En la costa Pacífica colombiana, las ballenas cantan sus propios vallenatos

Para que lleguen siempre puntuales a nuestra cálida costa Pacífica, las ballenas jorobadas deben recorrer, huyéndole al invierno austral, más de 8.000 kilómetros desde la península Antártida o la Patagonia chilena.

No existe algo que se pueda comparar al éxtasis de ver a una criatura de 15 metros de largo y 40 toneladas de peso hacer una cabriola fantástica en el aire, para luego caer con estrépito y crear una repentina tempestad.

Desde este mes de julio hasta octubre es la temporada de festivales ballenatos en Colombia. Hay dos tipos de festivales en ambas costas que, aunque disímiles, colman las exigencias de los turistas más emperifollados y exigentes. Ambos tipos de festivales se deben experimentar, al menos, una vez en la vida.

Los festivales vallenatos representan la esencia del folclor de la costa Caribe, como el de Cuna de Acordeones, en Villanueva, La Guajira; el de Francisco El Hombre, en Riohacha; o el más conocido de todos, el de La Leyenda Vallenata, en Valledupar, ciudad reputada como la capital mundial del vallenato. 

Y los festivales ballenatos, en la costa Pacífica, como el de Tumaco, ‘La Perla del Pacífico’; el de Gorgona, en el Parque Nacional Isla Gorgona; el de Nuquí, en el golfo de Tribugá; el de Bahía Solano, en la ensenada de Utría; o el más conocido de todos, el de Juanchaco y Ladrilleros, en el Parque Nacional Natural Uramba, Bahía de Málaga, en la zona rural de Buenaventura, ciudad reputada como la capital mundial de las ballenas jorobadas, pues tiene la más gigantesca salacuna del mundo. 

Los unos son festivales con mucho contenido ancestral y cultural, pródigos en poetas y cantores; mientras los otros son un espectáculo natural en el que las ballenas cantan sus propias sinfonías, sus propios vallenatos.

También, de Pedro Luis Barco: Buenaventura, mucho más que la capital mundial de las ballenas jorobadas

Para que lleguen siempre puntuales a nuestra cálida costa Pacífica, las ballenas jorobadas deben recorrer, huyéndole al invierno austral, más de 8.000 kilómetros desde la península Antártida o desde la Patagonia chilena. Distancia que cubren entre dos y cuatro meses, viajando sin parar para alimentarse, sobreviviendo gracias a sus reservas de grasa. 

No existe experiencia igual o que se le pueda comparar. El éxtasis es ver a una criatura de 15 metros de largo y 40 toneladas de peso, hacer una cabriola fantástica en el aire, para luego caer con estrépito y crear una repentina tempestad. Los viajeros se quedan sin aliento. Todos enloquecen y la gritería es fenomenal.  Tiene, según me contó un trotamundos experimentado, un mayor contenido emotivo que el de los safaris fotográficos en las tierras africanas.

Buenaventura y Tumaco son, en nuestro país, los mejores y más económicos lugares para el avistamiento de ballenas y ballenatos, dado que se puede llegar a sus zonas urbanas por las dos únicas carreteras existentes en el país, para después realizar cortos viajes en lanchas; mientras que llegar a Bahía Solano, Nuquí o Gorgona, suponen viajes aéreos o largas travesías por barco.

Avistamiento de ballenas, Buenaventura
Entre los meses de julio y noviembre llegan a la costa Pacífica colombiana las ballenas que hacen un recorrido de más de 8.000 kilómetros desde el Polo Sur, en Bahía Málaga.

Algunos científicos sostienen que la población mundial de yubartas no pasa de 40.000 ejemplares de los cuales cada año viajan y regresan, por el océano Pacífico, por lo menos 6.000 entre la Antártida y Centroamérica. De estas, 1.200 se quedan cuatro meses en nuestras costas: las ballenas colombianas. 

Lo que todo turista debe tener en cuenta es que los avistamientos deben hacerse con apego a estrictas normas que buscan que no se interfiera la vida normal de estos grandes cetáceos. Las ballenas, aunque son muy curiosas, no vienen a vernos, vienen a aparearse y dar a luz a sus ballenatos. 

