Bogotá, 17 años con el mismo POT

A pocos días de que se acabe 2021, todavía no está claro si habrá un nuevo Plan de Ordenamiento Territorial (POT) en Bogotá, que lleva con el mismo desde 2004. ¿Por qué esto no ha sido posible?

Bogotá tiene grandes problemáticas qué resolver: su caótica movilidad, los retrasos en la gestión del suelo, la no integración del espacio público y la contaminación ambiental, que sigue a niveles muy altos, entre otras.

Para solventar estas dificultades y construir una Bogotá que se adecue a las nuevas necesidades de sus ciudadanos, se necesita un nuevo Plan de Ordenamiento Territorial (POT). Sin embargo, las disputas, los ajustes de cuentas y la lucha de poderes en el Concejo de Bogotá han impedido que esto sea posible. 

Bogotá tuvo su primer POT en 2000, durante la Alcaldía de Enrique Peñalosa, que sirvió para poner fin a los ‘timonazos’ de los alcaldes en la dirigencia de la ciudad y hubiera continuidad. Posteriormente, la administración de Antanas Mockus le hizo una revisión estructural. Luego, Luis Eduardo Garzón consolidó ambos planes en un solo documento y adoptó el decreto distrital 190 de 2004. 

Ese POT es el que actualmente rige para Bogotá. ¿Por qué ha sido tan difícil construir una visión conjunta de la ciudad?

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 El POT en la administración de Samuel Moreno

Samuel - Alcaldía - POT
Foto: archivo Alcaldía.

En 2008, el POT de Garzón llevaba más de la mitad sin ejecutar. A pesar de eso, el entonces alcalde Samuel Moreno anunció una revisión excepcional del plan con el argumento de que debería tenerse en cuenta un nuevo elemento: “El futuro del Sistema Integrado de Transporte Público, incluidos el Metro y el Tren de Cercanías”

En un principio, se habían concertado tres etapas de desarrollo para ejecutar un buen POT. No obstante, en 18 meses de trabajo, según manifestaron los concejales de ese momento, la administración se quedó en la primera etapa. 

El proceso de revisión del proyecto se extendió durante gran parte de la administración de Moreno, e incluyó la firma de 27 contratos y 28 órdenes de consultoría por unos 1.300 millones de pesos. En marzo de 2011, el Consejo Territorial, que recibió borradores del proyecto, manifestó que “no tendría sentido insistir en la presentación del proyecto al Concejo”, porque, en su concepto, no tuvo en cuenta las recomendaciones de la ciudadanía. Los cabildantes de entonces compartieron esa posición.

Finalmente, a Moreno se le hizo tarde para reformar el proyecto. Además, en mayo de 2011, el alcalde fue destituido por su participación en el carrusel de la contratación. 

Los tropiezos del POT de Gustavo Petro

Gustavo Petro y POT
Foto: Diario Criterio.

En 2013, Gustavo Petro llevó su propuesta para modificar el POT, conocida como MEPOT, al Concejo de Bogotá. En el proceso, se presentaron tres ponencias, dos positivas y una negativa. Esta última, en cabeza del entonces concejal liberal Miguel Uribe Turbay. 

Tras un intenso debate, la mayoría de los 15 concejales que hacían parte de la Comisión del Plan apoyó la ponencia negativa, con nueve votos a favor y seis en contra. 

Ante la negativa del Concejo, Petro decidió expedirlo mediante el decreto 364 del 2013. Esta movida llevó a que el Consejo de Estado suspendiera provisionalmente la norma, pues “el alcalde se arrogó una facultad de la cual carecía”.

Según recordó el alto tribunal, el mandatario solo podía expedir por decreto el MEPOT si, luego de los 90 días de plazo, no hubiese sido aprobado por el Concejo. Sin embargo, ese no fue el caso: el proyecto se presentó en los “términos establecidos por la ley” y fue negado mediante el debido debate. 

Luego de esto, el 9 de diciembre de 2013, Petro fue destituido de su cargo por las supuestas irregularidades en la reforma del sistema de recolección de basuras. Esto solo duró unos meses; el 13 de mayo de 2014 el Consejo de Estado le dio el aval para regresar al Palacio de Liévano, luego de analizar los argumentos incluidos en una tutela que pedía frenar la destitución.

