¿Puede el Congreso mejorar su imagen?

Los últimos hechos que han ocurrido en la nueva legislatura del Congreso vuelven a plantear el debate sobre su crisis ¿Qué tan serio o cierto es este problema? Análisis de Diario Criterio.

No han pasado 15 días desde el inicio de la nueva legislatura y el Congreso ya está en el ojo del huracán por distintos hechos que golpean su maltrecha credibilidad. La primera controversia giró alrededor de las elecciones de las mesas directivas en la sesión inaugural del 20 de julio. Pese a los serios reparos que suscitaron Jennifer Arias y Juan Diego Gómez, ambos congresistas fueron elegidos presidentes de Cámara y Senado, respectivamente.

Ese mismo día, la oposición también protagonizó su propio escándalo. La elección de la segunda vicepresidencia del Senado, que finalmente perdió Gustavo Bolívar, terminó en una guerra verbal y en Twitter entre Colombia Humana y la Alianza Verde.

Como si fuera poco, en la noche del martes, la Corte Suprema de Justicia ordenó la captura de Richard Aguilar Villa. El senador de Cambio Radical enfrenta un proceso por irregularidades en contratos suscritos cuando ocupaba la Gobernación de Santander. Al día siguiente, renunció al Congreso con el fin de que su proceso pase de la Corte a la Fiscalía. Hecho que también fue criticado.

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Desfavorabilidad en el techo

Todos estos hechos hieren aún más la maltrecha imagen pública del Congreso. De acuerdo con la encuesta Pulso País de La W y Datexco en junio de este año, la desfavorabildad de la institución alcanzó un pico histórico. Mientras que en 2014 se ubicaba en 68 por ciento, este año alcanzó 86 por ciento. Entretanto, en este mismo periodo la favorabilidad disminuyó del 23 al 10 por ciento.

El Congreso no está solo; la ola de desconfianza afecta a todas las instituciones del país. Sin embargo, llama la atención que, en el caso del poder legislativo, el porcentaje de la mala imagen prácticamente alcanzó a la del ELN, que, según la encuesta, tiene un 88 por ciento.

Se habla mucho de las causas de las cifras poco alentadoras. Los efectos de las protestas y las marchas que duraron dos meses, la falta de conexión del Congreso con la ciudadanía, la renuencia a legislar sobre temas importantes, la corrupción, entre otras, son algunas de las razones que personajes de la política y expertos dan para explicar el fenómeno. A su vez lanzan propuestas de variada índole para mejorar la imagen de Congreso.

¿Cómo mejorar la imagen del Congreso?

Diario Criterio les hizo esta pregunta a congresistas de diversas corrientes ideológicas. Unos consideran que en la nueva legislatura poco se puede hacer para salvar la imagen y que hay que esperar a las elecciones del próximo año. Otros piensan que sí se pueden hacer cosas. También hay temas recurrentes como la renovación del Congreso, la reducción del salario de los congresistas y la lucha contra la corrupción.

Estas fueron sus respuestas:

María del Rosario Guerra (Senadora del Centro Democrático)

Debe ser disciplinado en asumir sus responsabilidades. Seguir siendo ese espacio abierto del debate democrático y de escucha de los diferentes intereses y preocupaciones ciudadanas. Y debe apartarse de cualquier tipo de acciones que involucren actos de corrupción”.

Juan Fernando Reyes Kuri (Representante a la Cámara por el Partido Liberal)

Debemos ser capaces de rebajarnos el salario, rendir cuentas de manera permanente y a través de todos los canales disponibles de manera innovadora y creativa. Ser capaces de dar discusiones más progresistas y avanzar en temas como la eutanasia, la política de drogas: y creo que debemos mantener una agenda permanente con el territorio, conectada con las necesidades de la gente y que eso se traduzca en una agenda legislativa que refleje de verdad las necesidades y angustias de los colombianos”.

Juan Manuel Galán (Exsenador)

El Congreso debe renovarse con gente nueva que represente la Colombia de la calle, la que salió a protestar en el paro nacional. En el Congreso deben estar todos, los campesinos, los indígenas, las mujeres, las víctimas… Yo llamo a todos los sectores a que se animen a ser candidatos, a participar para renovar al Congreso. Renovación esa es la palabra fundamental”.

