¿Centros de rehabilitación o de tortura?

Recientes denuncias revivieron la controversia sobre las discutibles prácticas terapéuticas en los centros de rehabilitación, donde prometen arrebatar a los pacientes de las “garras de la adicción”, pero comprometiendo muchas veces la dignidad e incluso la vida. Por Fabián Yáñez, especial para Diario Criterio.

“Esto es un infierno”, se le oye gritar entre lágrimas a un hombre de aproximadamente 40 años en medio de un video aficionado, grabado el 25 de julio de 2021 en el segundo piso de una casa del barrio Modelia, en Bogotá, lugar donde opera una de las sedes de la Fundación Desafíos.

Los autores de la grabación son los familiares de Santiago Bohórquez, un joven de 23 años que ingresó a este lugar como paciente o “usuario”, por su adicción a las drogas, desde principios de junio de 2021. Un mes y medio después, ese domingo en la noche, sus padres recibieron una llamada de auxilio de Santiago a través de un número desconocido, en la que les rogaba que lo sacaran de allí, pues, en sus palabras, “las condiciones eran infrahumanas”.

Mi primer intento de fuga sucedió al mes de estar ahí. Intenté romper la reja de una ventana (todas las entradas y accesos de ventilación están enrejados), pero me descubrieron y me castigaron”, relató en diálogo con Diario Criterio.

Bohórquez, un estudiante de aviación que desde su adolescencia había sucumbido a la marihuana y a la cocaína rosada, conocida como ‘Tusi’, ya había sido internado anteriormente en otros centros de rehabilitación, como Narconón (en México). Si bien es cierto que su carácter fuerte e impulsivo (producto de su bipolaridad) le ha generado problemas de comportamiento en el pasado, lo que describe haber vivido en Desafíos se acerca más a una especie de tortura que a la rehabilitación. “Me impusieron un castigo llamado El Todero, en el cual me amarraban un colchón a la espalda para que, con eso, tuviese que hacer oficio. Así duré varios días. Todo el tiempo me insultaban con palabrotas”.

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Santiago asegura no ser el único con la misma percepción acerca de lo que pasa puertas para adentro en ese centro. Por eso, cuando estaba allí adentro, buscó ayuda para un nuevo plan de fuga. “En el momento que empezaron a medicar a todos, uno de mis amigos entró a la oficina del terapeuta y tomó el teléfono fijo que había allí. Luego marqué al celular de mi madre y le dije: ‘Aquí nos están tratando mal, la comida está podrida, estoy pasando muy mal. ¡Ayúdame!Y colgué”.

¿Era el llamado caprichoso de un joven mimado, proveniente de una familia acomodada, que no quería enfrentarse a su recuperación? Muchos lo consideraron así cuando Santiago denunció lo ocurrido en redes sociales tras salir de allí. Lo cierto es que al conocer su relato, es difícil justificar los vejámenes que  –asegura– suceden allí.

“El primer día que uno llega le permiten descansar. Luego, al día siguiente se nos asigna un interno que lleva mucho más tiempo, al que se le denomina ‘hermano mayor’. Esta persona le explica a uno cómo funciona la casa, los roles y las reglas, que de entrada son absurdas: como, por ejemplo, que uno no puede hablar con los que lleven menos de seis meses ahí, está prohibido mirar por las ventanas, solo se puede responder ‘acepto y modifico’, no se puede leer ni hacer deporte, no se puede llamar a los familiares ni tener contacto alguno con ellos, no hablar en otro idioma, no se puede salir de la casa nunca, etcétera”, relata.

Centros de rehabilitación
Las prácticas terapéuticas prometen arrebatar a los pacientes de las “garras de la adicción”, pero comprometiendo muchas veces la dignidad. Foto: Pixabay.

Castigar para ‘ayudar’

La forma de control e interacción con los pacientes, según esta denuncia, es el castigo:

“Los llaman ayudas y por lo general tienen nombres. Al más común lo llaman ‘Quitar el sueño’, y se trata de pararnos, mirando hacia la pared toda la noche sin descansar. Otro es el ‘Declasado’ (sin clase), que implica pararte en pantaloneta y chancletas contra una pared con todas tus pertenencias arrumadas, incluyendo el colchón y las tablas de la cama. Uno no se puede mover de ahí, e incluso debe comer de pie. Si uno se cansa o se sienta, lo golpean o lo amarran de pies y manos. A diario vi que se lo hacían a varias personas”, explica Santiago.

