“Colombia es un regalo del río Magdalena”: Wade Davis

Foto: Lonely Whale/Adam Dillon. Cortesía de Planeta Editores

El antropólogo y etnobotánico canadiense dice seguir enamorado y agradecido con Colombia. Su historia de amor con el país comenzó hace 53 años cuando vino por primera vez. De ahí en adelante ha recorrido buena parte del territorio nacional. Su pasión: los ríos y su riqueza natural, social y cultural. Ha navegado el Amazonas, el Apaporis y otros más de la cuenca amazónica. Para él, estos cuerpos de agua son los articuladores de la vida y de la cotidianidad de los colombianos.

Diario Criterio lo entrevistó a raíz del lanzamiento de su nuevo libro: El río Magdalena. Historia de Colombia. considerado por él, la madre de Colombia. Más que un diario de un viajero es una historia de Colombia: “sin el río no es posible ni entender las raíces de Colombia, ni su pasado y tampoco es posible construir un porvenir”, dice.

Explica por qué el Magdalena lo maravilla tanto y expone una teoría en la que anuda la paz de Colombia con la suerte del río.

El poblado flotante de Nueva Venecia, Ciénaga Grande de Santa Marta. Foto: Wade Davis. Cortesía de Planeta Editores.

Diario Criterio: ¿Por qué escribir un libro sobre el río Magdalena?

Wide Davis: Como todos los libros, este surgió de un proceso casi mágico. En verdad no tenía planeado escribirlo. Lo que sucedió fue que uno de los periodistas más conocidos de Medellín publicó, con el apoyo de la empresa Argos, cinco tomos sobre botánica en el país. Un día, conversando con él, le dije que después de hacer ese trabajo se deberían hacer unos libros sobre los ríos de Colombia. Y ahí terminé involucrado en esa tarea.

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En un principio la idea era publicar un libro ilustrado, pero cuando empecé a viajar por el río Magdalena, descubrí una historia tan rica y un simbolismo tan fuerte, que solo del macizo colombiano escribí unas 35.000 palabras. De esa riqueza surgió el subtítulo del libro: ‘Historia de Colombia’, porque a la larga, a través del río, los colombianos pueden explicar su historia propia.

Diario Criterio: Pero, es claro que además de contar esa historia de Colombia, también lo motivaron otras cosas

W.D.: Con el libro trato de mostrar al mundo otra imagen de Colombia. Se podría decir que también tengo la oportunidad de devolverle algo a Colombia de todo lo que me ha dado en mi vida. El libro es, como escribió mi amigo Héctor Abad, una carta de amor a Colombia. Yo vine a los 14 años por primera vez Colombia y desde ese momento tuve una conexión con el país, lo siento como mi hogar.

Diario Criterio: De esas historias, ¿cuáles le parecieron maravillosas o asombrosas?

W.D.: Cuando estuve con los mamos arhuacos en una de sus idas a hacer un pagamento al río Magdalena, en Bocas de Cenizas, me contaron que ellos subieron hasta el nacimiento del cauce en el Macizo colombiano en un viaje de meses a pie. Lo hicieron porque, para ellos, el río es el que le da la vida a su cultura y todos los colombianos. Los mamos tienen una sabiduría muy grande con respecto al Magdalena. Por ejemplo, una reflexión que me dieron y que yo le transmití en su momento al presidente Juan Manuel Santos fue que también hay que hacer un proceso de paz y reconciliación con el río.

Diario Criterio: ¿Qué otras historias le pasaron?

W.D.: En otra ocasión estuve en Sabana de Torres. Allí conocí a Morita, un pescador muy humilde. Un día me contó que en una pequeña ciénaga él, junto con unos estudiantes y profesores, encontraron como 75 especies de mariposas. Eso me sorprendió porque en Canadá, en todo el país, hay solo 200. Y le expresé mi asombro a Morita y me respondió: “Tenemos muchas mariposas porque son las flores que vuelan”. Una respuesta muy colombiana. En resumen, Colombia es un país donde se pueden encontrar cosas mágicas en cualquier lugar.  

Diario Criterio: Las páginas muestran el cariño o amor que usted tiene por Colombia, pero también usted señala los duros momentos que ha atravesado el país ¿Cuál es el propósito de combinar las historias mágicas con tragedias?

