‘Cantos que inundan el río’: alabaos para hacer memoria y para tramitar el duelo por la violencia

El documental de Germán Arango, más conocido como Luckas Perro, cuenta (o canta) la vida de Oneida Orejuela, una de las cantaoras de alabaos de Bojayá, y a partir de ella, refleja toda una historia de violencia, resistencia y memoria. Se estrena este 21 de julio en algunas salas del país.

En Cantos que inundan el río los alabaos, esos cantos ancestrales del Pacífico colombiano con los que las mujeres despiden a los muertos para ayudarlos a transitar su camino a la eternidad, toman un nuevo significado. Uno más profundo, si se quiere. Uno que la violencia y el conflicto armado, con sus cientos de miles de víctimas civiles, muchas de ellas en pleno Pacífico, les obligó a tomar.

Los alabaos no solo acompañan y dignifican el camino de los muertos (en este caso de todas las víctimas), sino que se convierten en memoria de la violencia y de su historia reciente, en resistencia para su pueblo y en un clamor de paz, en la esperanza de un futuro distinto, lleno de dignidad. Los alabaos, para la población de Bojayá, en Chocó, y para la gente de Pogue –uno de los corregimientos del municipio– son parte de su identidad.

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Y para Ana Oneida Orejuela, una de las cantaoras de Pogue, son toda su vida. No solo el oficio que aprendió desde pequeña, sino el que le da sentido a su existencia, el que le permite cantar las tragedias de su pueblo y, en el caso de esta película, cantar su vida y mirar hacia atrás, a todas las vivencias que han estado marcadas por el canto y por el río Bojayá.

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Desde que era una niña que perdió una pierna por la mordedura de una serpiente hasta hoy, cuando es la compositora y una de las líderes de las cantaoras de Pogue. Pasando, claro, por toda la violencia y el sinsentido de la guerra y, sobre todo, por la masacre de mayo de 2002, en la que murieron cientos de personas que se resguardaban en la iglesia del municipio ante los combates entre las Farc y las AUC.

Porque Cantos que inundan el río, el documental de Germán Arango, más conocido como Luckas Perro, que se estrena este 21 de julio en algunas salas del país, es precisamente eso: una mirada a la importancia de los alabaos para una comunidad que ha vivido (y que sigue viviendo) la crueldad y la violencia, a través de la historia de una de sus cantaoras. De una mujer que con sus composiciones, convierte las penas en memoria, resistencia y clamor de paz.

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Una historia que se cuenta a través de los cantos, pero también de las tomas del río y del paisaje, de los archivos históricos de la violencia (bien conocidos por todo el país), por el día a día de la comunidad, la voz de la propia Oneida y hasta sus recuerdos (el documental se arriesga al tratar de darles vida a sus pensamientos y a sus vivencias cuando niña). También por el río mismo, su mitología y su cruda realidad: no solo la vía para comunicarse con el espíritu de sus muertos, sino el lugar en el que descansaron muchos de ellos, el mismo que permanece cerrado, bloqueado por el miedo que ha dejado tanta violencia.

Cantos que inundan el río (2)

Luckas Perro consigue llegar hasta el fondo de la historia de Oneida, y a través de ella cuenta la historia de las cantaoras: esas mujeres que se encontraron, de repente, sobrepasadas por la violencia cuando ya no tenían que cantarles a unos cuantos muertos, sino a cientos de personas arrasadas por la violencia. Muertos que ni siquiera tenían un cuerpo para velar. Fue cuando Oneida decidió tomar los cantos tradicionales que les habían enseñado sus madres y sus abuelas para componer sus propias letras y cantar las desgracias que los acechaban.

En ese sentido, el documental tiene escenas bastante conmovedoras, como las imágenes (exclusivas del equipo de filmación) de la ceremonia de exhumación de cadáveres de los cuerpos perdidos tras la masacre que se llevó a cabo en 2017. “Ellas con sus cantos lograron armonizar los momentos, los llenaban de solemnidad, de una belleza especial que ayudaba inmensamente a transitar el duelo”, dijo el equipo de filmación de la película.

“sentimos que la película brinda a las audiencias ese tipo de sensación; una armonización frente al dolor de la violencia. Sentimos que esta es una película espiritual y bella, no es una película sobre un hecho violento ni sobre víctimas“, añadieron.

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El documental, que ya se vio en Pogue durante la conmemoración de los 20 años de la masacre de Bojayá, ya ha tenido un recorrido por algunos festivales alrededor del mundo. Desde que se estrenó en la competencia oficial de HotDocs (uno de los festivales de cine documental más importantes de América), en Canadá, el año pasado, ha pasado por el Festival Internacional de Cine de Lima, el Festival Internacional de Cine de Guadalajara, el Chicago Internacional Film Festival, el San Diego International Film Festival, el Festival de Cine y Artes Audiovisuales Miradas Medellín y el Festival Internacional de Cine de Cartagena, entre otros.

Cantos que inundan el río (3)

Ahora, se podrá ver en salas de Medellín (Museo de Arte Moderno MAMM), Cali (Museo La Tertulia) y Bogotá (Cinemateca de Bogotá). Además, las cantaoras estarán presentes, junto con el equipo de realización, en algunas funciones: el 21 de julio en el MAMM de Medellín, el 22 de julio en la Cinemateca de Bogotá, el 23 y 27 de julio en el Colombo Americano de Medellín, el 24 de julio en el Teatro Comfama de Medellín y el 30 de julio en el Museo La Tertulia de Cali.

Los realizadores, además, adelantan una campaña para construirles una casa a las cantaoras, un lugar en el que puedan presentarse y enseñar su oficio a los más pequeños. Para eso, no solo donarán el 5 por ciento del valor total de lo que se necesita para construir la casa, sino que recogerán aportes en una página web especialmente creada para ello. Pueden encontrar toda la información en la página web de la película www.cantosalrio.com

4 Comentarios

  1. Que bonita historia y que triste siempre la violencia presente .
    Vale la pena ver este documental que nos sensibiliza y armoniza frente al dolor

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