros gánsteres y que no dice groserías y que es homosexual y amoroso y que tiene un código– es su mejor y más conocido papel, pero todos los que hizo durante su carrera, desde Chalky White en Boardwalk Empire, pasando por Freddy en The Night Of, hasta Montrose Freemanen Lovecraft Country, son memorables porque están cargados de una mezcla de honestidad y sensibilidad que los aleja de convertirse en clichés. Todos y cada uno de sus personajes se sienten como personas reales, como hombres que son afectados por el racismo, el colorismo, la homofobia y el clasismo, pero que no son solo una colección de tragedias. el En una industria que durante décadas ha tendido a encasillar a los actores negros, que Michael K. Williams encontrara la forma de hacer únicos a cada uno de sus papeles, es algo para admirar. 

Adiós, Michael K. Williams. En nuestras mentes ya eres inmortal.

Llorar por alguien a quien uno no conoció es una experiencia extraña, pero es también una prueba de que el trabajo de esa persona te conmovió y te cambió. Eso hizo Michael K. Williams en mi vida: conmoverme con sus actuaciones, muchas veces hasta las lágrimas y otras veces hasta sacarme carcajadas, y me cambió perspectivas sobre vidas que no son cercanas a la mía. No podría hablar sobre su personalidad y su vida personal más allá de lo que pude ver a través de entrevistas y redes sociales. Me habría encantado conocerlo en persona y preguntarle por su época de ballrooms en Nueva York, sobre su época siendo bailarín de Madonna, sobre actuar junto a Tupac, sobre hablar con acento de Baltimore. Pero solo pude conocerlo a través de la pantalla y aunque no fue suficiente y su carrera debió haber durado décadas más, lo que vi dejó un impacto.

Williams como Chalky White, en ‘Boardwalk Empire’.
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Quiero cerrar esta columna con algo que compartió alguien que sí lo conoció en persona, alguien que sí estuvo cerca de su dulzura y de su carisma: el actor Wendell Pierce, quien interpretó al detective ‘Bunk’ Moreland en The Wire. En un hilo de Twitter en el que escribió unas palabras que me alborotaron aún más las lágrimas, Pierce compartió una cita del dramaturgo Arthur Miller: “Hay cierta inmortalidad en el teatro, no creada por monumentos y libros, sino a través del conocimiento que un actor guarda hasta el día de su muerte de que en una tarde determinada, en un teatro vacío y polvoriento, proyectó la sombra de un ser que no era él mismo, sino la destilación de todo lo que había observado; que le dio voz a la canción del corazón incansable que el hombre común puede sentir pero nunca pronunciar. Y así, de alguna manera, pasará a la historia”. Adiós, Michael K. Williams. En nuestras mentes ya eres inmortal.

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