Termina la era Merkel: el legado que dejó en sus 16 años de mandato

La vida sin crisis es más fácil. Pero cuando llegan, hay que afrontarlas“. Con estas palabras resumía Angela Merkel su periodo a cargo de la Cancillería de Alemania, un puesto al que llegó hace ya 16 años. En este largo periodo se ha encontrado con auténticas crisis, las cuales ha sabido gestionar.

En concreto, la dirigente alemana enfrentó cinco grandes crisis desde 2005: la crisis financiera de 2008, la crisis del euro, el flujo de refugiados sirios e iraquíes en 2015 y el calentamiento del planeta y la pandemia de coronavirus. Los analistas coinciden en que la gestión de Merkel ha sido correcta, aunque le ha faltado visión en algunas ocasiones.

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Rafael Loss es coordinador de proyectos de datos paneuropeos del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR, por sus siglas en inglés). Como le explicó Loss a Diario Criterio, Merkel “demostró sus habilidades como gestora de crisis, en las que logró mantener unida a la Unión Europea”.

Es el caso de las tensiones con Rusia, en donde siempre mantuvo una comunicación constante con Vladímir Putin, y lo puso incluso a raya. Loss recuerda que tras la invasión rusa de Ucrania y su anexión ilegal de Crimea, “Merkel pudo convencer a la comunidad europea de imponer sanciones y perseverar a pesar de los intereses divergentes con Moscú”. Sin embargo, más allá de esta respuesta enfática contra Rusia, “rara vez se movió más allá del statu quo, ni siquiera dentro de Alemania”.

Refugiados: su gran testimonio

La apuesta política más osada de Merkel ocurrió en el otoño de 2015, cuando decidió abrir las puertas a centenares de miles de solicitantes de asilo sirios e iraquíes.

Pese a los temores de la opinión pública, prometió integrarlos y protegerlos. “¡Lo lograremos!“, aseguró. Se trata de una de las frases más sorprendentes pronunciadas por Merkel, bastante reacia a los discursos apasionados.

Hasta entonces, Merkel había cultivado una imagen de mujer prudente e incluso fría. Para explicar su histórica decisión sobre los migrantes, adoptada sin consultar realmente a sus socios europeos, invocó sus “valores cristianos” y una cierta obligación de ejemplaridad de un país que carga el estigma del Holocausto.

Pero el miedo al islam y a los atentados llevó a una parte del electorado conservador a refugiarse en el partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD), que en septiembre de 2017 llegó al Parlamento, rompiendo así un tabú de la posguerra.

Reconocimiento durante la pandemia

La gestión de la crisis sanitaria también le valió innumerables elogios. Esta científica de formación realizó una gestión casi sin fallas del covid-19 y supo comunicar, con pedagogía y de forma racional, para hacer frente al “mayor desafío“, según ella, desde la Segunda Guerra Mundial.

El confinamiento, que le recordó su vida en la ex-RDA (República Democrática de Alemania), constituyó, a su juicio, “una de las decisiones más difíciles” en sus 16 años en el poder.

Alemania registró una situación menos dramática que gran parte de sus vecinos europeos, a pesar de una segunda ola mortífera en el otoño boreal de 2020.

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La pandemia y sus consecuencias económicas y sociales dramáticas también le han permitido a “Mutti” (“mamá“), como la llaman cariñosamente muchos alemanes, adaptarse a la crisis cambiando de paradigma.

Esta ferviente defensora de la austeridad europea tras la crisis financiera de 2008 pese a la asfixia de Grecia, propulsó el aumento del gasto y la mutualización de la deuda, lo único, según ella, que podía salvar el proyecto europeo durante la pandemia.

La pandemia impulsó su popularidad. Según los sondeos, tres cuartas partes de los alemanes se dicen satisfechos de su acción al frente del país. Incluso se oyeron voces que reclamaban un quinto mandato. Pero la primera mujer en dirigir Alemania lo descartó de plano.

Sin embargo, otras jugadas complicadas le valieron numerosas críticas, sobre todo la crisis de la deuda griega en 2011. En aquel momento, Merkel mostró una intransigencia fuerte, lo que llevó a Grecia al límite de la bancarrota y provocó recelo en Europa.

Luces y sombras en materia internacional

En 16 años, el papel desempeñado por Alemania en el ámbito internacional cambió mucho.

Y tras el ascenso de Donald Trump en Estados Unidos y el brexit en Reino Unido, Merkel fue declarada por el diario The New York Times como la “líder del mundo libre”. Así, Merkel se convirtió en baluarte de la democracia ante el ascenso de los populismos.

La relación con Estados Unidos se deterioró en los cuatro años de presidencia de Donald Trump. En todo caso, sigue siendo fundamental para Alemania. La influencia alemana aumentó en Asia y África, un continente al que viajó con más frecuencia que sus predecesores.

La canciller también profundizó en las relaciones con otros países en un deseo de que las relaciones internacionales se tornen un poco más multilaterales.

Sin embargo, su balance en política exterior es objeto de debate, ya que el peso geopolítico de Alemania continúa por debajo de su influencia económica.

Merkel cultivó las relaciones con Rusia y con su presidente, Vladímir Putin, pero esto no impidió los escándalos de espionaje, la anexión de Crimea o el envenenamiento del opositor Alexéi Navalni. Tampoco detuvo el avance del controvertido proyecto ruso del gasoducto Nord Stream 2. 

Merkel también viajó en varias ocasiones a China, aliado comercial indispensable. Por sus contactos con Pekín, Merkel fue acusada a menudo de anteponer la economía a los derechos humanos.

Lo que no hizo Merkel

Sin duda, la mandataria le deja varias tareas a la próxima administración. Por un lado está el tema medioambiental que no abordó con seriedad. En todo caso, cabe recordar que en 2011, tras la catástrofe nuclear de Fukushima en Japón, puso en marcha el abandono progresivo de la energía nuclear en Alemania.

Como señala Loss, “el Tribunal Constitucional Federal otorgó recientemente al gobierno federal un mandato de peso en el que argumenta que la política climática también debe incluir los derechos y libertades de las generaciones futuras”. Pero esto lo tendrá que ejecutar la próxima administración.

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A Merkel le hizo falta ejecutar otras reformas en Alemania y la Unión Europea. Es el caso de la injusticia social, ya que en Alemania “el trabajo paga más impuestos que la riqueza”. Y en el proyecto europeo, aunque destacó durante la pandemia, no lideró lo suficiente en política exterior y seguridad: en síntesis, “Emmanuel Macron estrechó lazos con Angela Merkel al comienzo de su mandato y ella lo decepcionó”.

En todo caso, Merkel se retira con aprobación prudente, la cual no se materializó del todo en la campaña electoral, en la que su candidato, Armin Laschet, resultó impopular. Más allá del resultado de estos comicios, en mayo Merkel afirmó que dejaba la política con una sola ambición: que no se diga de ella que ha sido “perezosa“.

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