“El papá de Leandro que sale en RCN sí era así”: Sánchez Baute

Ante la demanda viral impuesta al Canal ‘RCN’ por la supuesta vulneración de la imagen del papá de Leandro Díaz, el escritor de libro en el que se basa la novela, Alonso Sánchez Baute reconoce que sí era así como lo muestran en la pantalla. Loncho dice que con ese rechazo no entiende cómo Leandro no terminó loco o drogadicto.

Especial de Clara María Mejía Zea* para Diario Criterio.

Clara María Mejía Zea: La novela Leandro, del Canal RCN se basó en su libro. ¿Qué significa para usted ver una historia suya en televisión?

Alonso Sánchez Baute: Ya había visto Al diablo la maldita primavera en teatro, que la llevó Jorge Alí Triana en su momento, y fue muy emocionante porque fue darle cara a Edwin, el protagonista. Acá es diferente, porque uno sabe físicamente cómo era Leandro, pero también es muy emocionante.   

Esta es una telenovela que la venimos trabajando con José Antonio de Brigard, presidente de RCN, desde hace muchos años. Es una novela a la que se le ha metido todo el diente, se la ha jugado por todos los detalles y la producción ha sido exquisita. Uno lo ve en la ambientación, el vestuario, la escenografía, en los diálogos… nada ha sido al azar. Leandro es el fruto de una siembra que duró como la palma africana cinco, seis, siete años, hasta que ahora está dando sus frutos.

Yo hice parte del equipo de libretistas. Tuvimos una suerte tremenda con la pandemia porque, como no se podía grabar, eso nos permitió escribir los libretos con total tranquilidad, no había presiones. Como dice un amigo mío: sin prisa, pero con alma. Es emocionante, no me lo creía, porque desde el primer capítulo, la curva de rating de RCN subió impresionante y ha seguido subiendo.

C.M.M.Z: ¿Cómo conoció a Leandro?, ¿qué anécdotas tiene con él?

Alonso Sánchez Baute: Lo conocí en 2003, diez años antes de que muriera, en una parranda, en una finca cerca de Valledupar. Era como la una de la tarde, él estaba sentado con Rafael Escalona que siempre fue un gran amigo de mi familia y yo me acerqué a saludar a Rafael y él me presentó a Leandro, estaban los dos solos. Yo le conté a Leandro toda mi admiración y le dije “casualmente acabo de publicar una novela Al diablo la maldita primavera— cuyo epígrafe dice “es elegante, todos la admiran y en su tierra tiene fama”. A él le hizo gracia eso y me preguntó por qué. Yo recuerdo que le contesté: es que es un tipo que es marica y que en su pueblo le hacen bullying, se burlan y él en algún momento dice eso: soy elegante, todos me admiran y en mi pueblo tengo fama.

Recuerdo que Rafael me dijo: “El día que escribas su historia, no olvides mencionar que fui yo el que los presenté”. Y pensé nunca voy a escribir sobre él, y mira, ya escribí su historia y ahora cuento que quien nos presentó fue Rafael.

C.M.M.Z: ¿Qué fue lo que más le impactó de Leandro cuando lo conoció?

Alonso Sánchez Baute: Su ternura, eso en un hombre adulto no deja de conmover, de llamar la atención. Los gestos, la manera como hablaba, como se movía, el respeto con el que hablaba de la gente. Con ternura me refiero a eso porque aquí también hay un tema con el lenguaje y cada quien lo coge de manera literal, entonces cree que la ternura es andar con un osito colgado en el pescuezo y pendejadas como esas.

En la novela cuento que él tenía una capacidad más allá de la vista para darse cuenta de las cosas. El tacto lo tenía muy afinado y pues con tocar la mano de una persona o la piel ya sabía quién era. Me acuerdo alguna vez que llegué a la casa de él, yo iba entrando y él estaba acostado en una hamaca, se levantó y le dijo a Ivo: “Loncho está aquí”. Ivo no me había visto.

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C.M.M.Z.: ¿Cómo fue la investigación para la novela?

Alonso Sánchez Baute: Yo a Leandro no lo entrevisté. Me vi con él unas 12 o 15 veces en parrandas y cuando iba a Valledupar lo visitaba en la casa de Ivo, su hijo. Muchas cosas que él me contó están plasmadas en el libro, frases textuales que me dijo están escritas textualmente en el libro. Pero nunca lo entrevisté porque no tenía ni idea que iba a escribir una novela o una historia de su biografía.

