Niebla, secuestro y la degradación de las élites, en la novela de Jorge Enrique Botero

Un análisis de ‘Blanca oscuridad’, el más reciente trabajo del periodista que por muchos años ha cubierto el conflicto armado en Colombia.

Por Hernán Darío Correa

En esta frenética novela, tan intensa como los sucesos y los días que narra, se juega una doble metáfora: una explícita, la niebla que da lugar al título, y otra implícita, quizá más abarcadora: el juego de espejos de la atrocidad del secuestro, en el cual sale a flote lo más profundo de las crueldades de este delito, pues a pesar de la inhumanidad de los conocidos socavones de esa industria anidados en la prisión, el aislamiento, la incertidumbre del secuestrado y de su familia, o la degradación de sus captores, resulta que otra faceta siniestra se cocina en las alcobas y en las salas de las casas de las víctimas, donde se fragua la traición, la ambición, el cálculo de la avaricia, la especulación con el sufrimiento y hasta con la vida del hermano, o del padre. 

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La metáfora de la niebla da lugar al título: ‘Blanca oscuridad’. Poseídos por la niebla los guerrilleros secuestradores apelan al espiritismo como forma de afrontar sus destinos y los de su proyecto colectivo en medio del aislamiento, dándole curso a delirios como los del fantasma del Libertador, reinventado por una macabra maniobra de infiltración militar dentro de la guerrilla y por el desespero de unos comandantes embriagados con la épica de su martirio en medio de la manigua.

Bolívar dando órdenes y tratando de organizar el ejército del pueblo y el futuro de la República, o cumpliendo misiones “de inteligencia” diseñadas por el comandante de una brigada del ejército que combate a la guerrilla.  Demencias retroalimentadas. Anacronismos y crueldades, la puerilidad de la historia patria, narcicismo y megalomanías en el ejercicio de los pequeños poderes de las instituciones armadas legales e ilegales; los juegos de espejo de la violencia…

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Se trata, en efecto, de una historia sobre destinos personales que se precipitan dentro de la tragedia de este delito convertido en una patética institución, ahora por decisiones que se toman a lado y lado del conflicto armado, en las oficinas gubernamentales, en las gerencias de las empresas, o en las selvas. Dentro de esos destinos no están ausentes los de las bastardías dentro de las élites, las cuales son redimidas por el sino de los genes escondidos y negados, como en las telenovelas, en cuya lógica de algún modo se apoya parte de la fábula de este libro, y en las cuales, como se sabe, son definitorios los encuentros humanos por encima de los orígenes de clase. “El derecho de nacer” conquistado contra viento y marea y por encima de las adversidades y las exclusiones…

Alrededor y desde las trágicas experiencias de los años noventa y de las dos primeras décadas de este siglo, el país ha venido encontrando y acumulando una narrativa que empieza a dar en el clavo en el develamiento de uno de los nudos más apretados de los extravíos nacionales, atados por los hilos de la familia, el poder y los negocios. Todo un crisol de pasiones tristes…

Poseídos por la niebla los guerrilleros secuestradores apelan al espiritismo como forma de afrontar sus destinos y los de su proyecto colectivo en medio del aislamiento, dándole curso a delirios como los del fantasma del Libertador

Quizá por ello la historia recoge otro aspecto dejado de lado por el patriarcalismo: El lugar de las mujeres en los destinos nacionales, tal vez porque el hilo grueso de ese nudo es la familia y las relaciones afectivas, también a lado y lado del espectro de esa atrocidad.

Activas, decisivas, discretas, agudas, las mujeres definen el cambio dentro de la guerrilla, la liberación del secuestrado, las decisiones en las empresas de la familia, que en esta historia es de forma alusiva pero evidente la dueña un noticiero de televisión, heredera del “Monstruo” del conservatismo de mediados del siglo pasado, demandante del gobierno por el asesinato de su patriarca, propietaria de empresas y de una gran fortuna, en fin, un grupo representativo de lo más granado de la élite bogotana.

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Justo en medio de la actual debacle nacional, esta historia se suma a la reflexión sobre lo que nos pasó durante las décadas anteriores, aportando a la memoria y a la verdad desde un puente tan necesario como iluminador en todo proceso histórico y cultural: el que va del periodismo a la literatura, que en país ya ha visto pasar buena agua bajo sus arcos con una producción narrativa que ya es significativa.   

Así, asuntos como los imaginarios de los supuestos poderes vivificantes de la conjugación de acción, dinero y poder, que conocimos en la creciente de los dineros conjugados del narcotráfico y de la bonanza petrolera; o la oscura polifonía de las sincronizadas degradaciones urbana (el cartucho, ¡un escenario donde llegan los hilos de aquellos nudos!), del Congreso y la política, de las costumbres nacionales y de los medios masivos de comunicación, desfilan y se hacen sentir en el laberinto de esta historia, cuya intensidad parece reflejar la de aquellos años en que se dispararon todos los elementos que ahora definen nuestra propia niebla como país.

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