‘Clima’, la nueva novela de Jenny Offill

La escritora estadounidense dialoga con las consecuencias del cambio climático en una novela que se ocupa, ante todo, de examinar desde el humor y desde el miedo lo que significa vivir en nuestros tiempos. 

Lizzie teme el colapso de la civilización. Es 2016 y la elección de Donald Trump como el nuevo presidente de su país no augura nada bueno. Tampoco ayuda que su nuevo trabajo consiste en contestar los cientos de correos que llegan al podcast de entrevistas sobre cambio climático que presenta su antigua mentora. Los oyentes, que su jefa describe como “locos o depresivos”, la bombardean con preguntas sobre el fin de los tiempos. ¿Cómo sabrá la última generación que es la última generación? ¿Cuál es la filosofía del capitalismo tardío? ¿Cómo hacer para permanecer optimista y no sucumbir? Poco a poco, una sensación de impotencia permea la vida de Lizzie. Y no solo por la posibilidad de un apocalípsis. Su vida afectiva también está en crisis: la relación codependiente que tiene con su hermano amenaza con echar al traste su matrimonio y su estabilidad emocional. 

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Clima, la nueva novela de la escritora estadounidense Jenny Offill, apareció en las listas de los mejores libros del año pasado de varias publicaciones anglosajonas como The Guardian o Los Angeles Times. El libro hace parte de un nuevo género conocido como “cli-fi” o “clima ficción“, que se ocupa, como su nombre lo indica, de especular sobre las consecuencias del cambio climático y del calentamiento global. La novela de Offill, sin embargo, no se desenvuelve en un futuro arrasado; en cambio, se ocupa de la ansiedad que despierta la idea de ese futuro. En ese sentido, Clima logra transmitir una extraña sensación de intemporalidad: todo lo que ocurre en la trama parece ser, en realidad, un preludio de lo que más adelante ocurrirá. 

La estructura del libro refuerza esta impresión. Clima, como Departamento de especulaciones (2014), la novela más conocida de Offill, está narrada como un diario compuesto de pequeñas entradas. En los fragmentos, que hábilmente desdibujan la impresión de continuidad en la obra, la narradora intercala observaciones de su día a día con cavilaciones relacionadas a su trabajo. También incluye datos curiosos sobre una amplia gama de temas: estadísticas sorprendentes, reflexiones de filósofos, noticias de los hábitos de diversos animales. El gran número de referencias nunca se siente agobiante ni descarrilla la trama del libro (como sí ocurre en algunos pasajes de Departamento de especulaciones). Todo lo contrario: en Clima, Offill canaliza la multiplicidad de anécdotas para generar un tono levemente opresivo, marcado por el miedo y, también, por el hastío de vivir bajo la constante presión social de tener que sentirse bien en medio de una crisis como la del cambio climático.

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Offill balancea el ambiente premonitorio con humor negro. La ansiedad que siente Lizzie la arrastra una y otra vez hacia la angustia. Ella es consciente de que el fin del mundo es, también, el fin del mundo para sus seres amados. Su escudo, entonces, es la ironía, que no es otra cosa sino “rabia afilada, contenida, traducible”, como alguna vez escribió el novelista keniano Binyavanga Wainaina. Lizzie encuentra en el humor la clave para procesar la impotencia; para ella, los chistes son su forma de hacer catarsis. Probablemente no podamos evitar el desastre, nos dice, pero por lo menos podemos contarlo. 

Foto de apertura: Eva O’Leary

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