C.M.M.Z: ¿Por qué Leandro y no otro juglar?

Alonso Sánchez Baute: Su historia, la niñez que tuvo, el rechazo inicial… Sus primeros diez años fueron tremendos, uno no alcanza a imaginar por qué ese muchacho no terminó loco o por qué no terminó de delincuente robando por ahí, pues porque era ciego. De pronto hubiera terminado metiendo drogas o qué sé yo, es que no es para menos después de esa historia de ese padre miserable que tuvo y esa madre tan sumisa y tan machista. Afortunadamente la vida sabe hacer sus cosas y de repente llegó a vivir con ellos un personaje como Erótida que le hizo la vida, le dio el amor que nadie le daba, le dio fuerza porque el amor da fuerza, el amor da autoestima, mientras no haya ese amor el ego está completamente marchito.

A mí me conmovió mucho el personaje por eso, por la niñez que tuvo y como a mitad de su vida comenzó a conocer el éxito y reconocimiento, y sobre todo el respeto y la dignidad.

C.M.M.Z: ¿Cómo lo está haciendo Silvestre Dangond? ¿Le gusta?

Alonso Sánchez Baute: Sí. Mucho. Yo creo que Silvestre le calló la boca a medio país porque medio país estaba esperanzado con que él lo hiciera mal para poder decir, “yo se lo dije, él no es actor”. Y, sí. Silvestre no es actor, Silvestre es cantante, pero es un artista y es histriónico. Tengo claro que no es Al Pacino, pero el personaje que creó es muy creíble. Los gestos que hace con la boca, los ojos cerrados, es Leandro. Yo lo felicito y me alegra mucho el trabajo que ha venido haciendo.

Alonso Sánchez Baute Leandro
Alonso Sánchez Baute – Leandro

C.M.M.Z: Le pusieron una demanda a la telenovela porque el papá de Leandro no era así. ¿Qué piensa de eso?

Alonso Sánchez Baute: El papá sí era así. De pronto la televisión, al crear un personaje, exagera un poquito y en la literatura también. En la televisión el malo es malo y el bueno es bueno, es así de sencillo. Pero el mismo Leandro me contó mucho de estas cosas. Me contó que cuando él vivía en los pajales andaba prácticamente en cuero, que el papá no le compró nunca calzado, que nunca le compraron una camisa, que cuando era niño andaba en calzoncillos y cuando era adolescente andaba con unos cortos todo el tiempo. Cuando el comenzó a ir al Parque Zapata en Barrancas y le dieron los primeros pesitos fue cuando comenzó a vestir. Eso me lo conto él, nadie más ni lo leí. Él también me contó la historia, tremenda, además, de cuando sus padres lo abandonaron a él y a su hermano Jaime en la finca y se fueron. En la novela aparece que se fueron a buscar café y no. Tres veces lo abandonaron, en una ocasión se fueron para una fiesta y los dejaron a ellos dos solos.

El mismo Jaime, su hermano menor, me contó del famoso día de la tormenta que ellos casi mueren y que iban en el burro y Leandro comenzó a hablar en una lengua rara que él no entendía. Leandro estaba con una fiebre tremenda, ya estaba delirando.

Si eso no es maltrato qué es maltrato. Y aclaro una cosa: el maltrato emocional suele ser mucho más fuerte que el maltrato físico. El maltrato emocional nos queda adentro, es algo de lo que comúnmente la gente no habla y eso hace más daño.

C.M.M.Z: Para un vallenato, como usted, ¿cuál es la canción preferida de Leandro?

Alonso Sánchez Baute: Eso cambia. Dos papeles es una de mis favoritas, además es un canto larguísimo que no ha sido grabado en su totalidad. Me encanta la melodía de La viajerita que es un canto inédito que sale en la novela y es el único vallenato que compuso en tono menor. De mis preferidos también está El pregonero, del que Silvestre hizo una versión bellísima en el disco que sacó.

C.M.M.Z: ¿Ha sufrido usted ese maltrato emocional?

Alonso Sánchez Baute: Sí, sí, no me gustaría volver a hablar de esas cosas.

