Los tres capos del Clan del Golfo que aterrorizan a Colombia

Se trata de alias Siopas, Chiquito Malo y Gonzalito, herederos del Clan del Golfo, la estructura mafiosa del recientemente extraditado alias Otoniel. Ellos tres pusieron en jaque la seguridad del país a pocos días de las elecciones presidenciales.

Las cifras hablan por sí solas. El país ha estado sometido a un paro armado impuesto por una organización criminal que en menos de tres días ejecutó 169 acciones violentas con un saldo parcial de una decena de muertos, entre civiles, policías y militares, 159 vehículos incinerados y el encierro de miles de personas que viven en 88 municipios de nueve departamentos.

Tristemente, los colombianos revivieron escenas de décadas atrás, cuando en pleno inicio del gobierno de Álvaro Uribe y su Seguridad Democrática, la guerrilla de las Farc imponía su régimen de terror con paros armados, quema de vehículos, bloqueo de vías y el temido plan pistola.

Pero en esta ocasión fueron integrantes de una organización criminal de extrema derecha, que surgió como una disidencia de los paramilitares que se desmovilizaron durante el gobierno de Uribe.

Al comienzo se les llamó Bandas Criminales, luego Úsugas, posteriormente Urabeños hasta que adquirieron ‘personería jurídica’ propia, autodenominándose Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC), que es lo que hoy se conoce como Clan del Golfo.

Y tal como sucede en la actualidad con las disidencias de las Farc, el Clan del Golfo es una organización criminal que subsiste gracias al narcotráfico. Es su principal fuente de financiación y arma de corrupción de la institucionalidad colombiana.

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Los días contados, pero de Duque

Tras la captura y reciente extradición a Estados Unidos de su máximo jefe, Dairo Antonio Úsuga, alias Otoniel, el propio presidente Iván Duque sentenció en todos los medios de comunicación que ese era el fin del Clan del Golfo.

Duque fue más allá al intentar equiparar el perfil criminal de alias Otoniel con el del temido capo del cartel de Medellín, Pablo Escobar Gaviria. Pero ni Otoniel alcanzó a cometer las atrocidades de Escobar, ni su captura significó el fin del Clan del Golfo.

El poder de esa organización criminal fue tan subestimado por las autoridades, que nadie le prestó atención a las amenazas anticipadas en torno a que realizarían un paro armado como retaliación por la captura y extradición de su máximo jefe, alias Otoniel.

Incluso, después de tres días de un paro armado que ha diezmado la seguridad y tranquilidad de los colombianos en nueve departamentos, el ministro de Defensa, Diego Molano, aún seguía hablando de “reductos” del Clan del Golfo como intentando tapar el sol con un dedo.

Otra señal que demostraría que el Gobierno y la fuerza pública no estaban preparados para enfrentar esta nueva amenaza, y que creían extinta, es que durante las primeras horas del paro armado ofrecían solo 50 millones de pesos por información que permitiera capturar a cada uno de los tres nuevos jefes del Clan del Golfo.

Pero este sábado, y luego de las trágicas cifras del paro armado, esa misma recompensa se aumentó a 5.000 millones de pesos y el presidente Duque ordenó la conformación de un Bloque de Búsqueda: un cuerpo élite de fuerzas especiales, cuya única misión es la de capturar a alias Siopas, Chiquito Malo y Gonzalito.

Clan del Golfo y política

Como era de esperarse, ese problema de seguridad nacional y orden público se convirtió en un nuevo caballito de batalla que polarizó aún más las campañas presidenciales, especialmente desde los dos polos opuestos: Álvaro Uribe y Gustavo Petro.

Desde una de las orillas aseguran que la política de no fumigar los cultivos ilícitos, es una decisión que solo beneficia a los grupos armados ilegales que viven del narcotráfico, entre ellos el Clan del Golfo.

Y desde la otra vertiente política le enrostraban al actual Gobierno y su partido la negativa a sentarse a negociar con esas organizaciones criminales y la mano blanda a la hora de combatir al Clan del Golfo, que contrasta con el exceso de fuerza que usaron para contener la protesta social.

Las redes sociales han sido la tribuna para exponer esos argumentos entre ambos bandos, pero que en el fondo dejaban la misma sensación: la debilidad o acción retardada del Gobierno para contener la arremetida del Clan del Golfo.

