Cien días de Gobierno, ¿y qué?

Nadie podrá pretender que el Gobierno de Gustavo Petro ni cualquier gobierno, en sus primeros 100 días, lleve a cabo, y ni tan siquiera que avance mucho, en lo prometido en la campaña electoral. Lo que sí permite ese lapso es calibrar la personalidad del gobierno, de su presidente en particular, y de si sus primeros pasos auguran o no las correctas direcciones del resto del camino de su correspondiente administración. En términos del saber inteligente y popular, “por el desayuno se conocerá cómo será el almuerzo.”

Hay logros positivos. Las relaciones con Venezuela; el haber concretado la gobernabilidad a través de un Congreso mayoritario; con los reatos que se puedan tener, la reforma tributaria se consiguió. Algunos mensajes –y otros no– buscan calmar la desazón de ciertos importantes sectores, como en el caso del acuerdo con Fedegán.

Pero hay observaciones.

El presidente es muy buen táctico en lo político. Inteligentes jugadas, ahí, aunque otros de sus planteamientos son muy inocentes. Que la inflación se combate con la economía popular, poniendo a todos a trabajar. Que el precio de la carne tiene su causa en los mataderos. Que Satena, que tuvo que viajar a Caracas desde Barranquilla, por no disponer de aviones con autonomía para hacerlo desde Bogotá, será la primera empresa aérea comercial nacional.

El presidente maneja un retrovisor de amplio espectro. No solo en relación con las críticas a Iván Duque, sino que va hasta la colonia y la independencia, pasando por la época de lo que él llama de los esclavistas, que hoy se prolongan con sus respectivos herederos.

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Hay una izquierda que sabe muy bien de realizaciones. Pero hay otra que se ha quedado en la crítica y en la política de la sola gestión cultural y el adoctrinamiento. Me da la impresión, por sus discursos e intervenciones, que el presidente Petro pertenece más a esta última categoría.

No obstante su éxito electoral, me parece, y es una opinión débil, que el doctor Petro no comunica bien. Sus discursos, siempre con el cambio climático adelante, deben dejar con un interrogante a más de un colombiano; a más de un colombiano de aquellos que pertenecen a la categoría de los que se tienen que esforzar por atender al día a día y no a tales espectros, ciertos y  peligrosos pero tan mundiales. Igual cuando descalifica la economía de mercado. ¿Economía de mercado?, se preguntarán muchos; y ¿será que el presidente –continuarán con el interrogante– está en contra de lo que se economiza en la compra del respectivo mercado?

En este breve lapso, en el cual las esperanzas intactas y elevadas suelen concederle a todo presidente –y no es redundante– el valor de la espera  positiva, amable y algo feliz, me parece que las encuestas no lo tratan bien. Su retórica despierta perplejidad antes que apoyo, y de allí el fracaso de las marchas para defender sus primeros 100 días.

Cómo van las reformas del Gobierno Petro
¿Cómo va el Gobierno de Petro?

Vuelvo a dar una opinión débil: me parece que el presidente Petro no está leyendo bien al país. Está generando perplejidad en todos los órdenes, incluso entre muchos de los que votaron por él. A lo mejor los colombianos, en su gran mayoría, no estaban interesados en tantos cambios como los propuestos en la campaña. Ni en el nuevo perdón para tantos violentos. Ni en la descalificación del sistema de salud y la reforma que sobre el punto se propone.

Ni el colombiano le tenía tanta ojeriza a los hidrocarburos. Ni aspiraba a tener un presidente como líder mundial en el calentamiento global. Bien lo de la Amazonia, pero tampoco esto estaba dentro de sus prelaciones. Ni entiende cuál es la alternativa después de decretarle la guerra a muerte a la guerra contra las drogas, ni tiene claro cuáles son las alternativas al flagelo. Los catastrofistas cansan. Y la paz total, con este sustantivo femenino –la paz– tan grueso y difícil, y que lo será aún más si se le añade el adjetivo “total”;  y con ello se lo vuelve casi que  totalmente increíble.

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Y ese desmesurado convencimiento de nuestro mandatario de que está llamado a un liderazgo mundial deja desconcertados a muchos. En la rueda de prensa sobre los 100 días aseguró: “Vamos a lograr una transformación del sistema económico mundial.” ¿Quién se lo cree? ¿Cuándo se le verán los beneficios? ¿Y cómo es eso de Colombia potencia mundial de la paz?

Que todo eso lo prometió en campaña, cierto lo es. Pero parece que no se lo tomaron en serio muchos de sus votantes. La mayoría del país quería salir de Duque y de lo que él representaba. De allí que el gran oponente para la segunda vuelta, y cercano en los resultados, fuera alguien tan chabacano, primario y tan poco presentable como el señor Rodolfo Hernández. Que también, a su manera, era un cambio.

Al presidente Petro habría que insinuarle la reflexión de Francois Mitterrand. Este ganó la presidencia de Francia con un programa socialista, de muchas nacionalizaciones. Y empezó a cumplirlo y a desbaratar la economía francesa. Inflación, desempleo, ineficiencia de las fábricas estatizadas, nula inversión, fuga de las empresas a los países vecinos. Mitterrand rectificó y volvió a los cauces normales de la libre empresa. Su programa electoral, al cesto. Y fue reelegido.

De pronto, en solo 100 días, el país se ha despertado y se ha encontrado con el hecho de que tanta crítica y tanto desastre y tanto cambio, son asuntos que no se avienen con una sociedad normal; y que por ello se siente al borde del caos.

Incluso pienso que la tragedia del Gobierno de Gustavo Petro estaría en que él insistiese en tratar de cumplir con su programa electoral.    

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