A 66 años del final de la Segunda Guerra Mundial, Alemania envía a juicio a los últimos nazis con vida

No hay “fecha de prescripción” para hacer justicia a las víctimas de los crímenes del Tercer Reich. Esa es la convicción que guía al abogado Thomas Walther en su persecución de los últimos nazis que han sido juzgados, al final de sus vidas, por los tribunales alemanes.

El penalista de 78 años representa a los sobrevivientes y allegados de personas conducidas por el régimen de Hitler al campo de concentración nazi de Sachsenhausen, cerca de Berlín.

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Tras una carrera de juez, Walther, esperó a jubilarse para emprender un nuevo rumbo, enteramente dedicado a las víctimas del Holocausto y sus descendientes. Su motivación se resume en que “ser consciente de una injusticia implica el deber de corregirla”.

El abogado alemán recoge en el mundo testimonios que han permitido iniciar en los últimos años numerosos procesos contra los responsables de la máquina de exterminio de los nazis.

Incluso 66 años después del fin de la Segunda Guerra Mundial, los procesos han permitido “hacer justicia para decenas de miles de víctimas de asesinatos. La justicia no tiene fecha de prescripción”, aseguró Walther.

“Advertencia” para el presente

Las controversias sobre la pertinencia de una justicia tan tardía enojan a muchos. Ante los cuestionamientos, Walther contesta que “nadie protesta cuando un asesino es perseguido por hechos de hace 30 años. Pero les parece problemático perseguir a ancianos aunque se trate de 1.000 o 5.000 asesinatos”.

Situado a unos 30 km al norte de Berlín, el campo de Sachsenhausen recibió entre 1936 y 1945 a unos 200.000 presos, principalmente opositores políticos, judíos y homosexuales.

Thomas Walther no tolera que se procese a los implicados en miles de asesinatos durante el nazismo sólo por la edad avanzada de los acusados. Foto: John Macdougall / AFP
Thomas Walther no tolera que se procese a los implicados en miles de asesinatos durante el nazismo sólo por la edad avanzada de los acusados. Foto: John Macdougall / AFP

Decenas de miles murieron, principalmente por agotamiento debido al trabajo forzado y a las condiciones de detención deplorables.

Un exguardián de ese campo, de 100 años, es uno de los remanentes del nazismo que debe comparecer por estos días en Alemania por “complicidad con las muertes” ocurridas entre 1942 y 1945.

Tiempo recuperado

Josef S. es el guardián de campo juzgado. Radicado en Brandeburgo, región vecina de Berlín, Josef S. no se había pronunciado antes de su proceso. Con 21 años en 1942, tenía rango apenas de cabo primero.

Con más edad durante la guerra, “los oficiales de mayor rango han muerto hace mucho tiempo. Solo los rangos inferiores pueden teóricamente estar vivos actualmente” para declarar ante la justicia, indicó el abogado.

La semana pasada, una mujer de 96 años que trabajó como secretaria de un campo de concentración nazi iba comparecer ante la justicia alemana. Su audiencia se retrasó al 19 de octubre porque la anciana se fugó. La encontraron horas después.

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Si los criminales nazis de segundo rango deben rendir cuentas hoy día, es en gran parte gracias a una jurisprudencia que inició Walther. Por ello fue condecorado con la Cruz Federal al Mérito, máxima distinción de Alemania.

En los años 2000, aún siendo juez, Walther elaboró el documento de acusación que condujo en 2011 a la condena de John Demjanjuk, de 90 años, exguardia del campo de exterminio de Sobibor. Desde entonces, todos los engranajes de la máquina de exterminio son susceptibles de ser perseguidos.

Es una forma de que la justicia alemana se redima de su falta de ahínco en perseguir a los principales responsables.

“Soy inocente”

Con un tono claro, pese a sus 100 años de edad, el alemán más viejo juzgado por crímenes nazis defendió el viernes su “inocencia” ante las acusaciones de estar implicado en los asesinatos cometidos en el campo de concentración de Sachsenhausen. 

En su segunda audiencia ante el juez, este exguardia del campo situado cerca de Berlín declaró con firmeza. “No sé nada al respecto”, afirmó pese haber sido un excabo primero de la división “Totenkopf” (cabeza de muerto) de las SS.

Al acusado lo interrumpió rápidamente su abogado, que en la víspera había explicado que el acusado no hablaría sobre el periodo de la Alemania nazi. “Nos habíamos puesto de acuerdo con la defensa sobre este procedimiento”, protestó el letrado. Es acusado de “complicidad” en el “asesinato” de 3.518 prisioneros en el campo de Sachsenhausen entre 1942 y 1945. 