Otras ‘ayudas’ supuestamente incluyen la humillación pública y la discriminación. “’El indigente’, como se designa otro castigo, se trata de no darle comida al castigado. Se le obliga a mendigarle comida a sus compañeros en un balde, donde luego tendrá que comer como un animal, eso si alguien se compadece y le da algo”.

El hombre que lloraba en el video de la familia de Santiago es otro de los pacientes, llamado Fabio Melo, quien padece alcoholismo. Al parecer, era uno de los que más sufría en aquella casa. “Yo vi cómo golpeaban al señor Fabio porque estaba cansado de estar retenido ahí. Entre tres le daban puños y uno de ellos lo intentaba ahorcar con el brazo. Fueron varias veces las que lo maltrataron”, denuncia el joven.

El caso de Melo es particular, pues ni siquiera llegó por su propio pie a la fundación. “Me sacaron de mi oficina: fueron cuatro tipos, me amarraron, me metieron en el baúl de un carro y me llevaron allá”.

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Dentro de cada una de las dos instalaciones viven alrededor de 20 hombres, entre jóvenes mayores de 18 años y otros muy adultos (las mujeres reciben tratamiento en una sede aparte) y allí el ser mayor no representa más respeto, sino todo lo contrario. “Una vez castigaron a un señor, como de 40 años, porque estaba insistiendo en ir al baño en medio de un ciclo terapéutico. Entonces, no lo dejaron ir en todo el día, hasta que finalmente se orinó en los pantalones y luego le pusieron un cartel que decía: ‘Soy el bebé de la fundación’. También lo obligaron a decirle la misma frase con todo el que le hablaba”, cuenta Santiago.

El presunto maltrato se ve agravado por condiciones de salubridad cuestionables, así como una alimentación deficiente, denuncian los hoy expacientes. “La comida (…) siempre llegaba en mal estado: el pan era mohoso y la pasta tenía insectos. Los plátanos llegaban negros y por eso casi siempre comíamos arroz y papa, la cual también llegaba podrida”, asegura Bohórquez.

Esta afirmación contrasta con los costos que cada familia paga por la manutención y tratamiento de estas personas. El precio puede arrancar en 1’500.000 al mes y va hasta 2’500.000, dependiendo del estrato social y económico.

“No se puede creer en la palabra de un adicto”: Fundación Desafíos

Eyleen Gómez Marín es pedagoga reeducadora y directora general de la Fundación Desafíos. Tras conocer las denuncias hechas por Santiago y sus compañeros, las desestimó, pues considera que carecen de cualquier evidencia o sustento en la realidad.

Las personas que están haciendo estas denuncias tan atroces no son recuperados: son adictos activos. En realidad, ellos perseguían un objetivo puntual, y ese era el que sus familiares los vieran como víctimas y los retiraran de la institución. Al ser adictos, ellos desarrollan características como la manipulación, la mentira y la sugestión, por lo cual creerles cualquier cosa se hace muy difícil”, aseguró Gómez Marín.

También negó que en su institución se inflija cualquier tipo de castigo cruel o inhumano a los pacientes. “Aquí los correctivos los llamamos ‘Experiencias educativas’, las cuales están orientadas hacia lo pedagógico y lo psicológico. No mirar por las ventanas, no hablar con la familia, no hablar con los nuevos o no salir a la calle son reglas reales, pero tienen sustento terapéutico. El castigo de mirar la pared sí es cierto, pero solo se aplica durante una o dos horas. Aquí está prohibido cualquier tipo de castigo físico y psicológico”.

Centros de rehabilitación o tortura - Pixabay
El presunto maltrato se ve agravado por condiciones de salubridad cuestionables, así como una alimentación deficiente, denuncian los hoy expacientes. Foto: Pixabay.
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Otro de los videos conocidos por Diario Criterio muestra el momento en que Fabio Melo es sometido por varios hombres contra su voluntad, con el objetivo de internarlo por su alcoholismo. Gómez Marín aclaró que dichas imágenes no corresponden a su institución, pero explicó que la práctica del sometimiento sí es real.

“Existen procesos legales en los cuales las familias pueden tomar la decisión de internar a su ser querido, incluso a la fuerza. No es un rapto ni un secuestro, sino que es una medida que busca proteger a la persona, sobre todo cuando la adicción la lleva a ser incapaz de tomar sus propias decisiones y se encuentra en un estado de vulnerabilidad o riesgo. Si la familia lo solicita, nosotros podemos prestar ese servicio”, dijo.

Respecto a la supuesta comida podrida que reciben los usuarios de su fundación, Gómez Marín aseguró que todos los alimentos e implementos de cocina son de calidad.

