“En Colombia hace falta más literatura que cuestione a la realidad”

Antonio Ungar publicó ‘Eva y las fieras’, una novela que recrea una historia de amor y violencia en la selva colombiana a finales del siglo XX.

Es otro autor colombiano que tiene el conflicto del país entre ceja y ceja. Dice que siente la necesidad de contar lo que ocurrió, lo que aún no cesa. Y que escribe, como con Eva y las fieras, una advertencia de cómo terminará todo si no hay respeto por el Acuerdo de Paz.

Antonio Ungar, de 47 años, vive en Berlín (Alemania). En 2010, publicó Tres ataúdes blancos, thriller y sátira sobre un dictador latinoamericano que somete a un país llamado Miranda (Colombia, en otras palabras). Con ese libro obtuvo el premio Herralde, que honra a una novela inédita publicada en español.

Pero en Eva y las fieras, publicada este 2021, hay poco humor. Sí el conflicto en Vichada y Guainía, la violencia que mataba a diario, el fuego cruzado visto desde una pertinaz mujer.

 Mucho de lo que cuenta Ungar, admite, lo vivió en aquella zona. El resto lo noveló.

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Diario Criterio: ¿Por qué se interesó en esta historia? Por todos los lados da la sensación de que usted la vivió.

Antonio Ungar: . Viví en Puerto Inírida, Guainía, entre 1998 y 1999, cuando ocurrieron los hechos. Yo los adapto, pero, obviamente, la toma guerrillera a Puerto Inírida y el bombardeo del ejército sí ocurrieron. No olvide que fue la única vez que las Farc se tomaron un municipio capital de departamento. Eva no existe, me la inventé a partir de personajes reales.

Era tan atroz lo que hacían los paras, que al contarlo en un libro nadie lo iba a creer

Antonio ungar

Diario Criterio: ¿Y qué hacía en Puerto Inírida en esa época?

A.U: Era arquitecto y me fui a trabajar allá. Había algo llamado Acción Colombia y a través de ella podía hacer un semestre de prácticas. Me fui para Puerto Inírida, luego me quedé haciendo una investigación de vivienda indígena. Me recorrí los ríos Inírida y Guainía mirando cómo los nativos construían.

Diario Criterio: Me imagino que era una zona muy caliente. De hecho, aún lo es… Además de lo que escribe en la novela, ¿qué más recuerda?

A.U: En esa época había como un equilibrio de fuerzas en esa región. Vichada estaba en manos paramilitares y de Víctor Carranza, que pagaba su propio ejército. Y Guainía, sobre todo, en manos guerrilleras, que decidían cómo se manejaban los ríos y cómo se movían la coca y las armas. Además, tiene una ventaja: en Guainía no se puede sembrar coca porque se inunda mucho. Pura selva. Se comerciaba, no se sembraba, lo que la hacía una zona caliente. No se sentía por esos pactos que había entre guerrillas y paras. Ese equilibrio frágil se rompe cuando la guerrilla se toma Puerto Inírida.

Eva y las fieras, nueva novela de Antonio Ungar
Eva y las fieras, nueva novela de Antonio Ungar. Foto: Editorial Anagrama
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Diario Criterio: Y el oro atizaba, como lo cuenta en su libro…

A.U.: Siempre el oro es un factor importante y siempre que había un descubrimiento de oro. Como cuento en la novela, tanto la guerrilla como los paras estaban listos a ver qué podían sacar de ahí.

Diario Criterio: ¿Por qué Carranza es Carriazo o por qué hay un señor de apellido Ochoa? ¿Por qué los gemelos? ¿Por qué procura una relación inmediata del lector con personajes lamentablemente históricos?

A.U: Yo creo que uno tiene una responsabilidad cuando escribe: no solamente entretener, sino hacer pensar a la gente; en este país hace falta más literatura que cuestione la realidad. Creo que a escritores exitosos como Juan Gabriel Vásquez o Héctor Abad les falta meterse más con ella y hacer pensar a los lectores. Que sufran un poco, si es necesario. A mí me gusta esa literatura que cuestiona y que se mete con la historia del país.

Diario Criterio: ¿Entonces por qué no llamar Víctor Carranza a Víctor Carranza?

A.U: ¡Ah, sí! No sé. Paranoias mías de seguridad. Víctor Carranza ya no está, pero hay mucha gente poderosa que tal vez se moleste. La gente de la guerra no lee, pero uno nunca sabe, si tiene mala suerte, que alguien lo haga. Cuando hablo de Colombia uso nombres inventados para personajes reales, que se puedan leer en este país como lo que son, pero que afuera da lo mismo si se llama Carranza o Carriazo.

Diario Criterio: ¿Qué debe tener una buena novela sobre el conflicto colombiano?

A.U: Es muy complicado. Todo es tan inverosímil. Escribí un libro, Tres ataúdes blancos (2010), una sátira contra el uribismo e investigué sobre paramilitares y control territorial, y masacres, y era tan inverosímiles las cosas, era tan atroz lo que hacían los paras, que al contarlo en un libro nadie lo iba a creer. Me acuerdo, por ejemplo, el caso de uno paras que llegan y cometen una masacre y después juegan con la cabeza de una persona. No me lo iban a creer.

Tres ataúdes blancos, novela de Antonio Ungar
Tres ataúdes blancos, novela de Antonio Ungar
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Diario Criterio: ¿Ayuda mucho, a la hora de escribir ficción, el cóctel de guerrilla, paras, militares, narcotráfico?

