Un Mundial que no debió ser

Lo tengo que confesar: este Mundial que empieza en contados días me da tiña. Por más que me lo vendan como “el último baile” de Messi y de Cristiano, como la oportunidad de que Sudamérica vuelva a ganar un Mundial, como la hora de los eternos aspirantes (Bélgica, Serbia, Croacia, etc.), como el primer Mundial sostenible y sin emisiones de carbono, la Copa del Mundo Catar 2022 me genera una piquiña que no se me quita ni siquiera sabiendo que voy a estar allá trabajando. Y la entrevista de esta semana de Sepp Blatter, expresidente de la FIFA y quien fue encargado de anunciar en su momento que la entidad le daba la sede a este pequeño pero millonario país del Golfo Pérsico, lo empeora.

No sé si la vieron, pero Blatter, destituido en 2015 por acusaciones de corrupción vinculadas al FIFAgate y a millonarios sobornos para asignar contratos, confesó que “la elección de Qatar fue un error. De hecho, acordamos en el comité ejecutivo que Rusia debería tener la Copa del Mundo de 2018 y Estados Unidos la de 2022″.

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Se le abona a Blatter la honestidad, por supuesto, pero citando el meme de Pacheco, a falta de horas para el primer partido “ya para qué hijue…”. El daño ya está hecho, y puede que a usted, como a muchos, el tema de la violación a los derechos humanos y la corrupción detrás de la asignación de la sede no le importe (lo que de por sí es muy triste y ya ahondaré en ello), pero al menos como aficionado al fútbol este Mundial debería parecerle horrible.

Por darle la sede a Catar, tocó modificar todo el calendario futbolístico del 2022 y 2023, ya que a las temperaturas de la península arábiga es imposible jugar fútbol en el calendario habitual de las Copas del Mundo, es decir en junio y julio. Por eso tuvimos una primera fase de Champions acelerada y apretada, ¡y ojo!, los octavos de final van a ser hasta marzo, ¡marzo!, con lo que estaremos sin Champions prácticamente cinco meses… ¡Gracias Catar 2022! 

Selecciones clasificadas al mundial de Catar 2022

Por eso también todo el fútbol del mundo se debe acabar a mediados de noviembre (menos acá, porque la organización de la Dimayor es un desastre y en vez de acortar el campeonato nuestros genios logísticos ya lo extendieron hasta diciembre, porque nada para cuidar tu producto como ponerlo a competir con octavos de final de un Mundial), y por eso las grandes ligas volverán hasta finales de diciembre o comienzos de enero, todas con sus principales figuras desgastadas física y emocionalmente por su éxito o fracaso en ese Mundial que no debió ser y que no les dará tiempo para recuperarse.

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Es un Mundial al que los jugadores llegarán con una semana de concentración y los equipos básicamente no tendrán tiempo para trabajar antes del debut, a diferencia de las tres semanas que se les garantizaba con una Copa del Mundo en junio y julio. Increíblemente, a menos de 15 días del primer partido del Mundial, aún tenemos a estrellas en competencia en sus ligas, con lo que se dieron casos como el de Sadio Mané, súper estrella de Senegal y actual Balón de Plata, que se lesionó en un partido del Bayern.

Será un Mundial que se jugará en 50 kilómetros a la redonda y desde la organización lo venden como una alegría para los asistentes, que podrán ir a dos o tres partidos en el día si así lo quieren, pero cuando uno ha ido a una Copa del Mundo sabe que por lo general en un día de partido hay caos por la cantidad de hinchas presentes, lo que augura un infierno en Catar 2022, teniendo en cuenta que habrá días de cuatro partidos, con lo que estarán metiendo a ocho aficiones (y a todos los demás, que igual van a estar ahí) en un radio de 50 kilómetros durante 12 horas. 

Mundial de Catar 2022: grupos, horarios, partidos

Para ponerlo en cifras, a un Mundial suele llegar más de un millón de turistas que tradicionalmente se repartían por las lejanas sedes siguiendo a su respectiva selección, con lo que las ciudades no colapsaban pues tenían entre 100 y 200 mil personas de visita por día de partido. En Catar no va a ser así; en esta Copa del Mundo se espera la llegada de más de un millón de visitantes que van a estar casi todos diariamente en una ciudad de 2.5 millones de habitantes y en un área que es más pequeña que Bogotá.

Claro, lo que hay es plata y se ha hecho una infraestructura que pretende facilitarle la vida a los hinchas (el metro será gratis, así como los buses), así que si somos optimistas las cosas podrían salir bien, aunque el propio Blatter lo duda: “es un país demasiado pequeño, para el que el Mundial es demasiado grande”.

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Ahora, mi tiña va más allá de lo futbolístico, que de por sí me molesta. La asignación de sede a Catar es un historial de corrupción que sobrepasa a la ya históricamente corrupta FIFA.

Claro, no estamos descubriendo el agua tibia al decir que la FIFA siempre ha estado del lado de líderes corruptos y totalitarios que han utilizado el Mundial de fútbol para tratar de lavar su imagen. Lo vimos hace cuatro años con Putin y Rusia 2018 (irónicamente ahí sí era Putin bueno para la FIFA, a pesar de que ya había invadido y anexado a Crimea, incluso antes de que le dieran la sede del Mundial), lo recordamos siempre con Argentina 78 y la celebración de una Copa del Mundo mientras la dictadura torturaba y desaparecía opositores y, manteniendo la costumbre, lo veremos ahora con el régimen absolutista del jeque Tamim bin Hamad, a quien se le reconoce que desde que asumió el poder ha “tratado” de mejorar las condiciones de los habitantes y visitantes a su país, pero que sigue siendo un violador de derechos humanos, como lo confirma Amnistía Internacional. 

