Medios públicos: un debate inconcluso

El gobierno actual cambió los colores y llenó de buenas intenciones el sistema. Hay algunos aciertos y muchos cuestionamientos.

Estoy convencido de que la situación de los medios estatales de un país da pistas del nivel general de sus comunicaciones. Muchos organismos multilaterales afirman que los sistemas de medios públicos, en especial sus servicios informativos, fortalecen la posibilidad de la ciudadanía a estar mejor informada lo que redunda en democracias saludables.

Las preguntas abundan: ¿Son independientes del gobierno de turno? ¿Son estables financieramente? ¿Son confiables? ¿Qué cobertura tienen? ¿Asumen riesgos a la hora de innovar en lenguajes, formatos o implementar nuevas tecnologías de información?

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Basta con revisar los sistemas de radio y televisión pública de Estados Unidos (NPR -radio- y PBS -televisión-, a nivel federal y las diferentes estaciones estatales) y, por el otro, a la BBC, en el Reino Unido. En ambos casos, más allá de los embates de su más recientes gobiernos populistas -con tendencias autoritarias-, ambos sistemas anglosajones muestran un gran nivel de independencia de los gobiernos centrales, estabilidad financiera, el público confía en ellas (muchas veces los servicios regionales internacionales de la BBC tienen mejor recibo que los medios locales de los países que cubren), llegan a diferentes puntos de la geografía, abordan temas sensibles y complejos de interés público (NPR tiene un manual muy completo sobre su forma de abordar este tipo de temáticas, mientras es muy frecuente oír que periodistas de la BBC son expulsados de un país por el cubrimiento) y son casos de estudio en cuanto a innovación.

Cartel del programa ‘Los puros criollos’.

¿Por debajo de la media? A principios de este año, un medio público regional estuvo en el ojo del huracán por el contenido polémico de su franja de opinión. El debate de febrero -una muestra de mojigatería, por demás- de me hizo recordar que tenemos nuestro propio sistema de medios públicos -RTVC, que dejé de seguir desde 2012- sobre el que, en sus primeros meses, este gobierno manifestó que quería que fuera la BBC de Colombia: “Colombia necesita una televisión pública de calidad, no una televisión pública de la propaganda (sic), sino una  televisión orientada hacia la pedagogía”. Al poco tiempo, el funcionario encomendado de tal tarea debía abandonar el cargo por atentar contra la libertad de expresión de uno de sus colaboradores más cercanos. Me pregunto si nuestra BBC podrá pasar los mínimos requerimientos planteados.

Me sorprende mucho encontrar que el gobierno invirtió casi 300.000 millones de pesos en 2020 en la televisión pública y las diferentes plataformas del sistema. Me pregunto qué tanto de eso se fue en el magazín panorámico del presidente.

¿Independencia grita? El bochornoso episodio contra Los puros criollos es la muestra más reciente de la falta de independencia del sistema frente al gobierno de turno. En el sucesor a la cabeza del sistema tampoco se puede confiar para marcar distancias frente al actual gobierno. Si a eso le sumamos que su cara más visible es el mismísimo presidente que durante más de un año se expuso impunemente durante una hora diaria, el caso queda cerrado.

¿Plata es lo que hay? Me sorprende mucho encontrar que el gobierno invirtió casi 300.000 millones de pesos en 2020 en la televisión pública y las diferentes plataformas del sistema. Me pregunto qué tanto de eso se fue en el magazín panorámico del presidente. Esa inversión estatal contradice los borrosos lineamientos de la economía naranja, lo que me lleva a cuestionar la solidez de esa innovadora teoría económica y la seriedad con la que pretendían implementarla desde MinTIC y MinCultura.

¿De qué me hablas, viejo? Mientras los medios públicos de otros países llegan a ser muy críticos de sus gobiernos, un análisis de los contenidos noticiosos de RTVC, en especial de Señal Colombia, me dejó muy preocupado. Más que medios públicos estatales, tenemos medios oficialistas que no hacen análisis críticos de la coyuntura o de nuestras problemáticas.

Sus notas internacionales son resúmenes de agencias de prensa sobre el que no hay la mayor reflexión, contextualización o profundidad. Quienes hayan oído radio pública colombiana entre 2003  y 2012 coincidirán conmigo en que esto no fue siempre así. Incluso los canales regionales muestran miradas mucho más críticas y con más matices.

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¿Buses a todos los barrios? Esperaríamos que a través del espectro escogido para transmitir la televisión digital -adjudicado e implementado por el gobierno anterior- todos los canales tengan cobertura nacional. El caso de la radio es diferente, ya que tienen estudios distribuidos por todo el país. Sin embargo, noté que las promesas de cobertura del sistema se basan principalmente en internet o en sus aplicaciones para dispositivos móviles. Bajo esos principios, con la baja penetración del uso de datos dentro de la población, y si sumamos la tan cuestionable implementación de lo establecido en la Ley TIC de 2019, habrá que buscar muchos corresponsales en zonas apartadas para establecer un dictamen más aterrizado.

Una nación diversa requiere conocer más e informarse mejor sobre lo que pasa en sus regiones; los canales y las emisoras estatales deben estar a la altura del desafío y ser de fácil acceso para quienes habitan sus territorios.

¿Adelante con la moda? Me remito a mi segundo punto. Salvo por contadas excepciones, el contenido informativo y noticioso de RTVC deja mucho que desear. Sus publicaciones son escuetas -estilo que parece copiado del de portales nacidos entre 2012 y 2015 y que acusan poco rigor-, con textos cortos y poco profundos. En cuanto al contenido audiovisual, no veo mayor diferencia frente al de los canales privados de televisión. Muy poca innovación y, en cambio, muchos colores y música de fondo.

No marcan un diferencial claro y no se encuentra mucho contenido sobre las regiones, más allá de noticias cortas o insulsas. Nuevamente, tendré que apelar a corresponsales en otras partes del país para cerrar mi diagnóstico al respecto.

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De la redondez del cubo. Algo que debo reconocer de esta nueva cara de RTVC es que tiene una gran oferta de contenido en formatos alternativos como podcasts y series web. Aplaudo que se hayan embarcado en un proyecto como El Cubo. Espero que sigan por esa línea. El sistema es cumplido en publicar su contenido en canales de YouTube y su canal en Telegram es una gran alternativa para estar informado. Pero, en general, los sitios de internet son bastante confusos y poco intuitivos. Tanta propaganda aburre.

Una nación diversa requiere conocer más e informarse mejor sobre lo que pasa en sus regiones; los canales y las emisoras estatales deben estar a la altura del desafío y ser de fácil acceso para quienes habitan sus territorios. Quiero cerrar esta columna con la idea de que levantemos una defensa de nuestros medios públicos y RTVC, a quienes hemos abandonado.

El gobierno de Álvaro Uribe acabó con Inravisión; el de Juan Manuel Santos politizó RTVC en un momento muy interesante de su desarrollo como fuente informativa, cuando Juan Pablo Calvás era el director de noticias. El gobierno actual cambió los colores y llenó de buenas intenciones el sistema. Hay algunos aciertos y muchos cuestionamientos. Pero como usuarios debemos estar mucho más conectados con nuestros medios estatales. Agradezco a Rafael Nieto Roca por muchos de estos datos e ideas de esta columna.

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