¿Ocho colectivos indígenas fueron excluidos del Salón Nacional de Artistas?

Una investigadora acusa al Ministerio de Cultura de incumplirles a comunidades indígenas a las que ya les habían dado luz verde para participar en el evento.

Por estos días el Ministerio de Cultura promociona en sus redes sociales el inicio de la versión 46 del Salón Nacional de Artistas, uno de los eventos más importantes y tradicionales para las artes plásticas en Colombia. Una edición llamada Inaudito Magdalena, que será muy diferente a las anteriores: no tendrá una sola sede, sino que estará compuesta por varias muestras a lo largo de la cuenca del río Magdalena, en la que todo (obras, muestras charlas y eventos) girará en torno al río. 

Los organizadores lo han anunciado como un esfuerzo sin precedentes, que tendrá laboratorios, residencias y exposiciones en 22 municipios de 11 departamentos: Neiva, San Agustín y Garzón, en el Huila; Espinal, Ibagué, Honda y Mariquita, en el Tolima; La Dorada, en Caldas; Puerto Triunfo y Puerto Berrío, en Antioquia; Puerto Boyacá, en Boyacá; Puerto Wilches y Barrancabermeja, en Santander; Gamarra, en César; El Banco, en Magdalena; Mompox, en Bolívar; Barranquilla, Suan, Santa Lucía y Campo de la Cruz, en Atlántico, y Girardot, en Cundinamarca. Además de Bogotá, en donde habrá varias actividades. 

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Pero en medio de la ilusión y la emoción por el inicio del evento, que se inaugurará el próximo 12 de junio (luego de varios cambios de fecha) con la exposición Caudal adentro, en el Centro Cultural José Eustacio Rivera, de Neiva, hay una mancha que empaña todo el esfuerzo que se ha hecho por sacar adelante un Salón Nacional de Artistas de estas características. Se trata de una denuncia que publicó hace unos días en las redes sociales María Camila Montalvo, una de las personas encargadas de hacer la investigación curatorial para seleccionar los artistas que participarán en el salón. 

Según ella, el equipo de artes visuales del Ministerio excluyó, por razones presupuestales, a ocho colectivos de comunidades indígenas que habían hecho parte de su investigación y que ya habían recibido el visto bueno para empezar a trabajar sus obras con el fin de exponerlas durante el evento. 

Una idea innovadora

Montalvo, investigadora, gestora cultural y curadora, fue escogida para hacer la investigación curatorial de la región de la Orinoquia y la Amazonia a través de una convocatoria pública. Una convocatoria que comenzó en julio de 2021, cuando el Ministerio de Cultura incluyó en su Programa Nacional de Estímulos una beca de investigación curatorial llamada “Arte y naturaleza (46 Salón Nacional de Artistas)”.

Allí se invitaba a curadores e investigadores a presentar un proyecto “basado en una exploración de las prácticas artísticas de los departamentos que conforman cada una de las siete regiones del país”. También decía que “el resultado esperado es un documento final , resultado de una investigación curatorial, y un informe que contenga una propuesta expositiva de 10 obras (aproximadamente) de igual número de artistas de la región en la que se está aplicando”. Y finalmente, decía que ese proyecto curatorial “hará parte del 46 Salón Nacional de Artistas”

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El propio ministerio le adjudicó esa beca a Montalvo, quien presentó una propuesta llamada Nuevas cartografías para nuevas rutas de comunidad. Allí ella propuso “una plataforma científica y artística indígena, a través de la documentación comunitaria (…) de los diferentes grupos poblacionales indígenas y sus prácticas artísticas dentro de la región de la Orinocoamazonia”. Además, propuso elegir 12 artistas o colectivos de las comunidades para exhibir su trabajo dentro de una de las exposiciones del salón. 

