El legado de Ciro Durán, el director de cine colombiano fallecido a los 84 años

El cineasta Ciro Durán, director de documentales como ‘Gamín’ y de películas como ‘ La toma de la embajada’, deja una obra contestataria y preocupada por la realidad social del país, que logró ser reconocida a nivel internacional cuando el cine colombiano aún estaba en pañales.

Ciro Durán, el director de cine, productor y guionista colombiano, falleció este lunes a los 84 años de edad, luego de una carrera impresionante que lo llevó a ser ganador del premio Donostia a mejor director en el Festival de Cine de San Sebastián y el primer colombiano invitado al Festival de Cannes.

Con documentales como Gamín (1978) o La guerra del centavo (1985), y con películas como Aquileo Venganza (1968), La nave de los sueños (1996) y La toma de la embajada (2000), Durán deja un legado enorme para el cine colombiano, un legado que según Pedro Adrián Zuluaga, critico de cine de Diario Criterio, hay que redescubrir a partir de ahora sin prejuicios. Sobre todo los que encasillan algunas de sus películas de ‘pornomiseria’.

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“Como sucede con la obra de directores y directoras de Colombia –escribió Zuluaga en Twitter– habría que redescubrir la de Durán con paciencia y sin prejuicios. Su ‘western’ ‘Aquileo Venganza’ (1968), con un joven Carlos Muñoz, es ejemplo de un cine que, debido al contexto ideológico del momento, fue subvalorado“.

Y es que sus documentales y películas eran contestatarias para su época, muy preocupadas por la realidad social. En Gamín, por ejemplo, sigue a un grupo de gamines, como se les conoce en Bogotá a los niños y adolescentes que viven en la calle y que sobreviven pidiendo plata, robando o vendiendo cartón.

Durán, nacido en Convención, Norte de Santander, el 16 de diciembre de 1934, descubrió el cine en la pequeña sala de su municipio natal, de la mano de su padre. En una época en la que en Colombia mandaban la parada las producciones mexicanas.

De hecho, según le contó en una entrevista a Dario Arizmendi, su primera película (y la que más lo impresionó) fue una de vaqueros.

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Aún así, el cine era una especie de sueño lejano y en su juventud decidió trasladarse a Bogotá para estudiar química y matemáticas en la Universidad Nacional. Pero allí tuvo contacto con el ambiente teatral y artístico de la ciudad y decidió que lo suyo era el arte. Se fue hasta Caracas, Venezuela, y allá estudió cine y teatro. Su maestro fue el venezolano Román Chalbaud.

Allá, en 1962, publicó su primer largometraje documental: La paga, que trataba sobre la lucha de los campesinos explotados en Colombia y en Venezuela. Y a raíz de ese trabajo, lo escogieron para dirigir la película de ficción Aquileo Venganza, un western protagonizado por Carlos Muñoz y filmado en Villa de Leyva, sobre un campesino víctima de despojo de tierras por un grupo de bandoleros durante la Guerra de los Mil Días, que decide vengarse y enfrentarse a los criminales.

Una escena de la película ‘Aquileo Venganza’, dirigida por Ciro Durán en 1968. Trataba sobre el despojo de tierras en la Guerra de los Mil Días.

Luego de un par de documentales sobre las corralejas de Sincelejo y el parque Tayrona, este último codirigido con la productora Joyce Ventura, llegó la producción que lo llevó a dos de los principales festivales de cine en el mundo: Gamín.

Gracias a ese documental, Durán ganó el premio Donostia  a los Nuevos Realizadores en San Sebastián y fue invitado al Festival de Cannes, en donde se proyectó el largometraje, que luego llegó a varios países de Europa.

Otro de sus trabajos por esa época fue La guerra del centavo, que actualmente está completo y gratuito en Youtube, en donde relata la vida cotidiana de los conductores del transporte público en Bogotá. En esa época, mucho antes del SITP y de TransMilenio, estos no tenían un salario fijo y debían pelearse los recursos para sobrevivir y para comer con los otros conductores, recogiendo pasajeros.

Ciro Durán en Estados Unidos y Europa

En 1988 incluso dirigió una película en Estados Unidos: Tropical Snow, protagonizada por David Carradine y Madeleine Stowe, sobre una pareja que vive en Bogotá con varios problemas económicos y decide meterse en el negocio de la venta de cocaina, transportándola a Nueva York.

Y en 1990 apareció en Comment vont les enfants? (Cómo están los niños), una antología sobre los horrores de la niñez alrededor del mundo, junto con directores de la talla de Jean-Luc Godard, Jerry Lewis, Lino Brocka o Rolan Bykov.

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En esa misma década, Ciro Durán estrenó La nave de los sueños (1996), sobre un grupo de polizones que se infiltran en un barco que zarpa de Buenaventura hacia las costas de Estados Unidos y que ante el accidente de uno de sus compañeros se enfrentan a la decisión ética de si avisarle al capitán del barco (poniendo en riesgo su sueño américano) o callar y dejarlo morir.

Su última película, sin embargo, fue La toma de la embajada (2000), en la que recreaba uno de los hechos históricos del conflicto armado reciente en Colombia: la toma de la Embajada de la República Dominicana por un comando del M-19 en 1980. Un hecho que duró dos meses y que se solucionó con una negociación entre el gobierno de Julio César Turbay y los guerrilleros.

Esas dos cintas, lanzadas en una época en la que casi no se producían ni estrenaban películas nacionales (aún no se había promulgado la famosa Ley del Cine), fueron estrenadas gracias al G-3, una iniciativa del propio Ciro Durán en la que cineastas de Colombia, México y Venezuela se unían para sacar adelante sus producciones ante las dificultades del mercado.

Durán combinó su pasión por el cine, con la publicidad, haciendo comerciales para televisión con Neofilms. Además, fue presidente de la Asociación de Cinematografistas de Colombia (ACO). Uno de sus logros con este grupo fue la ley que obligaba a pasar un cortometraje colombiano antes de una película extranjera.

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