Carolina Báez, la gema del patinaje artístico colombiano

Carolina Báez es la tercera mejor patinadora artística del mundo en la categoría de figuras. Después de su paso por el campeonato internacional, la deportista habló con Diario Criterio sobre su carrera, sus esfuerzos y su gran pasión.

Carolina se ubica firme en la pista. Extiende su brazo izquierdo al frente y el derecho al lado. Espera atenta la señal que le indica que es momento de dejarse llevar por la figura dibujada en el piso. 

Mantiene sus brazos abiertos. Fluye como el agua, se equilibra sobre su pierna derecha. Se ve liviana, ligera. Domina los giros. Sus brazos son alas, sus piernas troncos fuertes que danzan sobre las líneas con formas de pretzel y su rostro neutro expresa la concentración. 

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Sigue girando. Gira y gira, y en un parpadeo todo termina. Cuando menos piensa se está subiendo al podio. Ve la bandera de Colombia, se cuelga la presea de bronce y sonríe complacida en la foto junto a las argentinas que lograron oro y plata. 

Los nervios nunca van a dejar de existir y yo creo que el día en que deje de sentir esa cosita en estómago, las manos frías, ya es el día de retirarme, porque eso es lo que te hace sentir la pasión por la competencia y el deporte”, cuenta a Diario Criterio, Carolina Báez. 

El pasado 30 de septiembre, la patinadora colombiana se coronó tercera en la modalidad de figuras obligatorias en el Campeonato Mundial de Patinaje Artístico 2021, que se disputó en el Coliseo Centro del Deporte Olímpico en Asunción, Paraguay. 

Diario Criterio conversó con la deportista y comunicadora social sobre su infancia, sus primeros años en el deporte y sus pasiones más profundas.

Carolina Báez y argentinas
Anabella Mendoz (Arg), Giselle Soler (Arg), Astrid Carolina Baez Acosta (Col), las tres mejores patinadoras del mundo en la categoría de figuras. Foto: @MundialPatinaje.

Lo que se hereda…

Carolina Báez además de patinadora profesional es Comunicadora Social y Periodista de la Universidad Pontificia Bolivariana. “Fue una carrera un poco larga porque es difícil combinar el alto rendimiento a nivel deportivo con el estudio, entonces se me tardó, un poco pero me gradué el año pasado”, comparte a Diario Criterio.

También da clases de patinaje artístico a niñas entre 9 y 16 años, y actualmente inició un curso de auxiliar en servicio farmacéutico para trabajar en la empresa de sus padres.

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Carolina lleva el amor por el deporte en sus venas. Su papá fue ciclista y su mamá hizo parte de la selección Santander de Basquetbol. Ambos compitieron durante años y tenían clara la importancia de la disciplina y el enfoque, no solo para tener una carrera deportiva destacada, sino para la vida entera. Aunque sus padres son santandereanos, viven en Envigado desde hace 35 años y allí nació Carolina en 1994.

Los patines llegaron a su vida cuando tenía ocho años en un semillero de patinaje artístico en el Colegio Liceo Francés Francisco Restrepo Molina. Inicialmente fueron patines de línea y poco a poco fue conociendo su ritmo a cuatro ruedas. 

La entrenadora, que era profesora de sociales en el colegio, seleccionó a las deportistas más destacadas para una competencia intercolegial. Una entrenadora de la liga la vio durante la presentación e invitó a los papás a que la inscribieran en la Liga de Envigado para hacer los cursos y niveles de patinaje. 

“Mi papá averiguó en la liga y empecé a hacer los cursos. Avancé mucho, así que pasaba de un segundo nivel, al tercero, luego al quinto y terminé el sexto. El día en que terminé el último había un entrenador que se interesó en mí y terminó siendo mi primer entrenador profesional”, explica la deportista.

En ese momento Carolina tenía tan solo ocho años y las puertas del patinaje artístico ya estaban abiertas de par en par. A esa edad entró a la Liga de Patinaje de la ciudad.

Aquí en Colombia no se puede vivir del deporte y menos como deportista de patinaje artístico, porque es una disciplina muy poco apoyada en el país y fue difícil económicamente llevar todos los gastos de los campeonatos.
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La infancia en la Liga

“Uno como niño quiere jugar, salir con sus amigos, hacer planes, pero creo que mis padres siempre me inculcaron mucho el tema de la disciplina, entonces el entrenamiento era prácticamente obligatorio”, dice Carolina con su voz dulce y serena.

Carolina sabía que contaba con sus papás al 100 %, por eso su papá siempre la recogía en el colegio y la llevaba a las pistas de entreno. 

Me tocaba hacer tareas en el carro. Yo estudiaba por la tarde y entrenaba en la mañana y en la noche. Mi papá me recogía en la Liga con el uniforme y la coca del almuerzo, y en la noche la comida era en el carro, hacer las tareas ahí y luego llegar al lugar de entreno”

Carolina asegura que no fue fácil, porque además entrenaba sábados y domingos, pero siente que siempre lo disfrutó y además hoy en día se ven los frutos de todo ese esfuerzo. 