Su idea era innovadora. Normalmente, los investigadores curatoriales van a los estudios de los artistas, ven su portafolio y les plantean una propuesta de obra para presentar en la exposición. Ella pretendía hacer algo más complejo: reunirse con comunidades indígenas que no hacen arte contemporáneo, pero que tienen prácticas artesanales y artísticas, para impulsarlas a crear una propuesta de obra de arte contemporáneo. “Era algo distinto a los procesos curatoriales del salón y de mi propio trabajo como curadora, y era lo que me cautivaba del proyecto”, explica a Diario Criterio.

Salón Nacional de Artistas

Que sí, que no… 

Desde el inicio, sin embargo, Montalvo encontró varios problemas administrativos a la hora de hacer realidad la beca que se había ganado. El principal problema era la desarticulación entre las tres entidades que tenían que acompañarla durante su beca y revisar que se cumpliera a cabalidad: la oficina artes visuales del ministerio, una de las tres curadoras del Salón Nacional de Artistas y una verificadora independiente de la Universidad Pedagógica. 

Entre correos con preguntas que no eran respondidos a tiempo, demoras para definir los parámetros, reuniones que no se llevaban a cabo y cruces de versiones sobre la recepción de los dos informes (debía presentar uno a los dos meses de iniciada la investigación y el final), la investigadora hizo sus viajes de campo, se reunió con las comunidades y afinó su investigación: al Salón Nacional de Artistas irían once obras: ocho construidas por colectivos indígenas (tres de ellos pertenecientes a comunidades víctimas de desplazamiento) y tres de artistas individuales. 

“Como yo veía que no definían muy bien los parámetros, traté de buscar reuniones con ellos y les presenté cinco informes, aunque solo dos eran obligatorios. Y nunca hubo objeciones, comentarios de ‘eso no se puede’ o ‘no hay presupuesto’. Todos los informes fueron aprobados”, recuerda. “Y yo siempre puse explícito que estaba trabajando con comunidades indígenas, e incluso había fotos y videos de las jornadas de trabajo en campo”

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Aún así, meses después de terminar su vinculación con el proyecto y de entregar el informe final, que tenía una lista de teléfonos y contactos de los artistas y colectivos escogidos, así como fotos e información de las obras, las comunidades comenzaron a contactar a Maria Camila preocupadas porque nadie del Ministerio de Cultura se comunicaba con ellas para coordinar el comienzo de la producción de las obras y los temas logísticos. 

Desde ese momento comenzó a insistirles al ministerio y a los curadores del Salón Nacional de Artistas para que hablaran con los colectivos y a los artistas o, al menos, para que enviaran una carta en la que les informaran fechas estimadas para la ejecución de la obra, sin respuestas. Hasta que cuatro meses después, y tras insistir con llamadas telefónicas, Andrés Gaitán, coordinador de artes visuales del Mincultura, le envió a ella una comunicación por escrito en la que le decía “espero pueda comunicarle a los artistas contemplados en esta curaduría el inicio de las actividades finales de producción de este gran proyecto nacional”.

La decisión

Luego de esa comunicación, los artistas y algunos colectivos comenzaron a trabajar y a comprar materiales, incluso sin recibir los pagos que el ministerio tenía que hacerles a los artistas para cubrir estos gastos, y que habían sido cotizadas en los informes presentados por Montalvo (y aprobados por el ministerio). 

El 10 de mayo, sin embargo, y luego de insistir a punta de derechos de petición y llamadas para que le dieran más información sobre la ejecución de la exposición, le enviaron un correo en que le sugerían reajustar el presupuesto de su investigación. 

La razón: sólo tenían disponibles 100 millones de pesos, 44 millones de los cuales estaban dirigidos a los contratistas del ministerio (para temas de difusión, museografía, montaje) y los otros 56 para pagar los materiales de las obras, los honorarios por elaborarlas, su transporte al lugar de la exposición y el viaje de todos los artistas a la misma. Una cifra que no alcanzaba.

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En otras palabras: le tocaba cambiar los ocho colectivos por ocho artistas individuales, y decirles a las comunidades indígenas (que ya estaban ilusionadas y trabajando en sus proyectos) que ya no iban a participar en el Salón Nacional de Artistas. Para esa época, además, la fecha de inauguración del salón era el 4 de junio, así que solo tenía 24 días para hacer todos los cambios. 