Hasta el propio expresidente Álvaro Uribe, que a través de su cuenta de Twitter ha sido tan asiduo e implacable con los temas de seguridad, en esta ocasión solo se limitó a retransmitir las denuncias que se hacían desde las regiones por cuenta del paro armado. Sin embargo, dedicó un trino para recordar lo que fue en su gobierno la Seguridad Democrática.

En medio de esa cruda realidad política y de orden público, aparecen los nombres de tres nuevos capos que se convirtieron en el objetivo de mayor valor para las autoridades.

Esos trofeos humanos son Wilmer Antonio Giraldo Quiroz, alias Siopas, José Gonzalo Sánchez Sánchez, alias Gonzalito, y Jobanis de Jesús Ávila Villadiego, alias Chiquito Malo. Todos herederos del Clan del Golfo y que en la actualidad dominan zonas estratégicas como Chocó, la frontera con Panamá y el Urabá antioqueño con Córdoba y Sucre.

Capos del Clan del Golfo
De izquierda a derecha: Wilmer Antonio Giraldo Quiroz, alias Siopas, José Gonzalo Sánchez Sánchez, alias Gonzalito, y Jobanis de Jesús Ávila Villadiego, alias Chiquito Malo

Según las autoridades, ellos son los responsables de las 159 acciones violentas ocurridas en los últimos tres días durante el paro armado que afectó a 88 municipios de los departamentos de Antioquia, Chocó, Córdoba, Bolívar, Cesar, Atlántico, Magdalena, Santander y Sucre.

Diario Criterio tuvo acceso a dos de los tres perfiles criminales que poseen las autoridades sobre esos nuevos jefes mafiosos, que ahora son perseguidos por fuerzas especiales agrupadas en un Bloque de Búsqueda, similar al que dio de baja o capturó a capos de la mafia como Pablo Escobar y los hermanos Miguel y Gilberto Rodríguez Orejuela.

Clan del Golfo, estructura
Clan del Golfo, estructura

Aunque para la mayoría de colombianos el nombre que más se relaciona con el Clan del Golfo es el de su máximo cabecilla, Dairo Antonio Úsuga, alias Otoniel, la realidad es que detrás de él hay otros cinco jefes o capos con similar poder y sevicia criminal.

Además de Siopas, Chiquito Malo y Gonzalito, están Orozman Orlando Ostén Blanco (alias Rodrigo Flechas), alias Bayron, considerado jefe financiero de la organización, y alias Bruno, a quien identifican como el jefe político del Clan del Golfo.

Chiquito Malo y mafioso

Jobanis de Jesús Ávila Villadiego, alias Chiquito Malo
Jobanis de Jesús Ávila Villadiego, alias Chiquito Malo

Jobanis de Jesús Ávila Villadiego, más conocido como Chiquito Malo, tiene 43 años de edad y nació en San Pedro de Urabá.

En la Fiscalía reposan cuatro investigaciones activas. Dos por homicidio, una por desplazamiento forzado y otra por uso de menores de edad para la comisión de delitos. Tres de esos procesos apenas se encuentran en indagación y solo uno de ellos en etapa de instrucción.

Hizo parte del Bloque Bananero de las Autodefensas Unidas de Colombia, pero se desmovilizó en octubre de 2004, durante el proceso de Justicia y Paz del gobierno de Álvaro Uribe Vélez.

Sin embargo, no continuó con dicho proceso y volvió a sus andanzas criminales con el Clan del Golfo, donde escaló hasta convertirse en el encargado de manejar los temas relacionados con narcotráfico, debido a su experiencia y conocimiento.

Los buenos resultados en asuntos mafiosos le permitieron ascender hasta convertirse en cabecilla de la subestructura Central Urabá Turbo, con presencia en zona rural de dicho municipio. Desde allí coordinó actividades ilícitas dirigidas al control del narcotráfico, extorsiones y acciones armadas en contra de la fuerza pública, con el fin de evitar que puedan acceder a su zona de injerencia.

El primer gran ascenso de Chiquito Malo dentro del Clan del Golfo ocurrió el 31 de agosto de 2017, cuando la fuerza pública dio de baja a Roberto Vargas Gutiérrez, alias Gavilán. Tras esa neutralización, Chiquito Malo asumió como cabecilla principal del narcotráfico de toda la organización.