Según ella, hay intereses ocultos por parte de la familia Bohórquez al hacer público el caso de su hijo Santiago, a quien señala de ejercer influencia sobre otros pacientes, como Fabio Melo. La directora considera que el objetivo de Carlos Bohórquez, el padre del joven, es sabotearla e incluso amedrentarla.

“A raíz de estas denuncias, he recibido toda clase de amenazas –incluso de muerte– y tuve que irme de mi casa para proteger a mi hijo. Denunciamos ante la Fiscalía General de la Nación por estos hechos a Santiago y a su padre, pues consideramos que son personas peligrosas”, concluyó.

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¿Quién vigila a los vigilantes?

A raíz de la resolución 3100 de 2019, emitida por el Ministerio de Salud colombiano, en el que se establece el manual de inscripción de prestadores y habilitación de servicios, quedó claro que las fundaciones como Desafíos deben ser vigiladas por las secretarías de Salud municipales, departamentales o locales (como en el caso de Bogotá). Lamentablemente, no se conoce una estadística acerca de las instituciones investigadas o sancionadas por mala praxis, ya que ni la dependencia de la capital ni la de Cundinamarca entregaron información alguna a Diario Criterio.

En cuanto a las entidades que velan por los derechos de los ciudadanos, como la Personería Distrital, la Defensoría del Pueblo o la Policía Nacional, el panorama no es distinto: casos como el de Santiago ni siquiera están documentados y, por tanto, tampoco se le entregó información alguna a esta redacción.

Puesto que la mayoría de trabajadores de estas cuestionadas instituciones terapéuticas son psicólogos en ejercicio, el llamado a investigarlos de manera individual es el Colegio Colombiano de Psicólogos. El doctor Paulo Daniel Acero, director ejecutivo de los tribunales éticos de la corporación, tienen un panorama claro de esta problemática.

Desde 2012 hasta el año 2021 hemos recibido 18 quejas formales contra psicólogos funcionarios de instituciones de rehabilitación de personas que sufren algún tipo adicción. Actualmente, cursan en nuestro tribunal 11 procesos sancionatorios por presunta mala praxis. De ser hallados culpables, podrían recibir desde una amonestación hasta la suspensión de la tarjeta profesional”, explicó Acero.

En su opinión, la pandemia de covid-19 ha influido en el aumento de casos de personas que recaen en adicciones, todo por cuenta de periodos largos de encierro (como la cuarentena) y la desesperanza. Estas situaciones también han derivado en nuevas denuncias por mala praxis.

Resulta particular que, en los años 2020 y 2021, en medio de la pandemia del coronavirus, las quejas relacionadas a este tipo de prácticas e instituciones se triplicaron”, reveló el director.

Centros de rehabilitación o tortura
Otras ‘ayudas’ supuestamente incluyen la humillación pública y la discriminación. Foto: Pixabay.

Pero la situación es aún más preocupante: “Cuatro de los casos que hemos investigado resultaron inhibitorios, lo que significa que las personas denunciadas, que fungían como terapeutas, en realidad no eran psicólogos en ejercicio legal de la profesión. Lo cierto es que no son casos aislados, pues en el pasado ya hemos documentado casos de falsos profesionales que ofrecen este tipo de servicios”, advirtió el experto.

Para el doctor Acero, las “técnicas” terapéuticas descritas por las presuntas víctimas distan de cualquier manual de psicología o medicina y son claramente violatorias de los derechos humanos.

Nunca se debe practicar una intervención terapéutica sin el consentimiento explícito de un paciente o su familia: sacarlo de su entorno obligatoriamente, someterlo o agredirlo de cualquier forma se considera mala praxis y además dichas conductas están tipificadas en el Código Penal colombiano”, enfatizó.

Santiago admite que ha recaído en las drogas en algunas ocasiones desde que salió de Desafíos, pero ahora busca sanar en compañía de su familia.

Les pido que nunca lleven a sus hijos o a sus seres queridos a este tipo de fundaciones, porque en vez de ayudar a sanar, lo que hacen es lucrarse de la tragedia de las familias. Lo mejor que se puede hacer es asistir a tratamientos con acompañamiento familiar, donde el trato sea digno”, puntualizó.

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22 Comentarios

  1. Excelente investigación de Fabian Yañez. la Dignidad humana esta por encima de los criterios de rehabilitación que se puedan practicar es este centro.

