Colombianos desperdician 9,7 millones de toneladas de comida al año, pero se hacen los locos con el problema

Los colombianos desperdician más comida de la que creen y, al mismo tiempo, no tienen nociones del impacto que su alimentación genera en el planeta, según un estudio. ¿Qué se puede hacer al respecto?

Ya lo decía el cronista Martín Caparrós en 2014: “Ninguna enfermedad, ninguna guerra ha matado más gente. Todavía, ninguna plaga es tan letal y, al mismo tiempo, tan evitable como el hambre”. 

No hay que ir muy lejos para comprobar dicha afirmación. En Colombia, más de 21 millones de personas viven en la pobreza y 7,4 millones en pobreza extrema, lo que les dificulta el acceso a las tres (o cinco) comidas al día que recomiendan los expertos. 

Eso no es todo. A estos alarmantes datos se suma que 179.174 hogares en el país se alimentan con una sola comida al día, de acuerdo con las cifras del Dane. Y solo en la Guajira, desde 2018 hasta mayo de este año, han muerto 285 niños por desnutrición. 

Ante este panorama, parece inconcebible que al año, en Colombia, se desperdicien unas 9,7 millones de toneladas de alimentos, que bien podrían alimentar a la Guajira ocho veces durante un año, según indica el más reciente informe del Banco de Alimentos. 

“Con los alimentos que desperdiciamos en Colombia podríamos darle de comer a ocho Guajiras completas durante todo un año. Si todos los lácteos se pasaran a botellas de leche de un litro, podríamos decir que arrojamos 70.000 botellas, y si las frutas y verduras las vemos en manzanas, se botan 111 millones de manzanas”, dijo al respecto Juan Carlos Buitrago, director ejecutivo del Banco de Alimentos.

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Por esta situación, en el Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos, la oenegé WWF Colombia publicó un estudio para saber qué tanto relacionamos el desperdicio de alimentos con la crisis ambiental en el país. 

La investigación presentada por la organización asegura que los colombianos desperdician más comida de la que creen y que, al mismo tiempo, no tienen nociones del impacto que su alimentación genera en el planeta.

Claves sobre el desperdicio en Colombia

Luego de realizar 1.950 encuestas y visitar 47 hogares en Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla, Bucaramanga, Florencia, San José del Guaviare y Leticia, la WWF conluyó que los colombianos llevan a cabo prácticas cotidianas que conducen al desperdicio y que están relacionadas, en su mayoría, con el mal almacenamiento y el manejo inadecuado de la comida preparada y las sobras. 

De acuerdo con Camila Cammaert, coordinadora de Sistemas Alimentarios Sostenibles de WWF Colombia, “los colombianos tenemos una disonancia frente al desperdicio: decimos que no lo hacemos por vergüenza o por considerarlo éticamente incorrecto, pero lo hacemos en la práctica, e incluso nos justificamos cuando ocurre”. 

En el proceso de entender cómo los colombianos visualizan esta problemática, la oenegé destacó cinco claves sobre la problemática del desperdicio:

  • Existe el desperdicio, pero no se reconoce:  a pesar de que las cifras del Departamento Nacional de Planeación (DNP) indiquen que al año, en el país, se pierde el 34 por ciento de los alimentos producidos, “nadie quiere hablar de ello”. Según describió la organización, el promedio de veces en el que la gente afirma desechar alimentos, porque se dañaron o por algún otro motivo, es de 1,9 veces por semana. 
  • ¿Hay desperdicios menos visibles?: WWF aseguró que en la población existe la creencia de que hay unos desperdicios más “graves” que otros, puesto que para la mayoría el desecho de alimentos ya preparados no es considerado como un desperdicio. 
  • La abundancia, principal causa del desperdicio: para la mayoría de los encuestados, la principal razón por la cual desechan ciertos alimentos es que cocinan demasiado (30,8 por ciento); la causa que le sigue es “porque se sirven mucho en el plato” (25,3 por ciento).  
  • Los motivos para desperdiciar menos: ahorrar dinero y administrar el hogar de manera eficiente son las principales razones que motivarían a los colombianos a reducir la cantidad de alimentos que se desperdician en sus hogares. Otra motivación, que si bien no se ubicó entre las primeras, fue la del deseo de reducir su huella ambiental. 
  • La fórmula de los colombianos para ignorar el desperdicio sería desechar: cuando hay desperdicio, los ciudadanos creen que la única forma posible para resolverlo es llevarlo a la caneca, lo que sería una muestra de que no toman medidas para gestionar mejor los alimentos. De hecho, de acuerdo con la WWF, el 21,5 por ciento manifestó no conocer métodos para reducir este desperdicio.
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¿Qué se puede hacer entonces?

Un apartado del informe de la oenegé se centra en los mecanismos y acciones que pueden aplicar los colombianos para reducir el desperdicio. La primera de ellas, y quizá la más importante, es tomar conciencia de la problemática a través de un análisis de la cantidad y de la frecuencia con la que se desechan los alimentos. 

Estas acciones están además divididas en dos vías: los alimentos en el hogar y al realizar las compras. Sobre el primer aspecto, la institución recomienda reducir las porciones en los platos (si esta es la mayor causa de desperdicio), aprender sobre el almacenamiento de los productos frescos (por ejemplo, aconseja guardar los bananos lejos de las frutas) y organizar en la nevera los alimentos para que los que estén próximos a vencerse se ubiquen en la parte de adelante. 

Sobre el segundo, la oenegé destaca que es importante que los alimentos como frutas y verduras se compren con frecuencia en lugar de adquirir una gran cantidad de estos de vez en cuando, ya que podrían desperdiciarse. Otros de los consejos son:

  • Evitar tocar los alimentos en exceso a la hora de verificar si se encuentran maduros o no, puesto que esta acción podría hacer que se afecten y se dañen más rápido. 
  • Revisar la fecha de vencimiento y no siempre comprar el alimento que tenga el plazo lejano. Esto último, si se tiene planeado ingerir el alimento pronto. 
  • Escoger los alimentos que ya están bien maduros podría ser una práctica amigable que evitaría que el vendedor los elimine de exhibición y posteriormente los deseche. “Si no se quieren consumir frescos, son ideales para preparar una receta”, destaca la organización.

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