‘Al límite’: del poder, la gloria y el abuso

Este jueves 14 se estrena, luego de su paso por el Festival de Cine Francés, la primera película de ficción de la directora Charlène Favier. ‘Al límite’ expone el abuso sexual en una relación desigual encubierta en los códigos de éxito y competitividad de los deportes de alto rendimiento.

La tensión, la ambigüedad y el poder están allí, desde los planos iniciales de Al límite (Slalom en su título original). Vemos a Liz, una chica de 15 años, aturdida ante el examen físico al que es sometida por parte de Fred, un entrenador deportivo adulto. Entendemos que el cuerpo de Liz será el territorio en disputa, la superficie maleable que la ambición de Fred tratará de llevar, precisamente, al límite del sacrificio y la competitividad. La situación es prototípica: un discurso de éxito que parece dictado desde un manual y la frialdad del intercambio entre entrenador y alumna. Pero la mirada de la película, siempre desde la perspectiva de Liz, introduce el asombro donde muchos quieren ver normalidad.

Al límite

Esa primera escena parece el reclutamiento de una joven para el ejército del deporte de alto rendimiento (en este caso el esquí). Ella, la joven, es la presa ideal, insegura y con la carga encima de una familia rota. Él, el padre sustituto, frustrado entre una carrera propia que ya pasó y una vida privada mecánica y frustrante. ¿Qué puede salir mal entre estos dos? El poder y la jerarquía aparecen como incuestionables; son el precio del éxito, que muy pronto sobreviene. La película de la debutante Charlène Favier alcanza picos de euforia y logra siempre transmitir la palpitación del esfuerzo físico.

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El corazón del film está, sin embargo, en otro lugar. Y hacia allá nos lleva la narración en un descenso inevitable. La intimidad entre Liz y Fred crece y el abuso, insinuado desde el principio, queda servido. Y este abuso es más fuerte en tanto que Liz quiere ser reconocida y amada por su entrenador (en realidad quiere ser reconocida y amada en general, como cualquier adolescente, como todo ser humano).

Así, la huella de esta primera experiencia será más profunda, costará mucho más superarla o aprender a lidiar con ella. Detrás de la excitante película sobre la adrenalina del deporte hay pues una sutil y conmovedora coming of age.

Hay muchas cosas bien logradas en esta opera prima que en 2020, un año atípico, fue parte de la selección oficial del Festival de Cannes. La precisión con la que avanzan los acontecimientos, la energía que despliegan los actores (excelentes Noée Abita como la joven y el reconocido actor Jérémie Renier como el entrenador) y la manera franca con que la película aborda las zonas grises del abuso sexual sin dejar nunca de estar del lado de la joven abusada.

No hay aquí un cuento de hadas con distribución de buenos y malos para usos pedagógicos, sino una inmersión en la fragilidad y el potencial de daño de una relación desigual, encubierta en los códigos socialmente aceptados del maestro y la alumna.

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La relación entre Liz y Fred, siempre nerviosa e inquietante, y la precaria situación emocional de la joven protagonista, extensiva a sus demás relaciones (en especial a la que sostiene con su madre), se ven reforzadas en su intensidad por el uso simbólico del color en la película, con su mezcla de tonos cálidos y fríos. La presencia del rojo crece a medida que la tensión aumenta, y mientras Fred dispone más y más del cuerpo y hasta de los ciclos menstruales de Liz.

Los casos de abusos sexuales en el mundo del deporte fueron expuestos el año pasado, para audiencias amplias, en Atleta A, producido por Netflix. Este documental volvió a poner el foco en el encubrimiento de la Federación de Gimnasia de Estados Unidos y exaltó el valor de las víctimas y de los periodistas que ayudaron a filtrar la información que comprometía al médico Larry Nassar. Charlène Favier, quien visitó Colombia como invitada al reciente Festival de Cine Francés, asume otro punto de vista. En entrevistas con los medios nacionales insistió en la inconveniencia de abordar el abuso desde una mirada maniquea que puede tranquilizar pero tal vez no ayude a entender del todo las dinámicas que lo sostienen.

Slalom
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En Al límite vemos, en efecto, a una juventud enormemente presionada a conseguir el éxito, abandonada a su suerte en un mundo de extrema ambición y cinismo, con adultos desentendidos o inmersos en sus propias preocupaciones. Mientras existan ideales de prestigio o notoriedad social e instituciones rígidamente jerarquizadas, el abuso sexual parecería tener un terreno abonado para seguirse produciendo. Películas como la de Favier aportan pues otros matices a un debate social que de forma clara traspasa los límites del cine.

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