Cinco películas que cuentan la historia del cine negro en Estados Unidos

A propósito de ‘Black Films Matter’, la retrospectiva con la que el Museo Reina Sofía de Madrid (España) hace un recorrido por el cine negro de Estados Unidos, Diario Criterio habla de algunas joyas poco conocidas del séptimo arte.

En 1915 D. W. Griffith, uno de los directores más importantes del cine estadounidense de comienzos del siglo XX, estrenó The Birth of a Nation (El nacimiento de una nación), una de las películas más racistas e infames de la historia del séptimo arte. La trama, que tenía lugar justo después del final de la Guerra de Secesión, presentaba al Ku Klux Klan como un movimiento patriótico y heroico, y a los negros estadounidenses recién liberados como corruptos, haraganes y borrachos que despilfarraban los recursos públicos, cometían crímenes y violaban mujeres.

La película pasó a la historia por el uso nunca antes visto de técnicas de grabación y recursos narrativos –algunos dicen que el cine posterior le debe mucho en ese sentido–, pero también por su trama grotesca, que generó protestas de la comunidad afroamericana y que causó, según reportes de la época, que pandillas de jóvenes blancos atacaran a muchachos negros inspirados por el mensaje equivocado de la cinta. 

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Indignado por la película, por los eventos que desencadenó y por los llamados disturbios raciales de Chicago en 1919, en los que miles de afroamericanos tuvieron que huir de la ciudad por los ataques de grupos de pandilleros y habitantes blancos (murieron 38 personas, según los registros oficiales), el joven cineasta afroamericano Oscar Micheaux decidió filmar su segunda película, una especie de respuesta a Griffith, que vio la luz en 1920.

Se llamó Within Our Gates y cuenta la historia de una mujer afroamericana privilegiada del sur de Estados Unidos que viaja hasta al norte para encontrar financiación para una escuela de niños pobres. Allí, luego de una serie de peripecias y de accidentes, termina emparejada con un prominente doctor negro. Y en ese camino se revela su triste pasado: ella es en realidad fruto de la violación del dueño de una plantación a una de sus esclavas (de ahí la razón de su privilegiada educación) y sus padres adoptivos fueron linchados y colgados injustamente. 

Las escenas de linchamientos y violaciones por parte de supremacistas blancos a afroamericanos inocentes eran tan crudas, que las autoridades y los dueños de las salas de proyección de Chicago y Detroit (las únicas ciudades en las que se estrenó) tuvieron miedo de que terminaran incitando a la violencia, por lo que redujeron sus proyecciones. Tal vez por eso, por su bajo presupuesto, por el estilo descuidado e improvisado, o simplemente porque no le gusto al público negro ni al público blanco, la película terminó olvidada e ignorada por años. 

Within Our Gates hubiera corrido con la misma suerte de otras películas de su mismo estilo (incluyendo The Homesteader, la primera película de Micheaux), que desaparecieron sin dejar rastro, pero una de las cintas de proyección con la película terminó en España, en manos de la Filmoteca Española, con el sugerente título de La negra. Cuando en los años setenta alguien la descubrió, la sacó a la luz y la volvió a proyectar en Estados Unidos, se convirtió en un fenómeno. Hoy es la película más antigua filmada por un director afroamericano de la que se tiene una copia. Una verdadera joya del cine negro en ese país que se puede ver en Youtube. 

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En una especie de guiño al pasado, la película volvió a España a finales del año pasado. La razón: el Museo Reina Sofía y la Filmoteca Española decidieron hacer un ciclo que recorre la historia del cine afro en Estados Unidos. Lo llamaron Black Films Matter (El cine negro importa), inspirados por las protestas del Black Lives Matter, e incluyeron –por supuesto– a Within Our Gates, así como a The Darktown Revue (1931) otra película de Micheaux. 

De las películas de raza a la ‘Blaxploitation’ y la Escuela de cineastas negros

La idea del ciclo, que arrancó a finales de noviembre y va hasta el 22 de enero, es hacer un recorrido (una especie de antología) por el cine negro e independiente de Estados Unidos. Por eso, además de Micheaux, hoy considerado el gran pionero del cine afroamericano y racial en ese país, también aparecen los directores que estuvieron activos durante las décadas del sesenta y setenta, así como varios cineastas contemporáneos. 

