David Barguil y Miguel Polo Polo: ¿utilizan la democracia para acabar con ella?

Candidatos presidenciales y al Congreso hacen peligrosas promesas de campaña que mutilarían la ya golpeada democracia colombiana.

Jason Stanley, profesor de filosofía de la Universidad de Yale, en su libro: ¿Cómo funciona el fascismo?, explica los diez “conceptos claves para entender el auge y los peligros de los nuevos tiranos del mundo“, desde Donald Trump hasta Vladimir Putin. Aclara que estos gobiernos, como tal, no son (o fueron) fascistas, sino que recurren (o recurrieron) a estrategias puestas en prácticas en la Alemania nazi de mediados del siglo XX.

Democracia versus Democracia

Stanley advierte que una de las características de los nuevos lideres o partidos políticos de extrema derecha es utilizar la democracia y su ideal de libertad para ser elegidos. En otra palabras, prometen que, si son elegidos, pondrán en práctica medidas autoritarias que beneficiarán al conjunto de la sociedad.

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Lo sorprendente, explica Stanley, es que estas promesas de campaña son populares. La razón: los candidatos también se encargan de promover la percepción de que sus propuestas son necesarias para asegurar la seguridad de una comunidad o evitar la circulación de ideas dañinas. También apelan a los miedos y prejuicios de los ciudadanos. Por eso los discursos xenófobos, racistas u homofóbicos resultan efectistas a la hora de captar votantes.

El Fascismo utiliza la democracia para destruirla

La historia nos dice que los líderes fascistas suelen llegar al poder después de ganar unas elecciones democráticas (…) Los fascistas conocen bien esta estrategia, que consigue que las libertades de la democracia, se vuelvan en su contra. Joseph Goebbels, ministro de Propaganda nazi, afirmó en una ocasión: ‘una de las mayores bromas de la democracia siempre será que les dio sus más acérrimos enemigos los medios necesarios para destruirla“‘, dice el profesor de Yale.

Por supuesto, lo dicho por Stanley no significa que la ultraderecha aspire a implantar regímenes fascistas como lo hicieron Aldolf Hitler o Benito Mussolini, pero sí gobiernos en donde una parte de las libertades sean restringidas y la democracia debilitada. A lo largo de la segunda década del siglo XXI, países en el mundo han dado ese giro por medio de elecciones: Polonia, Turquía, Hungría, India, Brasil, por decir algunos (los casos de autoritarismo en Venezuela y Nicaragua, iguales de peligrosos a los de aquí mencionados, hacen parte de otro fenómeno al analizado por Stanley).

Promesas antidemocráticas

Aunque, la verdad sea dicha, ningún candidato a la Presidencia o al Congreso en Colombia propone instaurar un régimen fascista, algunos sí tienen propuestas autoritarias que lesionarían seriamente la democracia y estigmatizarían a amplios sectores de la sociedad colombiana. Un caso es el del candidato oficial a la Presidencia por el Partido Conservador, David Barguil.

EL pasado 26 de enero, en su discurso en la Convención Conservadora que lo proclamó candidato oficial, Barguil dijo: “Quiero anunciar de manera pública que, inmediatamente lleguemos a la Presidencia de Colombia, estamos listos para decretar la conmoción interior. Y, de manera simultánea, presentaremos al Congreso una reforma constitucional que plantee que, ante problemas que tocan la seguridad nacional del país, no caben consultas y que la droga será erradicada con todos los mecanismos disponible, incluida la fumigación“,

El candidato conservador no terminaba de pronunciar su sentencia cuando empezaron a escucharse aplausos y vivas en el auditorio. Pero lo que fue para unos alegría, para otros causó preocupación. ¿Cómo un candidato promete que su primer acto en la Presidencia sería gobernar bajo una figura extraordinaria que subvierte el orden constitucional?, se preguntaron unos.

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Para salirle al paso a sus críticas, Barguil aclaró que su discurso tenía que ver con la reciente decisión de la Corte Constitucional de frenar el plan de gobierno para fumigar los cultivos ilícitos y que protegió la consulta previa. En ese sentido, su propuesta sería declarar el estado de conmoción interior de manera momentánea y solo dirigida a crear un acto legislativo expedito, vía Congreso, que prohíba la consulta previa en temas relacionados con la seguridad nacional.

Sin embargo, la aclaración generó aún más dudas: ¿Será que Barguil no sabe que tanto el decreto que declara la conmoción interior como las leyes que se producen durante el periodo de vigencia tienen que pasar el examen de la Corte Constitucional, según la sentencia C-070/09? ¿Desconoce el candidato que, de acuerdo con la jurisprudencia de este mismo alto tribunal la consulta previa es un derecho fundamental y que su reforma no es tan fácil como él lo sugiere?

Acabar con el sindicalismo

Al tiempo que Barguil lanzaba la propuesta de la conmoción interior, el activista en redes y candidato que aspira a obtener una curul en la Cámara de Representantes por las negritudes, Miguel Polo Polo, lanzó una propuesta igual o más antidemocrática. “Si llego a la camara (sic) presentare (sic) los proyectos de ley que sean necesarios para asfixiar a FECODE hasta que dicho sindicato desaparezca. No podemos permitir que sigan llenando de cucarachas los cerebros de nuestros niños y jóvenes“, escribió en su Twitter Polo Polo.

Palabras más, palabras menos, propone acabar con uno de los sindicatos más tradicionales del país que congrega a 270.000 docentes, según datos de Fecode, y, de paso, violar los artículos 38 y 39 de la Constitución de 1991 y la normas internacionales como el Convenio CO87 de la Organización Internacional del Trabajo “sobre la libertad sindical y la protección del derecho de sindicación“. Promesa propia de un gobierno autoritario y que acaba con uno de los pilares de la democracia: el derecho a la libre asociación.

Aunque puede haber un desconocimiento del orden constitucional y jurídico por parte de Polo Polo, su propuesta no es fortuita. Hace parte del ADN, como lo menciona Stanley, del pensamiento ultraderechista de las ultimas décadas en el que no ve con buenos ojos el sindicalismo.

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Según el profesor de Yale “el sindicato es el principal mecanismo que tiene una sociedad para unir personas muy diferentes. En las asociaciones sindicales se fomenta la colaboración y el sentido de comunidad (…) el fascismo necesita una sociedad atomizada cuyos individuos hayan perdido la conexión que los une más allá de sus diferencias. Los sindicatos crean unos lazos comunes en parámetros de clase y no de religión o raza. Es el motivo por el que los sindicatos son un objetivo preferente del fascismo“.

Las dos particulares propuestas de Barguil y Polo Polo, aunque difíciles de cumplir, sí muestran una realidad: que los colombianos están dispuestos, por diversas razones, a abrazar propuestas autoritarias, si no fuera así, los candidatos se abstendrían de hacerlas. El problema radica en que buscan vulnerar la democracia mediante medios democráticos.

4 Comentarios

  1. Los colombianos están tan desesperados que no están analizando bien las cosas y con el cuento de no querer más de lo mismo, piensan en votar por Perro, Barguil y Polo Polo, ahí es cuando vamos a quedar como Cuba, Nicaragua y peor aún como Venezuela. El asunto no es votar por votar. Si nos parecen malucas ciertas cosas, si algunos de ellos gobierna nos va a tocar comer de la que sabemos y no habrá retorno.

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