A su regreso, Petro se la jugó nuevamente e intentó salvar algunos de los artículos incluidos en el POT, mediante decretos. Uno de ellos fue el 562, que exponía la posibilidad de construir edificios altos para redensificar. Este, no obstante, fue derogado por Peñalosa a su llegada. 

Cabe resaltar que, aunque lo suspendió, el Consejo de Estado aclaró que la competencia para declarar o no la nulidad del MEPOT correspondía a un juez administrativo. En mayo de 2019 –ya con Peñalosa como alcalde– llegó esta decisión, pues el juzgado segundo administrativo de Bogotá lo declaró nulo, retomando el argumento de que Petro no tenía la competencia para haberlo expedido por decreto. 

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El POT de Peñalosa, otro caído

Peñalosa - Alcaldía
Foto: archivo Alcaldía de Bogotá.

En 2016, cuando regresó a la Alcaldía de Bogotá, Peñalosa se propuso presentar un POT vía acuerdo. Por esto, luego de meses de trabajo, en noviembre de 2019, presentó su visión de ciudad al Concejo de Bogotá. 

Luego de un largo y tendido debate, la ponencia negativa del concejal Celio Nieves ganó con una votación de siete contra cinco. La decisión fue celebrada por algunos concejales que argumentaban que el proyecto beneficiaba a los constructores.

Aunque en un principio se planteó la posibilidad de la expedición por decreto, el hecho de que sí se hubiera debatido en el cabildo distrital le dio fin a esa opción. Por esto, la tarea de plantear y tramitar un nuevo POT le quedó a la administración de la actual alcaldesa Claudia López. 

El POT de Claudia, sin discusión

Claudia López. Foto: Alcaldía de Bogotá
Foto: Alcaldía de Bogotá

Cuando se presentó su proyecto, parecía muy probable que la alcaldesa lograra lo que ni Petro ni Peñalosa alcanzaron: la aprobación de un POT por acuerdo del Concejo. Esta esperanza, sin embargo, terminó. El Concejo se quedó  sin tiempo para aprobar el proyecto debido a una serie de impedimentos, recusaciones y tutelas. 

Esos recursos, que provinieron tanto de la administración distrital como de la oposición, impidieron la discusión democrática de los 608 artículos del POT, que serían la hoja de ruta de la ciudad hasta 2035 en temas de movilidad, crecimiento urbano, entre otros. 

Esto dejó dos posibilidades. Una de ellas es volverlo a presentar en 2022. Esta opción, al parecer, sería descartada, puesto que habría que empezar de cero todo el proceso, volver a concertar con las comunidades y enviarlo, de nuevo, al Consejo Territorial de Planeación, etcétera. Además, el próximo año es de campaña electoral.

Expedirlo por decreto sería entonces la opción por la que se inclinaría la administración, pues, con el plazo vencido, tiene completa facultad para hacerlo. Sin embargo, varios miembros del Concejo le enviaron una carta a la alcaldesa en la que le pidieron que radicara el POT el año entrante.

A pesar de que en principio había esperanza de lograr un Plan de Ordenamiento Territorial por consenso y con una visión compartida de ciudad, lo cierto es que la ciudad está muy lejos de eso. En lugar de los intereses de los ciudadanos y el desarrollo de Bogotá, están primando las luchas de poderes y los egos.

4 Comentarios

  1. Muy preocupante que durante 17 años y tres administraciones no hayan dejado ningún legado positivo para la ciudad. La politiquería y rivalidad tanto de concejales y alcaldes egoístas que solo piensan en acabar con lo poco que deje la anterior administración anterior, no dejan progresar la ciudad, concejales amangualados con los intereses de urbanizadores codiciosos y por el solo hecho de sabotear a oponentes políticos no han dejado que la ciudad avance. Una sociedad donde solo prima el egoísmo de sus dirigentes sin ningún compromiso ni vocación del servicio, solo el saqueo y el saboteo politico, ninguna idea, trabajo para realizarla en trabajo de equipo, todos con todos por el contrario con deseo de protagonismo individual y no protagonismo colectivo. Seguiremos asi indefinidamente mientras no se cambie la manera de pensar

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