Propongo algo: bajémosle al ritmo de ver series

Estuve de vacaciones durante 18 días. Fueron un poco más de dos semanas en las que descansé, no pensé en trabajo, paseé en mi ciudad favorita, me reencontré con amigos, comí rico, dormí hasta tarde y, lo importante para esta columna, no vi casi series. Durante esos 18 días, ignoré el televisor, excepto los domingos en los que estrenaron episodios nuevos de Succession e Insecure. En 18 días, vi 4 episodios de televisión nada más. Entonces me invadió un pensamiento: “se va a acabar el año y no voy a alcanzar a ver todas las series que quiero ver y que se me están acumulando”. ¡Absurdo! Estaba de viaje en otro país, ocupada descansando y siendo feliz, ¿por qué una parte de mi cerebro se enfocaba en lo que no estaba haciendo? Porque soy víctima de un mal que afecta a una gran parte de la población: la obsesión por consumir sin parar.

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Para cualquier persona que esté suscrita en al menos una plataforma de streaming, es obvio que vivimos en una época en la que hay demasiadas series. Más de las que cualquier persona puede ver. Es imposible estar al día porque cuando uno termina una temporada, ya han estrenado otras cinco series. Desde mi punto de vista más optimista, eso es algo muy bueno. Hay series de todos los géneros, para todos los gustos, creadas por personas muy distintas en muchos lugares del mundo. Es imposible decir que no hay nada para ver.

Por otro lado, desde mi punto de vista más ansioso y pesimista, veo este panorama con algo de angustia. En una columna de hace unos meses les hablé de mi desagrado hacia la función de autoplay que viene por default en todas las plataformas para ver series. Eso está muy atado a lo que estoy intentando decir hoy. Creo que ese ritmo desenfrenado de consumo –que, por supuesto, tenemos como sociedad en todos los ámbitos: consumo de comida, consumo de ropa, consumo de recursos naturales– nos lleva a ser menos conscientes de lo que estamos viendo.

Hacer binge watching, o darse un atracón de series, es divertido, pero en mi caso olvido muy rápido las tramas y los personajes de esas series que me clavo en una sentada. Recuerdo mejor las que veo con calma. Y no soy la única, un estudio de la Universidad de Melbourne encontró que, aunque sí recordamos muy bien los detalles de una serie apenas terminamos de maratonearla, con el paso del tiempo esos recuerdos se diluyen con más rapidez que si la hubiéramos visto despacio. Eso explica por qué recuerdo nombres de personajes secundarios de series que vi en los 90, pero no puedo recordar el nombre del personaje de la serie de Netflix protagonizada por Paul Rudd. Carajo, ni siquiera recuerdo el nombre de la serie.

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A veces parece como si ver series fuera una competencia; al menos así se siente en las conversaciones con amigos, familia, compañeros de trabajo y conocidos de redes sociales. Qué importa cuál serie vimos hace ocho meses, lo importante es meterse los nueve episodios de El juego del calamar en menos de un día. Hay que terminar una temporada y de una vez empezar a maratonear otra y luego otra y otra, sin detenernos a pensar y a procesar lo que vimos. Porque hay que estar al día. Porque hay que ver lo que todo el mundo está viendo para entender los memes y estar en las conversaciones. Lo curioso es que esas conversaciones de series cada vez son menos sobre lo que acabamos de ver sino sobre lo que hay que ver después. Si me dieran un dólar por cada vez que digo que me gustó una serie y alguien me responde con: “¿y ya te viste esta otra?”, ya sería tan cochinamente rica que seguro estaría mandando un cohete al espacio.

Soy consciente de que corro el riesgo de sonar como un anciano gritándole a una nube. No crean que estoy diciendo que todo tiempo pasado fue mejor o que “los jóvenes de hoy en día” no saben ver televisión. Soy muy feliz en esta época en la que vivimos; o sea, ¡vivo de ver series y de escribir sobre ellas! Y tener tantas a mi disposición, poder verlas con tanta facilidad, me parece maravilloso. Pero pero pero… (con voz de Jorge de Te lo resumo así no más) sí me gustaría que nos calmemos un poco. Que respiremos. Que no transformemos algo tan potencialmente relajante y satisfactorio como desconectarse del mundo y conectarse a una historia que se mueve ante nuestros ojos a través de una pantalla, en una competencia de quién es el más rápido, el que más consume, el que más ha visto. Porque, en últimas, esto es ocio y no hay nada más cansón que meterle la presión y la afanadera con las que muchos vivimos en nuestras vidas laborales a algo tan hermoso como el ocio.

3 Comentarios

  1. Es cierto, he optado por terminar de ver solo las series que tenía iniciadas y con ” consumo moderado” y no ver series nuevas .

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