Afganistán: pequeña historia de la “tumba de imperios”

Desde la antigüedad, el montañoso territorio de Afganistán ha sido el escenario de grandes derrotas de distintos poderosos ejércitos*.

La fama de Afganistán como “tumba de los grandes imperios del mundo” puede rastrearse desde el difícil paso de las tropas de Alejandro Magno por el montañoso territorio cuando se dirigía a la India en los años 30 del siglo IV a.C. 2.200 años después, en el siglo XIX, durante el llamado “gran juego territorial”, los ejércitos británicos intentaron invadir el territorio afgano desde la India para impedir que el Imperio ruso se extendiera por Asia Central. La estrategia fracasó y los invasores sufrieron una estrepitosa derrota en la batalla de Gandamak (1842).

Puede leer: A 200 años de la muerte de Napoleón: entre la historia y el mito

Recientemente, la volátil región dominada por la política tribal y los conflictos étnicos entre los dominantes pastún (que representan cerca del 42 por ciento de la población del país) y algunas minorías étnicas (como tayikos, uzbekos y hazara) sufrió la intervención militar soviética (1978-1989) y estadounidense (2001-2021) en su territorio.

La era soviética

La intrusión soviética se enmarcó en el llamado internacionalismo proletario, política exterior e imperialista de Moscú durante la guerra fría, que se caracterizó por el apoyo a los proyectos marxista-leninista en naciones del denominado tercer mundo. Los afganos limitaban con las entonces repúblicas soviéticas de Asia Central.

Tras el golpe de Estado de abril de 1978, que instauró la socialista República Democrática de Afganistán en cabeza de Nur Muhammad Taraki y Hafizullah Amin, el secretario general del PCUS, Leonid Brézhnev, ordenó el despliegue de 80.000 soldados y 3.800 vehículos blindados del ejército rojo para defender a un “régimen hermano”. El triunfo de Taraky y la invasión rusa desataron la guerra civil contra los grupos de nacionalistas e islamistas llamados muyahidín.

En contexto: Afganistán: la crisis migratoria de la que ni Estados Unidos ni Europa se quieren hacer cargo

Con apoyo militar estadounidense, los insurgentes islamistas organizaron una férrea oposición armada al ateísmo de Estado impuesto por el nuevo régimen. Para ellos el gobierno socialista apoyado por la URSS, ofendía la religión por sus propuestas modernizadoras como permitir el acceso de las mujeres a la educación básica, media y superior. Fue la época en que la CIA entrenó al fundamentalista Osama bin Laden, futuro líder de Al-Qaeda.

El “Vietnam soviético”

Durante cerca de diez años, los soviéticos, con más 115.000 hombres, nunca pudieron dominar el territorio afgano y tuvieron que pagar el precio de 16.000 muertos y 54.000 heridos en combate. A mediados de la década de 1980, las reformas políticas impulsadas por Mijaíl Gorbachov al interior de la URSS incluyeron la reducción progresiva de la interferencia político-militar soviética en los estados socialistas hermanos de toda Eurasia. El fin del intervencionismo significó el derrumbe de los regímenes marxistas-leninistas de la región.

El estado socialista afgano no fue una excepción. Tras la salida de los restos del ejército soviético en febrero de 1989 y de la caída de la URSS, el Gobierno dirigido por Mohammad Najibulá Ahmadzai cayó en un lento proceso de desintegración. En 1992, asfixiado por la falta de ayuda económica de Moscú, el ejército de la República Democrática de Afganistán tuvo una serie de catastróficas derrotas militares frente a las revitalizadas fuerzas del muyahidín. Finalmente, en abril de 1992, los rebeldes tomaron kabul y forzaron la renuncia de Najibulá. Quedaba sepultado un proyecto que, en palabras del médico y analista colombiano Víctor de Currea, quiso realizar lo imposible al “implantar el marxismo-leninismo en una sociedad tribal, carente de proletariado o burguesía, y profundamente marcada por divisiones étnicas y religiosas”.

En términos generales, la intervención en Afganistán ha sido llamada el “Vietnam soviético”. Historiadores y expertos consideran el fracaso del régimen soviético en Afganistán como un evento catastrófico que destapó las grietas en la política exterior del Kremlin. Convenció a disidentes políticos en los estados satélites de la URSS de la debilidad del régimen soviético y de la posibilidad de desafiar a la KGB, al partido y al ejército rojo e independizarse.

La invasión occidental

Los 12 años que separan la retirada soviética de la intervención de Estados Unidos y la Otan, tras los ataques del 11 de septiembre de 2001, estuvieron marcados por el permanente estado de guerra civil entre los distintos grupos armados y milicias religiosas que participaron en la caída del gobierno socialista. En 1994, nace el talibán y en los años siguientes Afganistán se consolidó como el mayor productor de opioides a nivel mundial. Aunque el régimen prosoviético combatió su tráfico, la heroína se convirtió en el sustento de una gran parte de la población.

En 2001, los Estados Unidos y sus aliados de la coalición internacional, desplazaron al ala talibán que detentaba el poder e instalaron un gobierno moderado dirigido por Hamid Karzai. La presencia militar de la Otan arrinconó durante varios años a los talibanes en las zonas periféricas del país. El gobierno de transición inauguró un periodo de occidentalización cultural, caracterizado por el mantenimiento de algunas de las libertades de la antigua República Democrática, tales como el acceso universal a la educación y el fin de la obligatoriedad del velo islámico para mujeres.

¿Qué dejaron los años de ocupación?

Sin embargo, los eventos actuales han demostrado que en estos 20 años de ocupación militar y de millonarias ayudas económicas no se pudo dotar al país de un aparato productivo que ofreciera alternativas de sustento a los afganos dedicados al cultivo de los opioides. Tampoco se pudo fortalecer a las fuerzas de seguridad del gobierno central para controlar la totalidad del territorio nacional. A pesar de las aseveraciones del secretario de defensa estadounidense Lloyd Austin sobre la misión cumplida en Afganistán de “capturar a los responsables del 11 de septiembre” y “armar y capacitar a los afganos para que ellos mismos defendieran sus libertades y derechos”, la salida de las tropas extranjeras deja un país a medio construir.

El propio presidente Biden ha reiterado en numerosas intervenciones la importancia de que Estados Unidos deje de “luchar una guerra que los afganos no quieren asumir”.

El futuro

Hacer una comparación entre la retirada soviética y la estadounidense es difícil. A finales de la década de los 80, la URSS atravesaba por una crisis política causada por otros factores que iban más allá de Afganistán. Solo el tiempo dirá si la retirada de Estados Unidos de suelo afgano revela fisuras en su poderío internacional. Cabe la posibilidad de que la aparente derrota sea una maniobra calculada para dejar el problema afgano a potencias rivales como Rusia y China.

Tampoco puede descartarse que Estados Unidos llegue a acuerdos con los talibanes similares a los alcanzados con su antiguo enemigo Vietnam. El gran interrogante es cuándo ocurrirán, porque en el caso del país indochino la normalización de relaciones comenzó durante la década de los 90, a 20 años de la derrota de Estados Unidos ocurrida en 1975. Y en la actualidad tiene buenas relaciones comerciales pese a que el sistema de gobierno de Vietnam no se diferencia mucho del de su nuevo enemigo Chino.

2 Comentarios

Deja un comentario