  2. Tuve un hermano (adulto mayor Q.E.P.D) en ese centro de torturas. Es cierto lo que denuncia el periodista, mi hno sufrio toda clase de vejamenes que la dirige personal desquiciado mentalmente. En su momento hubo escandalo mediatico por las denuncias de algunos torturados a los cuales los familiares no les creen nada, el primer paso es poner en duda lo que denuncian por su condicion de alcoholicos o drogadictos. Nimguna entidad o fiscalia investiga estos casos de crueldad. Nuevamente sale a la luz publica estas atrocidades pero no pasara nada.

  3. Me parece muy completa la investigación. Creo que da para una segunda parte porque quedan interrogantes respecto a quién dice toda la verdad. Lo que más me preocupa es la aparente inexistencia de ua vigilancia real frente a estos centros. Un tema que deja al descubierto una aparente inoperancia de los entes de control

  4. Muy buena investigación. No todo lo que pasa al interior de esta clase de sitios de rehabilitación es bueno. Creo que en Colombia hace falta una legislación que regule esta clase de centros de rehabilitación y que ponga reglas claras sobre lo que se puede y no se puede hacer con los pacientes.

  5. Cristal Otálora

    muy buen tema e investigación. Estoy de acuerdo con que amerita más investigación y seguimiento. Seguro debe haber más instituciones de este tipo. Hasta he oído de irregularidades en Narconón.

  6. Jhonsón S Ortíz

    El informe me parece muy bueno ya que pone a la luz todos las arbitrariedades que se cometen en estos susodichos centros dizque de reavilitacion y que no son más que unos depravados violando todo tipo de derechos humanos, es condidos detrás de un logo a puerta cerrada. Felicitaciones a CRITERIO y ojalá se pueda descubrir más de esta triste realidad, donde Lu único que si tienen claro es vivir a costillas de las familias de las víctimas, recaudando grandes sumas de dinero con la excusa que es para darle el mejor trato a las víctimas.

  7. Instituciones que quieren que las familias desidan por nosotros en lugar de apollar que legalisen la hierva y nos dejen desidir a nosotros .

  8. Sebastián Ospina

    El verdadero negocio es que los mismos dueños de las instituciones les venden la droga los envician y luego cobran por
    Lado y lado .

  9. Esta muy bueno que esto salga a la luz pública. Pero que investiguen y sancionen a esas entidades que contratan a cualquier sujeto para hacer estas terapias sin ser profesionales. Que les pidan la tarjeta profesional a esas personas que hacen ese trabajo con seres humanos.

  10. QUE INFORMACIÓN TAN DOLOROSA,GRACIAS FABIAN POR SU LABOR INVESTIGATIVA Y PERIODISTICA.
    SERÍA BUENO UNA INVESTIGACIÓN SIMILAR, CON ADOLESCENTES Y JOVENES QUE SON “ARRANCADOS” DE SU ENTORNO FAMILIAR POR EL ICBF,ESO TAMBIEN ES TERRIBLE Y NO ES POR CONSUMO DE SUSTANCIAS…

    VIVÍ UN CASO,DEL CUAL AÚN VIVO LAS SECUELAS

    UN ABRAZO MI ADMIRADO FABIAN

  11. Estas fundaciones intentan desestimar el relato de los pacientes que han recibido este tipo de abusos, al interponer el caso ante los organismos de control, no es mucho lo que hagan al respecto, porque el equivocado y enfermo siempre va a ser el paciente, yo llevo un proceso legal contra una fundación en la que me ocurrió algo similar y siempre responden reafirmando mi condición de salud mental y que debo estar en un tratamiento intramural por mi adicción, siendo yo una persona funcional socialmente, ha sido difícil más porque mis recursos son limitados para abogados y no cuento con un soporte familiar, hace poco impugne la tutela que coloque y estoy esperando una respuesta adecuada por la violacion de mis derechos, pero sin un abogado es difícil una repuesta positiva, también tengo una denuncia ante el colpsic hacia una psicóloga y al averiguar sobre el tema, no hay claridad de lo que sigue.
    Gracias familia de Santiago por creer en su relato y apoyarlo, de esta problemática se sale es con una red de apoyo sólida y amorosa. Somos seres humanos, que no elegimos este camino y sufrimos por la impotencia de no poder salir de él.

  12. Una vez más el control y vigilancia se queda corto, solo queda crear redes de apoyo para lidiar con este tipo de casos que solo a través de denuncias e investigaciones como la de Fabián hacen posible una intervención apropiada y a tiempo.

  13. Una vez más el control y vigilancia se queda corto, solo queda crear redes de apoyo para lidiar con este tipo de casos que solo a través de denuncias e investigaciones como la de Fabián hacen posible una intervención apropiada y a tiempo.

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