“No habían tenido en cuenta nada de mi trabajo para el presupuesto: ni que eran iniciativas colectivas y no individuales, ni que se trataba de lugares más apartados en los que el transporte de las obras y de las personas cuesta más. Solo hicieron un desglose de presupuesto igual para todos los investigadores y nos dijeron: acomoden todo lo que hizo a este presupuesto. Tanto que a cada artista le daban solo 1 millón para ir al sitio de la exposición, sin importar si estaba en Girardot o en Irínida”, cuenta. 

El Salón Nacional de Artistas será sobre el río Magdalena.

El 20 de mayo tuvieron una reunión con todos los investigadores curatoriales y aunque ella se quejó y trató de explicar su punto, no le hicieron caso. Fue ahí cuando decidió salir a denunciar en redes sociales. “Si ellos me hubieran dicho desde el inicio: no te puedes pasar de este presupuesto para plantear tu investigación, no habría habido ningún problema. La cosa es que nunca me dijeron nada”, cuenta. 

¿Un final feliz?

Además de la denuncia en redes, María Camila puso la queja en la Procuraduría y la Defensoría del Pueblo, e incluso instauró una tutela, que fue aceptada por un juez y está en curso. En medio de todas esas acciones legales, esta semana la investigadora pudo reunirse con la secretaría general y el director de artes del Ministerio de Cultura. “A ellos les habían dicho que yo no había cumplido”, dice

En la reunión, a la que según María Camila los dos funcionarios llegaron con la intención de solucionar las cosas, alcanzaron algunos acuerdos: llegaron a un presupuesto para poder sacar adelante la exposición con los colectivos e incluso hablaron de una fecha y de un lugar para presentar la muestra. “Ellos me hicieron mucho énfasis en que no se trataba de un asunto político de exclusión contra las comunidades”, explica la investigadora. 

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Aún hace falta que esas promesas se pongan por escrito y se ejecuten. Mientras tanto, quedan varias preguntas en el ambiente.

Por un lado, una más administrativa: cómo es posible que en un proyecto tan importantes como el Salón Nacional de Artistas haya tal desarticulación, que se terminen aprobando informes y proyectos de curaduría sin antes revisar los presupuestos y las limitaciones, dejando en ascuas a artistas y, en este caso, a comunidades indígenas que iban a participar en el evento más antiguo e importante de las artes plásticas en Colombia.

Por el otro, una más de fondo, que tiene que ver con la forma en la que funcionan este tipo de espacios (salones de artistas, bienales, ferias) de arte contemporáneo. “Este tipo de eventos, así como las investigaciones curatoriales, no están diseñadas para las iniciativas comunitarias o territoriales. ¿Qué pasa entonces con este tipo de iniciativas que también son artísticas?”, se pregunta. 

“El problema fue que no estaba dentro de la consciencia de un Salón Nacional de Artistas que las comunidades indígenas hicieran arte contemporáneo, y eso no permite que haya una gestión, un presupuesto o una comunicación que esté de acuerdo con eso. Y es algo muy particular en un salón como este, que está pensado para las regiones”.

Por ahora, María Camila espera que todo este problema termine con un final feliz: con los ocho colectivos de las comunidades indígenas de la Orinoquia y la Amazonia exponiendo sus obras en el Salón Nacional de Artistas. 

Foto de apertura: María Camila Montalvo en una de las reuniones de trabajo con las comunidades indígenas.

4 Comentarios

  1. Como siempre la burocracia excluyendo a los Indígenas de participar en este evento
    Ojalá se los permitan y puedan exponer sus obras en el Salón Nacional de Artistas

  2. Siempre con vias de hecho para exigir el cumplimiento de promesas alteradas a último momento. Tanta riquesa que aportan los indígenas a la cultura en Colombia!!! Inaudito.

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