En Parábola del salmón, que es mi penúltimo libro, hablé bastante sobre eso, sobre el tema del bullying en mi infancia, sobre la burla, los gritos y las cicatrices de risas en la espalda como diría Lemebel. Ya eso quedó atrás, prefiero no hablar de eso para no revivirlo.

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Sobre ‘Al diablo la maldita primavera’

Alonso salió del clóset en la literatura con Al diablo la maldita primavera, libro que destapa el universo gay de Chapinero y acaba de ser reeditado, a 20 años de su publicación. El libro tardó cinco años en salir a la luz porque, según Alonso, el país no estaba preparado para leer la historia de un drag queen

C.M.M.Z: Al diablo la maldita primavera fue su salida del clóset en la literatura. Háblenos de eso.

Alonso Sánchez Baute: Fue mi salida del clóset en general. En la literatura fue mi salida del clóset en cuanto a que me di a conocer porque ese es mi primer libro, antes nadie sabía que yo escribía ni siquiera yo. Con la publicación de Al diablo, obviamente me tocó salir sí o sí del clóset.

C.M.M.Z ¿Fue difícil enfrentarlo?

Alonso Sánchez Baute: Yo estaba en Barcelona en ese momento. Salí del clóset a partir de una nota periodística de página entera en El Espectador y pues cuando eso salió, que fue un escándalo en Valledupar y en mi familia, no estaba aquí. Eso me dio como cierto tiempo para reflexionar, para agarrar al toro por donde hay que agarrarlo y decir: “bueno, listo, pasó esto, pues pa ‘lante”. Además, en general yo soy muy así en todo, al principio como que me da miedo con el cuero del tigre que acabo de matar pero a los dos minutos digo “bueno, listo, qué hay que hacer”.

C.M.M.Z: O sea usted no salió del clóset. A usted lo sacaron…

Alonso Sánchez Baute: Me sacaron, abrieron la puerta y me jalaron, efectivamente. “Así fue”, como la canción de Isabel Pantoja.

C.M.M.Z: ¿Cómo fue su regreso al país y enfrentar ese momento?

Alonso Sánchez Baute: Pues ya era noticia, todo el mundo sabía y ya no le di importancia. A mí me afectó mucho el momento en que llegué a la oficina y mi escritorio estaba lleno de post-it’s de “Clara Mejía quiere hacerte una entrevista para no sé qué cosa”, “no sé quién te está buscando, para no sé qué cosa, en Caracol”. Eso fue muy fuerte, me afectó muchísimo al punto que adelgacé 11 kilos en mes y medio. Con Humilda [su mascota que murió] adelgacé siete. No sabía a qué me enfrentaba, no sabía qué me iban a preguntar. Cada entrevista es como un examen oral de final de año, ¿no? Al final, el periodista sale con lo que uno menos se imagina.

Y mira que en esta reedición de Al diablo la maldita primavera, 20 años después, todos esos prejuicios que movían a los periodistas de aquel entonces (porque siempre terminaban dando vueltas para preguntarme, y yo, “bueno, qué es lo que quieres saber, dímelo de frente”) ya no están. Ahora que he estado presentando esta novela en diferentes cuidades del país los pelados ya el tema drag o el tema gay no lo tocan, en cambio el tema de la identidad les interesaba muchísimo. Eso para uno es muy diciente: “Mira lo que hiciste, siéntete orgulloso”. Hace 20 años esto era tabú, prohibido, peligroso en este país y, en estos 20 años, mira todo lo que ha pasado y, en parte, mi novela tiene que ver con eso, alguna puerta abrió por allá. Incluso muchos amigos me han dicho que salieron del clóset después de leer esa novela.

C.M.M.Z: Decía que es peligroso, Colombia no estaba preparado para este tipo de historias. ¿Le pasó algo?

Alonso Sánchez Baute: Colombia no estaba preparada, por eso las editoriales se negaron a publicarla. Se publicó cinco años después porque me gané un premio y era un requisito la publicación.

A mí gracias a Dios no me ha pasado nada en Bogotá, en Valledupar sí, pero aquí no. Bueno sí, una vez estaba haciendo fila en un supermercado y había un pelado delante de mí y el tipo me dijo: “¿Usted es Alonso Sánchez Baute?”. Le dije: “Sí. ¿Por qué?”, Y me dijo: “A mí no me toque”. Una reacción fuertísima. Le contesté: “No lo estoy tocando. Hay como un metro de distancia entre mi carro y usted”. El tipo ya se iba a violentar y la cajera que lo estaba atendiendo lo paró. Le aceptó el pago y el tipo se fue.