El ciclo destaca, por ejemplo, también a Sweet Sweetback’s Baadasssss Song, de Melvin Van Peebles, la película que los expertos consideran la primera del llamado movimiento Blaxploitation, que llenó las salas de cine durante los años setenta. En esa época, luego del furor del movimiento por los derechos civiles y de hechos históricos como los asesinatos de Martin Luther King y Malcolm X, los cineastas afroamericanos comenzaron a hacer películas dirigidas al publico negro urbano, llenas de violencia, drogas, sexo y –sobre todo– música punk y mucho soul.

Aunque muchos acusan a ese tipo de películas de perpetuar estereotipos de los afroamericanos como criminales que huían de la Policía, fumaban drogas y actuaban de forma violenta, otros las vieron como una forma de empoderar a la comunidad y darle el protagonismo que no tenían en el resto del cine, en donde aparecían casi siempre como personajes secundarios. Además en sus tramas, siempre los afros terminaban imponiéndose ante los blancos y los racistas.

Sweet Sweetback’s Baadasssss Song, por ejemplo, cuenta la historia de un prostituto negro que salva a un miembro de los Panteras Negras del ataque brutal de dos policías y, debido a eso, debe huir de ellos y evitar que lo arresten. Al final, luego de meterse con mafiosos, de tener sexo con varias mujeres que lo ayudan en el camino y de hacer quedar como bobos a los policías, logra irse a México, ante la mirada atónita de sus perseguidores. 

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Más adelante en esa misma década aparecieron movimientos como L.A. Rebellion o la Escuela de cineastas negros de Los Ángeles, en el que jóvenes afroamericanos y africanos, estudiantes de cine en la Universidad de California, Los Ángeles (UCLA), se unieron y crearon una serie de películas comprometidas políticamente que se convirtieron en una alternativa al cine que se podía ver en Hollywood en esa época. 

Uno de sus principales exponentes, Charles Burnett, por ejemplo, estrenó en 1978 Killer of Sheep, un retrato humanista de la clase obrera negra de Estados Unidos. Se trata de una película sobre un hombre negro que trabaja sacrificando animales en un matadero de Watts, un barrio de Los Ángeles, pero al que su trabajo lo frustra y lo afecta tanto que él termina teniendo problemas en su vida privada, con su esposa y sus dos hijos. Una persona a la que el sistema no le permite ser feliz ni sentirse satisfecho.

El cine contemporáneo: lo feminista, lo ‘queer’ y la protesta social

Tiempo después, a finales de los años ochenta y comienzos de los noventa, el cine independiente negro comenzó a incluir otro tipo de temáticas, como el feminismo o las relaciones LGBTI, y que se inscribe dentro del llamado New Queer Cinema. Un ejemplo es el de She Don’t Fade, una película dirigida, producida y protagonizada por Cheryl Dunye, nacida en Liberia, pero criada en Filadelfia, y quien a través de su cine aborda la intersección de raza, género y sexualidad.

En la cinta, de solo 24 minutos, Dune cuenta la historia (semiautobiográfica) de las relaciones amorosas y sexuales de una joven negra y lesbiana.

Ella misma dirigió The Watermelon Woman, una comedia romántica de 1996 en la que una afroamericana lesbiana de 25 años que trabaja en una tienda de alquiler de películas se obsesiona con una actriz negra de los años treinta a la que nunca acreditaron con su verdadero nombre en las películas y que solo aparece como “The Watermelon Woman”

El ciclo del Museo Reina Sofía y de la Filmoteca Española incluso llega hasta estos días. Luego de pasar por películas como Boyz n the Hood (1991), de John Singleton, que significó la primera ocasión en que nominaron a un cineasta negro al Oscar, o Do the Right Thing (1989), una de las primeras cintas de Spike Lee, aborda a uno de los artistas norteamericanos más interesantes de la actualidad: Arthur Jafa.

Premiado como director de fotografía de cineastas como Lee y Julie Dash, en los últimos años se ha dedicado a hacer cortos artísticos, videos musicales y documentales con un estilo visual y musical característico, casi siempre hablando de la violencia racial. Una de las obras visuales más potentes contra la era Trump.

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Su documental Dreams are Colder than Death, estrenado en 2014, por ejemplo, reúne, 50 años después del ‘I Have a Dream’ de Martin Luther King, los testimonios de varias personalidades afroamericanas que hablan sobre lo que implica ser negro hoy en Estados Unidos. 

Es cierto que sus películas y cortos no se estrenan y no se mueven masivamente, sino en pequeños cineclubes, en galerías de arte y en algunos teatros especializados. Pero a diferencia de 1920, cuando Oscar Micheaux estrenó Within Our Gates, el cine hecho por directores afroamericanos (como el propio Spike Lee) está en un nivel muy diferente. No solo de calidad, sino de temática y de popularidad. 

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