W.D.: El libro no es inocente. Trato de explicar, de una manera transparente, lo que sucedió en Colombia. Y el mensaje es: ¡claro!, el país tiene una historia de droga que no es culpa de los colombianos. La responsabilidad de los ríos de sangre es de los que consumen cocaína en el mundo. Son ellos los que tienen la sangre de los colombianos en sus manos. Para mí es muy importante mandar un mensaje, gritar que Colombia no es un país de drogas o de violencia, sino un lugar de colores y de mucho cariño. En ese sentido, el libro también es un mensaje de esperanza porque el Magdalena representa el futuro del país.

Atardecer en el Magdalena, río arriba de La Gloria. Foto: Wade Davis. Cortesía de Planeta Editores.

Diario Criterio: ¿Por qué la insistencia de conectar la historia del país con el Magdalena?

W.D.: Yo creo que el río Magdalena no solo es algo literal sino también metafórico. Todos constantemente estamos cruzando el río sin estar allí. Para mí fue muy interesante descubrir lo obvio: el Magdalena es el país. Colombia es un regalo del río y este es la historia del país, en su cuenca vive casi el 80 por ciento del pueblo colombiano. También es la fuente de su cultura. Es la fuente de la literatura, de la música. Descubrir eso fue milagroso para mí. En cualquier pueblito de la cuenca siempre se puede sentir o encontrar el espíritu del río. Se dice que en Colombia hay al menos mil ritmos musicales, y cuando estuve con Carlos Vives, me contó algo muy lindo: que la cumbia es la madre de toda la música colombiana y la madre de la cumbia es el Magdalena.

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Diario Criterio: Usted también hace mucho énfasis en la necesidad de recuperar y limpiar, pero no solo como una labor medioambiental sino como un todo, ¿podría explicarnos esto?

W.D.: Durante todos los viajes, al visitar cualquier rincón de la cuenca, al hablar con pescadores, poetas, músicos e inclusive con políticos siempre salió a relucir: limpiar el río también es una forma de limpiar el alma para los colombianos. Llevamos más de 50 años de conflicto que se superaron con el proceso de paz, y si queremos limpiar nuestro espíritu tenemos que limpiar el Magdalena. Para mí es una idea, una manera romántica de ver el fututo del país y del río que, tiempo atrás, fue uno de sangre, de cadáveres flotando, de gallinazos sobrevolando. El Magdalena también es una metáfora del futuro luego del proceso de paz.

Enamorados al atardecer en el puente Guillermo Gaviria Correa sobre el Magdalena en Barrancabermeja. Foto: Wade Davis. Cortesía de Planeta Editores.

Diario Criterio: Entonces la paz del Colombia depende también de la buena relación que tengamos con el río…

W.D.: Sí.

Diario Criterio: Pero ante tantos daños ambientales que tiene el Magdalena, ¿todavía es posible salvarlo?

W.D.: En la década de los 60 se decía que un río de Londres estaba totalmente muerto, pero hoy en día tiene más de 125 especies. Hace 40 años, el río Hudson, al lado de Nueva York, fue declarado tóxico y ahora está limpio incluso los niños pueden nadar. Los ríos tienen una capacidad asombrosa de recuperarse. Si podemos limpiar el río Bogotá podemos hacer lo mismo con el Magdalena. Hay condiciones para rescatarlo. Luego de 50 años de guerra, Colombia puede decir que su futuro con un nivel de conocimiento que no había hace 50 años sobre el río. Y vuelvo a las sabias palabras de los mamos: “la paz no vale nada, sino no se hace la paz con el río”. Para que eso suceda, esta cuenca tiene que volverse una causa patriótica. Es decir, que todos los colombianos sean conscientes que rescatar al Magdalena es preservar el pasado y construir el futuro.  

Diario Criterio: Hay muchos debates frente a los proyectos de restablecer la navegación comercial por el río Magdalena precisamente por sus efectos ambientales, ¿qué opina estos planes?

W.D.: Lo primero que quiero decir es que no podemos transformar o volver a usar al río de la misma manera como fue usado desde la conquista hasta el siglo XIX. Creo que hay que buscar un término medio donde su navegación no afecte su recuperación, donde los niños se puedan bañar sin un peligro. Ante todo, lo más importante es la reconciliación con él.

Un pescador en la ciénaga de Tabacurú, una de cientos que hay en la parte baja del río Magdalena. Foto: Wade Davis. Cortesía de Planeta Editores.

Diario Criterio: ¿Cuál es el mensaje que usted le da a los colombianos con respecto al Magdalena?

W.D.: No sé si tenga un mensaje para los colombianos. Yo soy solamente un amante de Colombia. Solo puedo decir que Colombia es un regalo del río Magdalena. La historia de Colombia es la historia del Magdalena. De igual manera el futuro de los colombianos depende del río.

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