Las ballenas yubartas, también conocidas como jorobadas, debido a la curvatura que muestra su columna cuando se sumergen en el agua, se distinguen por su lomo negro y su barriga blanquecina, su cabeza nudosa y sus largas aletas pectorales que alcanzan a medir cinco metros de largo. Como es usual entre las ballenas, las hembras son más grandes que los machos. 

Las ballenas, en todo el orbe, estuvieron al borde de la extinción tras casi dos siglos de caza, pues los arponeros se aprovechaban de que son nadadoras de ritmo lento; pero ahora, como atractivo ecoturístico, representan un importante renglón económico en todo el mundo.

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Juanchaco y Ladrilleros, corregimientos de Buenaventura, son un paraíso ecoturístico enclavado en la selva. A estos corregimientos es muy fácil llegar, ya que se encuentran a media hora de Buenaventura en lancha rápida. El viaje es agradable por el viento suave y el formidable paisaje marino. Como el paseo es costanero, se pueden apreciar los acantilados sobrevolados por pelícanos, gaviotas y alcatraces, hecho que denota la riqueza del mar en peces tropicales.

La maravillosa confluencia de mar, playa y selva nos advierte que es una de las zonas más ricas del planeta en cuanto a vida animal y vegetal se refiere. El verde en todos los tonos pulula por los resquicios y las flores tropicales explosionan sus colores brillantes a cada paso. 

Porque Juanchaco y Ladrilleros se encuentran en uno de los pulmones naturales del planeta, cercados por la selva tropical húmeda del Chocó biogeográfico, “siempre húmeda y siempre verde”. 

Incluso, en la bahía de Málaga está el sitio más hermoso del costeño departamento del Valle del Cauca: las ‘Tres Marías’, en donde el río La Sierpe rompe la selva y se arroja al mar desde el acantilado en tres cascadas.

La riqueza gastronómica es inigualable, pues las lugareñas preservan con celo las antiguas recetas y abundan especies como el pargo, el mero, la sierra, la salmoneta, el jurel, el róbalo, el atún, el sábalo, la corvina, además de camarones, cangrejos y jaibas. 

A todos los que vengan este año al festival ballenato del Pacífico colombiano les aseguro que serán felices en este rincón del Pacífico que resume todo el esplendor del trópico suramericano. Solo resta desearles, como decía el periodista bonaverense Lides Renato Batalla, de “buen tiempo y buena mar”. Ah, y que ojalá se topen con la ballena albina.

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3 Comentarios

  1. Que lindo retalo del pacífico colombiano y de la belleza del avistamienton de las ballenas . Es un hermoso plan para conocer la belleza de este destino .

  2. Ernesto Díaz Ruiz

    Que buen retrato de las características del paisaje costeño del Valle del Cauca y de sus ancestrales visitantes, que por milenios vienen a alimentarse, jugar y procrear.

  3. Ernesto Díaz Ruiz

    Que buen retrato de las características del paisaje costeño del Valle del Cauca y de sus ancestrales visitantes, que por milenios vienen a alimentarse, jugar y procrear.

    A finales de los 90s, luego de unos cuantos viajes a Juanchaco Ladrilleros, en una noche de bohemia, se nos ocurrió a tí, a Manuel Tiberio y a mí, hacer un anuncio para promover el avistamiento de ballenas el el litoral. Así nació el “Festival Ballenato”, nombre con el que hicimos la campaña en esa época.
    Recuerdo que fuimos llenos de alegría y entusiasmo a La Loma de San Antonio con tus 2 hijos Pedrito y Beatriz y 4 de sus primos, muy jóvenes todos, Lorenita Barco era una niñita entonces, a grabar el video que aquí te pongo, como un bonito recuerdo de ese momento y de lo que pasó a lo largo de los años siguientes.

    https://youtu.be/KkOLE8HFG74

    Todos ellos, han sido grandes profesionales.

    Gracias Pedroluis por este “recorderis”.

    ¡Abrazo!

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