Grupos Catar 2022

Comencemos señalando que en Catar se reprimen los derechos de gays, lesbianas, bisexuales y transexuales, y que hay penas de cárcel de siete años para las personas que tengan relaciones con alguien de su mismo sexo. ¿Esto cierra las puertas de Catar 2022 para la población LGBTI? Sin duda, y es vergonzoso. Básicamente la FIFA nos está diciendo que el fútbol es sólo para hombres hetero, y aunque haya orates que celebren eso, es un asco.

Lo peor es que las protestas no hacen mella en Catar y las autoridades locales mantienen su posición: los visitantes deben someterse a las reglas qataríes y el homosexualismo en sus creencias es considerado una desviación mental, lo que atenta vulgarmente contra los derechos humanos, y a la FIFA le ha importado poco o nada, aunque sus estatutos prohíben la discriminación LGBT. Va a ser cuando menos vergonzoso ver antes de cada partido ese video de grandes estrellas del fútbol mundial, hombres y mujeres, diciendo que el fútbol es motivo de unión y condenando cualquier tipo de discriminación, cuando en la sede de la Copa del Mundo son abiertamente homofóbicos y transfóbicos.

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Lo peor es que ese no es el único problema de esta horrible sede. Según denunció una investigación de The Guardian, en las avanzadas obras de infraestructura de este Mundial (los espectaculares estadios autosostenibles, incluyendo uno que es desarmable, cual Lego, y los ya mencionados sistemas de transporte gratuito para los hinchas) murieron cerca de 6.500 trabajadores migrantes, la gran mayoría de India, Bangladesh, Nepal y Sri Lanka, que cayeron víctimas de unas condiciones laborales más cercanas a la esclavitud que a cualquier otra cosa. El gobierno catarí ha dicho que la cifra es una exageración y que “sólo han muerto 37”, lo que por supuesto nos da un montón de ánimo sobre la importancia de la vida para este estado absolutista.

Y claro, la vida importa en Qatar si eres hombre heterosexual y catarí, de ahí en adelante no hay derechos, como bien ha destacado Amnistía Internacional, recordando que el “empoderamiento de las mujeres” era uno de los pilares del desarrollo social en el plan estratégico del país entre 2011 y 2016, punto que curiosamente fue eliminado en el plan estratégico 2018-2022 pues, según la tradición del sunismo wahabita que se practica allí, las mujeres están sometidas al sistema de tutela masculina, por lo que están obligadas a pedir permiso de sus “guardianes” (padre, esposo, hermano… el “hombre de la casa”) para cualquier decisión importante. Y la FIFA dizque tan interesada en empoderar a las mujeres… ¡ajá!

Presidente de la FIFA, Gianni Infantino y Emir de Qatar Fuente: Marca

Ahora, aparte de toda esta porquería que está detrás de Catar, Blatter ratificó en su entrevista que la FIFA le entregó el Mundial a este país -que nunca debió haber sido sede- por plata. Gianni Infantino, el actual presidente de la FIFA no hace más que decir que esto es por desarrollo cultural y del fútbol, pero todos sabíamos que era por plata y Blatter lo ratificó, señalando al entonces presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, quien presionó a Platini para que los votos de la UEFA fueran a Catar: “Seis meses más tarde, Catar compró aviones de combate a Francia… era por supuesto un asunto de dinero”.

Y aparte de ratificar el error de tener a Catar como sede, Blatter señala a Infantino, dejando en el ambiente que está recibiendo mucho cariño en Doha como para hacer lo que está haciendo: “Para mí está claro: Catar es un error. La elección fue mala. Lo que me pregunto es: ¿por qué el nuevo presidente de la FIFA vive en Catar? No puede ser el jefe de la organización local de la Copa del Mundo. Ese no es su trabajo. Hay dos comités organizadores para esto, uno local y otro de la FIFA”.

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Lo triste y a la vez extraño es que el propio Blatter sabe lo que va a pasar: “Con el primer pitido del árbitro, ya no hablaremos de todos estos problemas, sólo de deporte”. Y sí, porque este Mundial no debería ser, pero será y, como pasa cada cuatro años, y ya lo vivieron en Argentina en plena dictadura o en Rusia mientras anticipaba lo que hoy conocemos como Guerra en Ucrania, o en Brasil cuando se jugaba a pesar de las protestas sociales en las calles, el fútbol lo tapa todo.

Así poco me lo decía Juan Villoro en un conversatorio sobre este Mundial: “El fútbol tiene anticuerpos contra la corrupción”. Lo que pasa es que la dosis de fútbol va a tener que ser muy alta en Catar para que a mi se me olvide toda esta porquería que está detrás.

3 Comentarios

  1. Alejandro, no puedo estar más de acuerdo.

    El consuelo que me queda (irónicamente) es que mi selección no estará allí (y hay poco que no daría por qué así fuera, nuevamente, irónico) y no tendré que enfrentarme a la dicotomía de celebrar sus goles, y lo que es moralmente correcto.

  2. Uffffff que buena columna y es tremendamente triste, porque uno con que ánimo va a alentar a Brasil, o a cualquier otro equipo cuando esté mundial busca eso, que con los goles que celebremos, olvidemos las terribles violaciones a los DD. HH que se dan en Catar. Una cosa terrible, la verdad.

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