Leon Schwarzbaum, sobreviviente del Holocausto, muestra una foto familiar durante el juicio contra Josef S. Foto: Tobias Schwarz / AFP
Leon Schwarzbaum, sobreviviente del Holocausto, muestra una foto familiar durante el juicio contra Josef S. Foto: Tobias Schwarz / AFP

Esta segunda audiencia estuvo dedicada a su vida antes y después de la Segunda Guerra Mundial. En un momento, el acusado generó cierta estupefacción en la sala cuando aseguró que no “aprendió a hablar alemán hasta [su] retorno de Rusia”, en 1947.

Por su parte, Christoffel Heijer, de 84 años y que compareció como testigo al haber perdido a su padre en el campo, señaló con el dedo hacia el acusado. Heijer dijo, emocionado, que “puedo entender que, movido por el miedo o las represalias, usted no desertara. Pero ¿cómo pudo usted dormir en paz durante tanto tiempo?”. 

El juicio se celebrará en 20 audiencias de dos horas debido a la edad del acusado.

Schutz tenía 21 años cuando empezó sus tareas en el campo de concentración nazi. Es sospechoso de fusilar a prisioneros soviéticos, “de ayuda y complicidad en asesinatos sistemáticos” con gas venenoso Zyklon B y de “la detención de prisioneros en condiciones hostiles”.

Sobrevivientes del Holocausto

Desde que fue abierto, en 1936, hasta su liberación por los soviéticos, el 22 de abril de 1945, por el campo de Sachsenhausen pasaron unos 200.000 prisioneros. Decenas de miles de ellos murieron de agotamiento debido a los trabajos forzados y a las crueles condiciones de detención.

Varios supervivientes de Sachsenhausen se presentaron como acusación popular. Algunos no disimularon su decepción ante el mutismo del acusado.

Campo de concentración nazi de Stutthof, en Sztutowo, Polonia. Foto: Wojtek Radwanski / AFP
Campo de concentración nazi de Stutthof, en Sztutowo, Polonia. Foto: Wojtek Radwanski / AFP

“¡Simula que no sabe nada pese a que recuerda todo perfectamente y con detalle!”, declaró enfadado Antoine Grumbach, un francés de 79 años, cuyo padre participó en la resistencia y fue asesinado en Sachsenhausen.

“¡No está senil! Es pura manipulación del abogado, que ha optado por esta estrategia del silencio”, añadió, al término de la audiencia.

Tras un pasado marcado por la poca presión judicial sobre los autores de crímenes nazis, Alemania juzgó y condenó a cuatro exmiembros de las SS en los últimos diez años. Lo hizo tras extender a los guardias de los campos y a otros ejecutores de las órdenes nazis la acusación de complicidad por asesinato.

Pocas mujeres juzgadas, según historiadores

El otro caso que se desarrolla por estos días es el de una exsecretaria de un campo de concentración nazi de 96 años. Tras fugarse, fue puesta en libertad este martes a la espera de una audiencia el 19 de octubre.

Irmgard Furchner, que en el momento de los crímenes que se le imputan tenía entre 18 y 19 años, será la primera mujer involucrada en el nazismo que enfrenta un juicio desde hace décadas.

La acusación reprocha a la nonagenaria haber participado en el asesinato de detenidos en el campo de concentración de Stutthof, en la actual Polonia. Allí trabajaba como dactilógrafa y secretaria del comandante del campo, Paul Werner Hoppe, entre junio de 1943 y abril de 1945.

Unas 65.000 personas murieron en el campo, cerca de la ciudad de Gdansk, entre ellos “prisioneros judíos, partisanos polacos y prisioneros de guerra rusos soviéticos”.

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Según la acusación, “ella se encargó de toda la correspondencia del comandante del campo”. La cadena regional pública NDR asegura que “también mecanografió las órdenes de ejecución y deportación y puso sus iniciales”.

Tras un largo procedimiento, la justicia estimó en febrero que la anciana era apta para comparecer pese a su avanzada edad.

Distintas fiscalías alemanas examinan actualmente ocho casos que implican en particular a exempleados de los campos de Buchenwald y Ravensbrück. Sin embargo, según los historiadores Alemania ha juzgado a muy pocas mujeres implicadas en la maquinaria nazi.

La justicia ha analizado los casos de al menos otras tres empleadas de campos nazis. Una de ellas trabajaba en Stutthof, pero murió el año pasado antes de que el proceso terminara. Se calcula que unas 4.000 mujeres trabajaron como guardias en los campos de concentración.

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