A mí no me ha pasado nada, pero eso no significa que no sepa lo que pasa. Tuve amigos que murieron porque fueron asesinados por algún levante que se consiguieron en la calle, alguien que llevaron al apartamento. Sé la historia de muchas travestis a quienes recogían en La Caracas, se las llevaban y las violentaban; las dejaban por allá, tiradas. Y, en parte, eso también sigue sucediendo, sobre todo en el área rural colombiana. Eso todavía es presente, quizás ya no tanto como antes, quizás ya hay una voz más fuerte para imponerse. En ese entonces teníamos menos derechos que los que tenemos ahora y era más complicado que esa voz se escuchara.

C.M.M.Z: Particularmente en Valledupar y en esas sociedades costeñas se ve mucho rechazo.

Alonso Sánchez Baute: Todavía se sigue viendo. Afortunadamente yo no vivo allá. Llevo 43 años viviendo en Bogotá. 

C.M.M.Z: ¿Tuvo algún problema con la iglesia por la publicación de Al diablo la maldita primavera?

Alonso Sánchez Baute: No. Creo que la iglesia es la que podría tener problemas conmigo. Yo, problemas con la iglesia, no tendré jamás.

C.M.M.Z: ¿Es un hombre religioso?

Alonso Sánchez Baute: Yo soy creyente, soy bautizado como católico. Pero dejemos la religión a un lado. Soy creyente y tengo una relación personal con Dios, pero no necesito ningún intermediario que me esté cobrando por esa intermediación.

C.M.M.Z: ¿No le intimidó compartir parte de su historia en este libro?

Alonso Sánchez Baute: Cuando estaba escribiendo Al diablo la maldita primavera ni siquiera tenía en la cabeza la idea de que estaba escribiendo una novela. Yo estaba escribiendo algo porque me divertía. En ese momento trabajaba en la Contraloría General de la República y salía todos los días a las cinco y punto de la tarde. Llegaba a mi casa a las seis a aburrirme. Además, estaba todo el santo día en esa pesadez de la burocracia que de verdad no me la soporto: los teléfonos sonando todo el día, los chismes de los compañeros y pues, yo necesitaba algo que me diera vida. Y fue cuando comencé a escribir Al diablo. Me divertía muchísimo. Me reía como un güevón, solo, en el escritorio, trabajando 10… 12 de la noche o una de la mañana, de las estupideces que escribía. Y eso se le pasa al lector: el lector termina riéndose de las cosas con las que uno se rio o, en el caso de Humilda, lo mismo, el dolor se transmite. Hay mucha gente que se conmueve y termina llorando.

Desde Al diablo la maldita primavera aprendí que uno tiene que escribir para uno, sin imaginarse un público, porque, entre otras cosas, esto es como los hijos, una vez ya están vivos hacen lo que les da la gana. Y al libro le pasa exactamente lo mismo, se abre camino solo y si no es capaz de abrirse camino, pues de malas para él.

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Alonso Sánchez Baute y su experiencia con ‘La mirada de Humilda’

La mirada de Humilda’, libro que actualmente encabeza la lista de los más vendidos en Colombia, relata la muerte de Humilda, su mascota, que de humilde no tenía nada. “Era una perra estrato 100”, dice Alonso.

C.M.M.Z: Ese proceso de escribir la historia de un hombre con su perra, para algunos, puede resultar cursi…

Alonso Sánchez Baute: Sí. Lo es. Lo es, no porque sea cursi, sino porque a muchas personas les parece cursi. Incluso un gran amigo mío, de esos de los que uno le permite la licencia de hablarle lo que le dé la gana —que no son muchos—, se quedó mirándome con mucha sorpresa y me dijo: “¿Tú por qué estás haciendo algo tan banal?, después de haber escrito una novela como Líbranos del bien?”, y le dije: “Pues no la estoy escribiendo. Ya la escribí. Ya falta poco”.