Desde ese nuevo cargo se vinculó de manera directa con las fases de cultivo, producción, acopio y tráfico internacional de estupefacientes en asocio con familiares y colaboradores de confianza de alias Otoniel.

Pero ese reinado le duró poco, porque en marzo de 2018 el gobierno de Estados Unidos lo solicitó en extradición por tráfico de droga.

En octubre de 2018, tras la captura de alias Nicolás, uno de los principales cabecillas del Clan del Golfo, Chiquito Malo se convirtió en el tercero al mando de dicha organización criminal.

De acuerdo con información suministrada por el general Jorge Luis Vargas, director de la Policía, Chiquito Malo sería el encargado de manejar las operaciones delincuenciales y mafiosas en la frontera con Panamá.

Gonzalito, el azote de Antioquia, Córdoba y Sucre

José Gonzalo Sánchez Sánchez, alias Gonzalito.
José Gonzalo Sánchez Sánchez, alias Gonzalito.

José Gonzalo Sánchez Sánchez, más conocido con el alias de Gonzalito, tiene 48 años de edad y es oriundo de Montería (Córdoba).

Contra Gonzalito existen seis investigaciones de la Fiscalía por delitos que van desde homicidio, desplazamiento forzado, amenazas, concierto para delinquir y uso de menores de edad para la comisión de delitos.

Desde 1996 perteneció a grupos al margen de la ley y por ese delito fue condenado a seis años de prisión, los que purgó en la cárcel Bellavista de Medellín.

Luego de pagar esa condena, en 2002 ingresó a las filas del Bloque Catatumbo de las Autodefensas Unidas de Colombia con injerencia en Norte de Santander. Ese bloque era comandado por Salvatore Mancuso Gómez, alias el Mono Mancuso, y allí se hizo conocer por su frialdad y sagacidad para ejecutar los crímenes encomendados.

Al igual que Chiquito Malo, alias Gonzalito también se desmovilizó en 2004 durante el proceso de Justicia y Paz; lo hizo en Tibú (Norte de Santander) junto con otros 1.425 integrantes.

En los informes de inteligencia de las autoridades, aparece que alias Gonzalito perteneció a un grupo especial que se creó dentro de las AUC y que tenía como labor ubicar, asesinar y posteriormente incinerar los cadáveres y que para ello construyeron un horno crematorio que no dejaría evidencia de los homicidios que cometían.

Agrega el informe de inteligencia, que después de demostrar su frialdad para ejecutar actos criminales, alias Gonzalito fue enviado a Casa Castaño, en límites del Urabá Antioqueño y Córdoba, donde fue pieza clave para la consolidación y conformación de los bloques paramilitares.

Luego de la desmovilización, alias Gonzalito se enganchó con las disidencias de lo que hoy se conoce como el Clan del Golfo y que debido al entrenamiento militar y financiero y su ideología criminal que recibió en las AUC y su posible familiaridad con alias Otoniel, fue designado cabecilla principal de la estructura Roberto Vargas Gutiérrez.

En esa estructura alias Gonzalito tiene a su mando 1.220 hombres en cinco subestructuras con injerencia en Córdoba, Antioquia y Sucre, zonas de gran valor estratégico, debido a que se facilita para la minería ilegal, cultivos de hoja de coca, producción de clorhidrato de cocaína, homicidios selectivos, extorsiones, cobro de impuestos a los transportadores.

Así mismo, este territorio es un corredor de movilidad hacia otras zonas del país y puertos marítimos que son utilizados para sacar los cargamentos de estupefacientes hacia otros países.

Alias Gonzalito es considerado el autor intelectual de varios homicidios. A él se le atribuye el asesinato de Gloria Beatriz Balbin Londoño, ocurrido el 21 de abril de 2014 en Santa Rosa (Antioquia), al igual que los homicidios de Pablo Esteban Jaramillo Jiménez y Nilson de Jesús Areiza Gómez, sucedidos el 21 de noviembre de 2015.

Puede leer: La guerra de Los Flacos y de la mafia en el norte del Valle y Risaralda (II)

6 Comentarios

  1. Que tenaz estas organizaciones nunca se van a acabar
    Atrapan a uno y siguen
    Otros que heredan los cargos y con más odio rabia y violencia
    Que horror

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Diario Criterio