A.U.: Sí, pero creo que no se ha hablado suficiente de la responsabilidad de los negocios legales. Los paramilitares no salieron de la nada. Salieron, por un lado, pagados por la mafia, pero también por negocios legales: palmeros, bananeros, petroleros. Y tampoco se ha hablado suficiente de la relación entre políticos y paramilitares. Sabemos de gente cercana a Álvaro Uribe que era auspiciadora de paramilitares, pero no sabemos, o no hemos querido saber, de políticos tradicionales que tuvieron convivencia con este fenómeno.

A mí me gusta la literatura que cuestiona más. Por ejemplo, yo he aprendido más sobre narcotráfico y violencia con Elmer Mendoza o Sergio Álvarez, literaturas más agresivas.

Antonio ungar

Diario Criterio: Usted mencionó recién a Juan Gabriel Vásquez y a Héctor Abad diciendo que les ha faltado ir más allá en el tema del conflicto, meterse más a la realidad…

A.U: Tener más valor. Tanto Vásquez como Abad, o como otros, tienen mucho talento y trabajan mucho. Son muy disciplinados. Creo que es una cosa de voluntad, de querer mostrar lo que hay que ver.

Diario Criterio: ‘El olvido que seremos’, de Héctor Abad, y ‘El ruido de las cosas al caer’, de Vásquez, hablan de conflicto y muestran…

A.U: Tiene razón. Creo que son gustos personales. A mí me gusta la literatura que cuestiona más. Por ejemplo, yo he aprendido más sobre narcotráfico y violencia con Elmer Mendoza o Sergio Álvarez, literaturas más agresivas. Pero sí: estamos haciendo lo que podemos desde nuestra forma de escribir.

Sobre ‘Eva y las fieras’

Diario Criterio: ¿Por qué casi que en la primera página nos cuenta lo que ocurrirá con Eva? ¿Cuál era la intención?

A.U: Pues hago dos planos narrativos: uno en el que Eva se está desangrando en una barca, a la deriva por el río. Y el lector, desde la primera página, se pregunta si sobrevivirá o morirá, empatiza con ella, quiere saber qué pasa. Esto me permite contar a un ritmo más pausado cómo es su vida, por qué vivió en la ciudad, por qué fue a la selva, cómo fue su vida en la selva. Si lo contara cronológicamente, solo su vida, sería aburrido para el lector.

Diario Criterio: Hay algo que llama mucho la atención de Eva, que es de clase alta, rumbera, drogadicta. ¿Por qué la perfiló así?

A.U: Eva tenía que huir de la ciudad por algún motivo. Cuando viví en la selva me encontré gente así: personajes que habían podido tener un futuro muy fructífero en la ciudad pero deciden ir a la selva como huyendo de sí mismos o de algo. Yo crecí con muchos privilegios y algunos amigos, que también tenían plata suficiente para vivir bien y estudiar una carrera, optaron por la rumba y ahí se quedaron. Nunca salieron de las drogas y de la fiesta. Y quería mostrar eso, lo mismo como Eva encuentra una razón para vivir trabajando por las comunidades indígenas.

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Diario Criterio: ¿Usted cree que la descripción de la zona le hace justicia un poco a lo que es esa región?

A.U: Creo que sí. Lo difícil fue escribir sobre la selva. Y la dejo en manos de los indígenas, digamos. Lo que la novela afirma, y lo que Eva y los personajes afirman, es que la selva es incomprensible e inescrutable. Creo que solo las narraciones indígenas pueden captarla en toda su intensidad.

Diario Criterio: ¿Tuvo que haber Acuerdo de Paz para que usted escribiera esta novela o por qué tuvo que esperar casi 22 años para escribirla?

A.U: Sí, el acuerdo de paz fue clave. Pensé escribir una serie de crónicas o un libro de crónicas, pero me di cuenta de que a través de la ficción era mucho mejor. Pero no había encontrado la voz, ni la estructura. Y el proceso de paz, y sobre todo el fracaso del proceso de paz, hizo que me afanara y encontrara la forma. Era importante contar lo que fueron esos años de guerra, como una advertencia de lo que pasará si no se cumplen los acuerdos.

Otras generaciones estuvieron bajo la sombra de Gabriel García Márquez: había que escribir como García Márquez o contra García Márquez.

Diario Criterio; ¿Ha preguntado qué pasa en esa zona donde transcurre su novela, cómo es hoy? ¿Ha cambiado algo?

A.U: Sigue más o menos igual. Hay mucho narcotráfico y minería ilegal, que está acabando con los ríos. No solo eso: comercio de armas y de gasolina, y grupos armados que se disputan el territorio como ocurre en Chocó o en Catatumbo.

Diario Criterio: ¿Tuvo que ver el puesto que se gana la mujer hoy para escribir sobre una Eva libre?

A.U: Sí, pero no me inventé nada. Yo fui muy amigo de la que era la personera municipal de Puerto Inírida, un personaje como de los que hablaba ahora: no encontraba su camino en la ciudad y acabó en la selva. Y como personera protegía los derechos de los desfavorecidos. Era una mujer líder y una mujer muy fuerte. En esa zona, valga decirlo, siempre hubo mujeres muy aguerridas.

Diario Criterio: Desde fuera, ¿qué panorama tiene la literatura colombiana en este momento?

A.U:. Hay una polifonía, riqueza de voces, que le conviene mucho a la literatura. Otras generaciones estuvieron bajo la sombra de Gabriel García Márquez: había que escribir como García Márquez o contra García Márquez. Y creo que ya hay una nueva generación en la que cada quien escribe lo que quiere, con libertad y riqueza.

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