Es curioso porque efectivamente La mirada de Humilda cuenta la historia de la relación mía con mi perro, pero eso es lo banal, eso es lo superfluo. Lo que yo cuestiono es lo que se ha venido cuestionando la humanidad hace muchos años, que es Eros y Thanatos, el amor y la muerte, y esos no son temas para nada banales, son dos temas que nos dominan desde que la humanidad existe. Además, en medio de la novela aparece un ensayo de los orígenes del perro como tal, desde que comenzó a domesticarse el lobo hace 30 mil años y lo que significó eso para los filósofos griegos y cómo ha llegado a la filosofía, hasta nuestros días.

Pero, sí, mucha gente lo primero que dice es, “tan maricón, escribiendo sobre un perro”.

C.M.M.Z: Además, usted no es el único escritor que escribe sobre perros. También lo hace Fernando Vallejo.

Alonso Sánchez Baute: Sí. En Escombros, que es su última novela, se mete con la muerte de su perra, a la que quería, y en sus libros anteriores siempre aparecen los perros. No solo en él; los perros han aparecido en la literatura desde la Odisea. Para los que creen que escribir sobre perros es cursi, pues muchos premios Nobel han escrito sobre perros: John Steinbeck, Samuel Beckett estuvo a punto de suicidarse cuando su mamá durmió a su perra preferida; Virginia Woolf, que no ganó el Nobel, pero también escribió sobre su perro, Paul Auster… o sea, son muchos los escritores serios que han escrito temas serios sobre sus perros.

Para la literatura, todo tema es posible, lo importante es que se cuente bien. Y, bueno, yo creo que este libro quedó muy bien escrito.

Entrevista con Alonso Sánchez Baute

C.M.M.Z: ¿Cómo fue la primera cita con Humilda?

Alonso Sánchez Baute: La primera cita con Humilda es la manera como comienza la historia en mi novela. Fue el día que la adopté. Yo no tenía ni cinco de ganas de tener una mascota en ese momento, mi vida estaba en una cosa diferente, era completamente irresponsable, quería seguir la fiesta, estaba celebrando que me había ganado un premio literario, pero mi pareja en ese momento estaba con unas ganas tremendas de un perro, ya se le había vuelto un sirirí. Fuimos un día a visitar a unos amigos míos de Valledupar, y cuando estábamos hablando en la sala, empezamos a oír el lloriqueo de unos cachorros. Nos paramos inmediatamente y fuimos a conocerlos. Tam pronto nos vio este cachorro, corrió hacia nosotros tambaleándose, porque ni siquiera se podía poner en pie. Tenía apenas tres semanas de nacida. Eso a mí me conmovió y ahí fue el amor a primera vista. Fue la primera vez que nos miramos los dos a los ojos y como que la química hizo lo suyo, porque tú sabes que el perro comparte con el hombre la oxitocina, que es la hormona del amor. Ese día fue un 23 de abril, no lo olvido porque el 23 de abril es el Día del Idioma, así que fue como mucha coincidencia que ella llegara a vivir conmigo el día en que murieron Cervantes y Shakespeare.

C.M.M.Z: ¿El nombre de Humilda de dónde nace?

Alonso Sánchez Baute: No voy a contar mucho para no hacerle spoiler. En el libro dedico tres o cuatro páginas a explicar de dónde viene el nombre. Lo único que puedo decir es que nació de una equivocación, como la mayoría de los nombres de mis libros Líbranos del bien y Al diablo la maldita primavera, y pues, cuando lo escuché dije: “Ese es el nombre”.

La perra llevaba varias veces sin nombre, a cada rato inventábamos uno diferente. Yo generalmente la llamaba coneja porque parecía un conejo, era chiquitica, de diez o quince centímetros de largo. Ya después el nombre casó con su personalidad, que no era para nada humilde, por el contrario, era una perra estrato cien.

C.M.M.Z ¿Cómo usted?

Alonso Sánchez Baute: Se parecía mucho a mí, sí, en que era una perra muy bella, la diferencia es que ella era blanca y yo soy negro, pero, claramente, éramos idénticos. Ella era la hermana bonita de la familia.

C.M.M.Z: ¿Cuándo pensó que esta historia debía volverse universal?

