Respaldos que restan

Contrario a lo que se piensa, los respaldos por parte de Iván Duque y de miembros de su gobierno a Federico Gutiérrez podrían jugar en su contra.

No es fácil no intervenir en la elección de su sucesor. Está prohibido por ley y por la opinión pública. La tradición colombiana sanciona en este tema al presidente de turno. Opinar es visto como una intromisión inamistosa en la decisión del electorado. Históricamente, afecta el respaldo del presidente, siempre gana el otro.

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Cuando se llevaron a cabo las elecciones presidenciales después del Frente Nacional en 1974, triunfó el Partido Liberal. Era lógico: reemplazaba a un gobierno godo de Misael Pastrana. En 1978, asumió Julio César Turbay, un liberal derechista en vez de Carlos Lleras, el candidato oficialista. En 1982, Belisario Betancur, el aspirante conservador, ganó derrotando a Alfonso López Michelsen, un expresidente que tenía toda la confianza del gobierno. Cuatro años después volvieron al poder los liberales con Virgilio Barco.

En 1990, César Gaviria fue elegido gracias al asesinato de Luis Carlos Galán. Así de simple. Pero en 1994, Humberto de La Calle, el hombre de Gaviria, fue derrotado por Ernesto Samper en las primarias liberales. Y Samper venció a Andrés Pastrana, el godo amigo de Gaviria. Pastrana fue elegido en 1998, en contra del liberal Horacio Serpa. En 2002, Álvaro Uribe Vélez, el liberal disidente, superó a Serpa y a Noemí Sanín, la conservadora que tenía el guiño del gobierno.

La reelección en Colombia cambió al electorado. Así, en 2006 el presidente Uribe fue reelegido, el primer caso de apoyo de continuidad en décadas. En 2010, pasó lo mismo. Juan Manuel Santos ganó con el discurso de Uribe. En 2014, volvió a triunfar el respaldo al gobierno de turno. Fue más peleado, pero, finalmente, Santos fue reelegido.

La reelección fue prohibida en 2015. En 2018, Iván Duque, el candidato de oposición al gobierno fue elegido con 10 millones de votos y asumió como presidente. Ni Humberto de La Calle ni Germán Vargas Lleras pudieron derrotar a Duque. Nuevamente, el electorado colombiano optó por el cambio cada cuatro años. Sin reelección, volvió a lo básico: escoger a un candidato que represente una alternativa diferente a la del gobierno de turno.

En 2022, la pregunta es si será posible regresar a la época de la reelección. Es evidente que eso espera Iván Duque. Su intervención en las elecciones es masiva. No sólo por la decisión de abolir la ley de garantías sino por su actitud. El gobierno tiene candidato, Federico Gutiérrez, y lo demuestra abiertamente. El malestar con el Centro Democrático fue claro cuando éste decidió no participar en la consulta el 13 de marzo. Iván Duque votó en la consulta del Equipo Colombia, quitando legitimidad al Centro Democrático.

Duque es activo en la campaña. Frecuentemente, contesta las propuestas del candidato presidencial del Pacto Histórico, el senador Gustavo Petro, aunque no le nombra. Es una actitud que no confunde a nadie ni a Petro.

Cuando arrancaron las irregularidades de las elecciones de 13 de marzo, Duque optó por opinar en un trino: “De cara a la Comisión de Garantías Electorales que tendrá lugar mañana y con el propósito de dar confianza a la ciudadanía sobre la transparencia del proceso electoral, es recomendable considerar, por parte del Consejo Nacional Electoral avanzar con un reconteo general en la elección a senado”.

Un comentario innecesario. Era evidente que no se puede hacer un recuento general ahora. La ley no lo permite. Que Duque cayera en la trampa, produjo consternación. Era otra prueba de un gobierno sin límites.

Santos, en 2018, no intervino. Sabía que sería contraproducente para sus candidatos. A Duque no le importó. Siente que el pueblo colombiano es ingrato. Que no reconoce sus éxitos, que falta comprensión y entendimiento. Una victoria de Gutiérrez sería fundamental para el legado de Duque. Y por eso, Duque y todo el gobierno opinan.

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En 2002, Noemí Sanín era una candidata presidencial poderosa. Casi llega a la Casa de Nariño en 1998; el 2002 era, aparentemente, su año. No lo fue. Las encuestas decían que los colombianos querían cambio y no iban a votar por un aspirante del gobierno. Según Gallup, el 75 por ciento de los encuestados quiere un giro de políticas para 2022. No es nuevo. Es la posición tradicional del electorado colombiano. Apostarle al gobierno y a lo mismo es riesgoso.

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