El amor y la muerte de Candy

Existen diferentes elementos de un crimen que nos llaman la atención: el hallazgo, porque interrumpe un escenario que consideramos normal y lo invade de algo ajeno, desconocido, misterioso y doloroso; la investigación, porque nos provee de detalles que enriquecen una ya sensacional historia; y el autor, porque, inevitablemente, nos crea esa curiosidad de entender que lleva a un ser humano a terminar con la vida de alguien más.

Puede que este interés sea una vaina generacional y odio volver todo una cuestión de género, pero en este caso parece también extrañamente encajar, y creo no exagerar (aunque estoy segura de que no me alejo mucho de la realidad), cuando digo que las mujeres millennials estamos obsesionadas con el crimen.

No puedo contar con los dedos de mi mano las tardes en las que he devorado documental tras documental de asesinos en serie, ritual que empezó con Investigation Discovery cuando apenas empezaba mi bachillerato. Además, incluí en mi lista de series imperdibles de 2022 a Dahmer, aún me molesta gravemente que Netflix haya cancelado Mindhunter (y siento que David Fincher no peleó lo suficiente por ella).

Por otro lado, Serialmente es uno de mis podcasts más escuchados y los buenos thrillers policiales, de esos que entran sin esfuerzo a las listas de best-sellers y que son promocionados como lecturas de playa, me encantan.

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Entre esta lista, que cada vez es más larga, están las miniseries que, para mi, tienen el formato ideal para contar la historia de un crimen, ya sea real o no. Y hay historias que parecen hechas para la televisión. Un ejemplo es el tema que nos convoca en esta columna: la historia de Candance Montgomery y Betty Gore.

El crimen en sí es bastante simple: Candy tuvo un amorío con el marido de Betty. Ambas discuten. Candy mata a Betty. Uno más uno es dos. Uno diría que no hay nada especial, ni extraño y que es algo que podría pasar en cualquier lugar del mundo. Pero cuando se analiza más, pasan dos cosas: la primera es que Betty murió después de recibir 41 hachazos y que Candy fue absuelta luego de alegar una legítima defensa.

A pesar de los detalles más turbios, uno podría alegar que la historia no alcanza para algo más que una hora de televisión en Investigation Discovery; sin embargo, dos de las más grandes productoras han estrenado en el último año dos miniseries basadas esta historia: Candy en Hulu (Star+ en América Latina), en mayo de 2022; y Love and Death (Max), en abril de 2023.

¿Cuál de las dos series hay que ver, ‘sí o sí’? Responde al final solo por decisión y gusto personal, pero voy a dar las razones por las que prefiero una sobre la otra. Como todo, ambas tienen sus cosas buenas y cómicamente malas y, al final, lo que demuestran es que existen miles de maneras para contar una misma historia.

‘Candy’ en Star+

Empecemos por “los mayores”. Aunque ambas series fueron anunciadas casi al mismo tiempo, por su estreno en mayo del año pasado, Candy se ganó el título de ser la primera.

Creada por Nick Antosca y Robin Veith, producida y protagonizada por Jessica Biel, cuenta en cinco episodios que pasó con Candy y Betty en 1980.

Lo bueno

El mayor punto a favor de la serie es su ritmo. Existe una tensión constante entre las protagonistas y deja al descubierto, casi desde el principio, ‘la ruptura’ de la mente de Candy que, según teoriza la serie, fue una de las razones que la llevo a matar y rematar a Betty Gore.

Otro gran punto a favor es el elenco principal: Jessica Biel demostró en la primera temporada de The Sinner (Netflix) a qué lugares tan oscuros puede llevar su actuación, y, aunque muestra fácilmente los matices de la personalidad de Candy, hacia el final va perdiendo el impulso.

Melanie Lynskie, por su parte, logra, a diferencia de Lily Rabe en Love and Death, darle más profundidad al personaje de Betty; la interpreta no solo en su neurosis e inseguridad, sino también en su contradicciones, soledad y confusión.

Timothy Simmons, además, en mi opinión, es un mejor Pat Montgomery, el esposo de Candy que termina desencantado y traicionado con todo lo sucedido.

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Lo malo

Normalmente cuando una serie se concentra en la psicología de sus personajes, puede ser más fuerte narrativamente, pero en este caso no funciona así. Al contrario, la vuelve pesada y al final, sientes que no estás viendo televisión, sino haciendo una tarea.

El elenco principal es muy bueno, pero, en mi opinión, dos personajes hicieron que la serie perdiera muchos de los puntos que le habían dado: Pablo Schreiber representó a Allan Gore, el esposo de Betty, como una víctima mayor, un hombre sin agencia, fácil de manipular y, francamente, demasiado soso; mientras que Justin Timberlake, quien aparece solo en dos capítulos como el Sheriff Deffibaugh, parece una caricatura de policía, lo que le quita toda la tensión a las escenas de la investigación y las vuelve casi un chiste.

Las escenas finales también le quitan seriedad a la historia, casi la vuelven una parodia de sí misma.

‘Love and Death’ en Max

Escrita por David E. Kelley, el escritor y director que ha llevado a la vida las series más ‘maratoneables’ de HBO. Love and Death ha estrenado cinco episodios y esta semana terminará con el sexto y último.

Protagonizada por Elizabeth Olsen y Jesse Plemons, nombres que son más llamativos que los de Candy, esta segunda historia generó un poco más de ‘bullita’ que la primera, por así decirlo.

Lo bueno

Aunque Jessica Biel se parece más a la Candy Montgomery de verdad, Elizabeth Olsen brilla porque logra ser más sutil a la hora de representar las batallas internas de una ama de casa aburrida e insatisfecha, mostrando también el lado contradictorio de Candy, su gusto por el chisme y sus relaciones personales. Esto se ve muy bien en las interacciones que tiene con Krysten Ritter, quien hace un gran trabajo como Sherry Clecker, la mejor amiga de Candy.

Jesse Plemmons, además, es un Allan más insatisfecho, que tiene más razones por las que iniciar un amorío con Candy, lo cual hace la relación más creíble.

Otro punto a su favor es el enfoque de la serie y la cronología: Love and Death se encarga de desarrollar más las relaciones interpersonales entre los personajes principales, mostrándonos sus rutinas, preocupaciones, dolores y alegrías. Es una excelente imagen de una comunidad pequeña y de las personas que viven en ella.

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Lo malo

Lo que le jugó en contra fue su fecha de estreno: si hubiera salido antes de Candy, por la manera de contar la historia, hubiera logrado más sorpresa e impacto en sus espectadores, sobre todo si no sabían nada de la historia. Love and Death maneja mejor el misterio, pero al saber como termina (por haber visto Candy) hace que el impulso se pierda.

Otro punto en contra es el ritmo: los tres primeros capítulo se mueven a paso de tortuga, pero, una vez se supera este obstáculo, la historia despega y te deja con la boca abierta.

El veredicto

Ver las dos adaptaciones es un ejercicio comparativo interesante, pero si simplemente te interesa un buen misterio, un buen guion y una buena interpretación, y quedaste antojado de saber cómo Candy Montgomery se salió con la suya, yo diría que te saltaras Candy y te fueras directico a Love and Death.

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