Alonso Sánchez Baute: Universal, no sé, hasta allá todavía no ha llegado la historia. Por ahora es una historia nacional. No tenía la idea de que iba a escribir una novela sobre mi perra, pero la historia se fue dando poco a poco en mi cabeza. Como en todos los libros míos, trato de entregar lo que hay dentro de mí, en este caso particularmente el dolor, el dolor por su muerte. Al final, es un libro que está gustando mucho, afortunadamente.

C.M.M.Z: ¿Qué hizo Humilda en la vida del escritor?

Alonso Sánchez Baute: Humilda me transformó en muchas cosas, pero en la vida del escritor, no tanto. Me transformó, primero que todo, porque me volvió responsable. Todo a lo que yo le huía cambió precisamente por ella pues un perro es como un niño de dos años y eso implica cierta esclavitud de sacarlo al baño en la mañana, al mediodía, en la tarde; estar pendiente de la comida, de si se enfermó, o sea, es un hijo. Eso genera responsabilidad, así uno no la quiera, pues le toca. Dejé atrás la vida de celebración, mi casa era todos los días sábado por la noche y no volvió a serlo y eso fue muy bueno.

Una cosa muy bacana de contar es que yo escribo normalmente entre las ocho de la mañana y las ocho de la noche y cuando no me levantaba a las 8:00 de la noche, Humilda se paraba en la puerta y se quedaba viéndome, como diciéndome: “¡Hey, ya!, es hora de ir a dormir”. Mi reloj se volvió Humilda. Nunca he podido entender cómo funciona ese reloj en los animales que es tan exacto como un reloj suizo. 

C.M.M.Z: Antes de Humilda llevaba una abstinencia literaria…

Alonso Sánchez Baute: Sí, sabes, lo que pasa es que los temas lo abordan a uno en un momento en que no los estás buscando. Efectivamente llevaba tiempo sin escribir, de hecho, llevo desde el 31 de enero de 2020 sin escribir absolutamente nada de periodismo, ni columna de opinión, ni crónica, ni reportaje, nada. El único paréntesis que he hecho en estos tres años fue para escribir la historia de Humilda, que es lo que me ha sacado de esa abstinencia de escritura, como tú la llamas.

C.M.M.Z: ¿Por qué paró y dejó el periodismo?

Alonso Sánchez Baute: Es un misterio. Son unas decisiones que uno toma. Digamos que me mamé, no quiero hacer esto. De pronto me aburría, no sentía que era lo mío. Hay veces que uno tiene que parar lo que está haciendo, así viva económicamente de eso, como era el caso mío. Sentía la necesidad de parar y de cuestionarme; ver qué cosas habían perdido en el camino. Dejé de hacer periodismo y me concentré en la literatura.

C.M.M.Z: ¿Se cuestionaba como periodista y como escritor?

Alonso Sánchez Baute: Todo el tiempo, todo el tiempo. Yo creo que muchos escritores tenemos como esa idea. Lo acabo de leer en una novela bellísima de Rosa Montero donde ella se cuestiona —a pesar de que ya es una mujer mayor que yo— tanto de la escritura como de la idea del farsante. Finalmente uno se cuestiona mucho sobre eso. Yo soy un farsante porque lo que estoy escribiendo es una farsa, son mentiras. Lo que tu vendes, lo que el lector compra en el libro, son mentiras. Esas cosas lo cuestionan a uno porque tú estás metiéndote todo el tiempo en una mente que no es la tuya, como pasó con Leandro, que era tratar de entender a un hombre que era ciego.

No lo pongamos en pasado. ¿Me cuestionaba? No. Ojalá me siga cuestionando, porque si me dejo de cuestionar, pues ya me llegó la vejez. Esa es la gracia de la juventud, precisamente. No permitir que entre la vejez a la casa de uno es mantener la curiosidad viva, preguntarse todo el tiempo sobre lo que uno quiera.   

*Clara María Mejía Zea es periodista con más de 25 años en el oficio. Trabajó como redactora en la revista Cromos, libretista en Caracol Televisión, editora general de la revista Jet-Set y documentalista en Teleantioquia. Estudió periodismo y comunicación social en la Universidad de La Sabana e hizo el curso Mas allá de la escritura, de Isabel Allende, impartido por Cursiva y Penguin Random House, España, que la impulsó a dedicarse a la escritura. Recientemente publicó su primer libro, Mis primeras citas, y abrió un canal de YouTube en el que entrevista a famosos sobre sus citas más curiosas. 

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