COP26: la insuficiente (e incumplida) promesa de los países ricos para detener el cambio climático

Durante la Conferencia del Clima de Copenhague en 2009, potencias como Estados Unidos, China, Francia y Brasil se comprometieron a dar ayudas anuales por valor de 100.000 millones de dólares a los países menos favorecidos para luchar contra el cambio climático, la transición ecológica y la reducción de emisiones. Diez años después, esta cifra está lejos de lo prometido: 79.600 millones en 2019, según las cifras publicadas en septiembre por la Ocde.

La promesa de los países ricos, de paso los mayores contaminadores, nunca llegó. La situación, que ha desatado las denuncias de grupos ecologistas y activistas ambientales, promete minar la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2021 (COP26) que arranca dentro de tres semanas.

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Varios actores y expertos estiman que la suma de 100.000 millones de dólares es insuficiente y se ha quedado obsoleta. Desde 2009, los efectos del calentamiento global se aceleraron, provocando fenómenos catastróficos como sequías, gigantescos incendios forestales, huracanes, inundaciones.

Y si se compara con los billones de dólares destinados a relanzar la economía tras la pandemia del covid-19, esta cantidad parece minúscula. Unos programas de recuperación económica criticados, además, por su falta de ambición ecológica. 

A finales de 2020, un grupo de expertos independientes de la ONU se preguntaba si “después de una pandemia ante la cual ha habido una reacción tan gigantesca y rápida, el mundo puede lograr la misma voluntad y decisión frente a la crisis climática”. Según ellos, no hay duda de que “los 100.000 millones deben ser la base, no el tope”.

Incendios en Grecia. Foto AFP
Los incendios en Europa y Estados Unidos han sido protagonistas en 2021. Foto AFP

Injusticia climática

Incluso, el expresidente de Islas Maldivas Mohamed Nasheed, “embajador de la ambición” del Climate Vulnerable Forum (CVF), que representa a 48 países, propone ligar el tema de la financiación a la deuda soberana. Para Nasheed, “vivimos bajo la presión de que quizá ya no tengamos país. Y si ya no estamos aquí, será difícil pagar nuestras deudas”. Por este motivo, “es razonable que los países vulnerables pidan a sus acreedores que reestructuren su deuda cambiando los pagos por proyectos de resiliencia climática”.

Los 100.000 millones ilustran un debate más amplio sobre la “justicia climática”, que en algunos puntos coincide con los problemas de desigualdad y globalización. También existen otras controversias como la cuestión de los “daños y perjuicios” y las eventuales responsabilidades financieras.

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Es el caso del reparto de las emisiones en el futuro, donde países como China e India (actualmente grandes emisores) afirman que tienen un retraso en su desarrollo que tienen que recuperar. Sin contar con el movimiento de los jóvenes, que carga contra la inacción de las generaciones en el poder.

La joven activista ugandesa Vanessa Nakate, de 24 años, resume los desafíos: “Las poblaciones que menos responsabilidad tienen en el aumento de las emisiones se están enfrentando ya, ahora mismo, a lo peor de la crisis climática”.

¿Qué hace falta?

El presidente estadounidense Joe Biden anunció en septiembre que Estados Unidos duplicará su contribución a combatir el cambio climático. Pero el gesto, sin embargo, no sirve para reducir la diferencia. Mientras tanto, Canadá y Alemania están haciendo consultas para proponer un plan de financiación antes de la apertura de la COP26 en Glasgow. 

Las inundaciones en Alemania han dejado decenas de desaparecidos. Foto: AFP
Las inundaciones en Alemania, atribuidas al cambio climático, dejaron en julio decenas de muertos y desaparecidos. Foto: AFP

Los países más desarrollados han sido históricamente los principales emisores de gases de efecto invernadero. En la tribuna de la Asamblea General de la ONU, el primer ministro británico, Boris Johnson, anfitrión de la COP26, recordó que su país, pionero de una revolución industrial a base de combustibles fósiles, fue “el primero en enviar suficiente humo acre a la atmósfera como para alterar el orden natural”.  Por lo que entiende que “cuando los países en vías de desarrollo nos piden ayuda, tenemos que asumir nuestras responsabilidades”.

Desafíos para la COP26

El mayor desafío es recuperar la confianza en el proceso de la diplomacia climática. Como señaló Sonam P. Wangdi, presidente del grupo de Países Menos Avanzados en la COP de Glasgow, la falta de financiación “cuesta vidas y formas de existencia”.  Wangdi considera que mantener “este compromiso diez años después es crucial para la confianza y para acelerar la respuesta global ante el cambio climático”. 

Patricia Espinosa, responsable del clima de las Naciones Unidas, explicó durante la preCOP de comienzos de octubre que el éxito en la futura cumbre pasaría por elaborar “un paquete que presente un equilibrio justo” y que puedan aceptar todas las partes.  “Tener una buena perspectiva (sobre esta cantidad de dólares) instauraría la confianza y nos permitiría avanzar en otros temas”.

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Por su parte, Alden Meyer, del círculo de reflexión E3G, piensa que “podemos esperar un sentimiento de emergencia y, quizá, una posición más firme de los países” del Sur. Para ello, un “paquete de solidaridad creíble” sería “un factor clave” para progresar en las negociaciones.

Ese mismo análisis lo realiza Andreas Sieber, del Climate Action Network, que federa a más de 1.500 oenegés por el clima. “Si la COP26 desea empezar con buen pie debe demostrar que los países desarrollados van a respetar, e incluso sobrepasar sus promesas”.

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