Como desde pequeña venía con esa disciplina al momento de tener fiestas de 15 o eventos sociales, pues siempre sabía cuál era mi objetivo y prioridad, y eso es algo que le inculco mucho a las niñas que entreno hoy en día.

Hora de competir

Carolina empezó a competir desde que era muy pequeña. De todos los campeonatos en los que ha participado, recuerda el que tuvo que hacer para ascender de categoría, pues al igual que el fútbol, en el patinaje hay rangos A y B.

“Gané medalla en figuras, en libre quedé en buen puesto e incluso tuve que hacer una modalidad que no era mi fuerte (y no me fue muy bien) que era la danza, pero debía competir para poder ascender”, y finalmente lo logró.

Todo fue muy pronto porque entrenaba demasiado, entonces los resultados se dieron de manera rápida”. Suramericanos, copas alemanas y Panamericanos se fueron sumando a su lista de competencias y cuando tenía 9 años obtuvo su primera medalla de bronce internacional.

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A sus 27 años, la patinadora ha estado en siete mundiales: uno en junior y otros seis en mayores, y este año, después de mucho intentarlo, por fin logró una presea de bronce en la competencia más importante de su disciplina.

A un paso del mundial 2021

“Pienso que la pandemia afectó un poco el tema de la preparación técnica, pero en la parte emocional mejoré muchas cosas, aprendí a meditar mucho mejor, a visualizar mejor y en ese aspecto siento que gané demasiado”, dice Carolina, quien estuvo casi ocho meses sin poder patinar el año pasado.

En el encierro, la deportista pintó sus bucles (las circunferencias de la modalidad de figuras) en la sala de su casa. Mareada de dar vueltas en el mismo lado dejó de practicar un tiempo, pero siguió con sus clases de estiramiento, flexibilidad, yoga y toda la preparación física complementaria.

Carolina Báez medalla de bronce
Durante la premiación. Foto: cortesía Carolina Báez.

Es amante de la bicicleta, así que cuando pudo, empezó a salir con su novio y amigos a montar los fines de semana. “En la parte física trabajé mucho con la bicicleta, y en la casa. Incluso el Inder de Envigado me prestó unos implementos para entrenar porque no podía conseguirlos en otro lado”, explica.

Yo creo que como tuve tanto trabajo mental eso influyó mucho este año. Igual a partir de noviembre del año pasado empecé a entrenar muy duro y tenía muy declarado el objetivo, así que se logró este año.

Con los pies pelados, el objetivo en su mente y muy poco apoyo económico por parte de las entidades, Carolina alistó su maleta y viajó a Paraguay para el Mundial de Patinaje Artístico de este año en compañía de Óscar Rivera, su entrenador.

Recogiendo la cosecha

Aunque la ansiedad y los nervios nunca dejan de existir, la experiencia deportiva ha ayudado a Carolina a controlar sus emociones.

“Quería hacer un muy buen trabajo sin esperar un final específico, pero los resultados vinieron como por añadidura. Fui muy constante en mi competencia, muy segura, los errores fueron detalles muy pequeños, incluso las tres primeras quedamos empatadas por victorias de los jueces”, cuenta Báez.

La atleta participó en la prueba de Figuras Obligatorias y obtuvo una puntuación de 149.100. Foto: Comité Olímpico Colombiano.

La patinadora explica que hay dos formas de calificar: victoria de los jueces y puntaje para cada una. En la primera empataron, pero en la segunda las argentinas Giselle Soler y Anabella Mendoza ocuparon el primer y segundo lugar y Carolina se llevó la presea de bronce en el Mundial de Paraguay.

La preparación mental a la hora de competir en la modalidad de patinaje artístico me parece que es el 99.9 %, porque realmente es una competencia donde estás tú con los jueces, y las figuras. Son siete jueces pendientes del primer error que cometas.

Carolina ama viajar. “Cuando viajo para competencias nunca puedo pasear ni disfrutar mucho los lugares, pero me gusta mucho conocer otras ciudades. Viajo con mi novio, con mi familia y me gusta salir los fines de semana a comerme un postrecito“, comparte entre risas.

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No es tanto de planes de rumba o fiesta, le gustan las cosas tranquilas pero trata de despejarse los fines de semana. “Ya tengo kilómetros ahorrados en el deporte y puedo tomarme mis tiempos, pero creo que en edades tempranas no se puede hacer mucho porque si realmente quieres una medalla mundial o ser alguien en el deporte tienes que entrenar día y noche”.

Como el mundial ya pasó, Carolina quiere descansar un par de meses, recuperarse de la rodilla que le molesta y volver a tener sus pies listos para el próximo mundial que será en Argentina, en 2022. Espera competir en el Suramericano y por ahora se seguirá preparando para los Juegos Nacionales del 2023.

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