Iván Cepeda (Senador por el Polo Democrático)

“Requiere un cambio radical. Primero su composición. Debe cambiar en 2022 por un Congreso compuesto por mayorías que quieran hacer que las instituciones democráticas sean pulcras y transparentes. Que el congresista cumpla con la definición de servidor público, un servidor de la ciudadanía, del pueblo, y no un cazador de beneficios personales o grupales, lo que es hoy el congreso. Debe cambiar a un órgano legislativo que piense en leyes en beneficio del país y no en legislatura al servicio de prebendas para los grandes círculos de poder económico. El Congreso tiene que cambiar a un régimen laboral muy estricto que pueda ser verificable. Hay que rebajar los salarios. No creo que la solución radique en reducir el Congreso, sino que cada congresista tenga que rendir cuentas de una manera clara y seria”.

José Daniel López (Representante a la Cámara por Cambio Radical)

Para recuperar su credibilidad el Congreso debería aprovechar esta legislatura para legislar sobre la crisis, en especial en temas de generación de empleo. Ya hemos avanzado en algunas cosas, pero todavía falta más. Debemos tomar medidas que de algún modo muestren que no vivimos en una burbuja, que podemos nosotros mismos reformarnos. Y eso pasa por discutir iniciativas y completar el trámite de proyectos de ley como el de reducir el periodo de receso legislativo, liderado por Gabriel Santos. Debemos impulsar el proyecto que yo he firmado con Angélica Lozano para reducir los salarios”.

Un tema complejo: la crisis de la representación

Aunque la mayoría de congresistas consultados coinciden en que el Congreso debe hacer una profunda transformación, vale la pena decir que este tema de pésima percepción pública es un poco más complejo, que va más allá de las actuaciones del poder legislativo. Politólogos y expertos consultados por Diario Criterio coinciden en que la mala imagen del Congreso hace parte de un fenómeno global que encierra la crisis de la representación política y de los partidos.

“El desprestigio del Congreso hace parte de un fenómeno mundial: el de la representación política, que ha impactado a los partidos y a los órganos legislativos”, afirma Andrés Dávila, director del Departamento de Ciencia Política de la Universidad Javeriana. Para él, las marchas que han ocurrido en París con los chalecos amarillos y en otras partes del mundo dan cuenta de esa crisis.

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Sin embargo, también afirma que no se debe maximizar esa crisis porque “tarde que temprano los movimientos ciudadanos terminan escogiendo los mecanismos partidistas y de representación democrática para hacerse escuchar. Eso significa que por lo menos hasta este momento no hemos descubierto una mejor manera de representación democrática”.

Por ejemplo: el descontento chileno desembocó en una Asamblea Constituyente, donde sus miembros fueron escogidos por el voto y donde los partidos o grabaciones congregaron a los distintos candidatos. Y en el caso de políticos que desprecian la democracia representativa, recurren a los partidos y aparatos legislativos para consolidar su poder, como Maduro con el Partido Socialista Unido de Venezuela o Trump con el Partido Republicano, durante su presidencia.

¿Qué tan malo es el Congreso colombiano?

La anterior afirmación lleva a preguntarse qué tan mal está el congreso. Lariza Pizano, politóloga y periodista, afirma que sobre este tema hay más valoraciones de superioridad moral por parte de quienes las emiten que juicios basados en la evidencia empírica.

Si bien considera que la desfavorabilidad se debe, en parte, a la falta de conexión de los congresistas con los marchantes, también le sorprende los juicios de valor al respecto:

A mí me sorprende mucho cuando hablan de renovación del Congreso como esa tabla de salvación. Eso es un saludo a la bandera porque ¿qué es la dichosa renovación? ¿Que llegue gente joven? ¿Que lleguen nuevos partidos? Mire lo que sucedió con Richard Aguilar: joven que acabó de ser capturado por presunta corrupción. Y ejemplos hay muchos, el de Jennifer Arias, como por nombrar otro”.

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La desconexión con la sociedad

En ese mismo sentido se expresa Dávila, quien señala que estos temas hay que analizarlos de manera fría y dejando las emociones y la ideología a un lado:

Temas como el de la desconexión no son nuevos, surgen cada rato y tiene su carga emocional. Acá también vale la pena preguntar qué significa esa desconexión, porque a un grupo ciudadano le puede parecer que su congresista sí está legislando para sus intereses. Por otra parte, si usted analiza los resultados agendas legislativas, no son tan catastróficas como los quieren hacer ver. Sí, se caen leyes importantes, pero también pasan otras de envergadura. Vuelvo y repito, aquí debemos tener una mirada fría”.

Con ese análisis en frío, ambos analistas sí coinciden en que el Congreso siempre ha evitado temas progresistas de alto impacto en la opinión pública como los derechos de minorías, el derecho a la eutanasia y a otros que ha tenido que asumir la Corte Constitucional, no porque esta quiera usurpar las funciones del legislativo sino porque alguien tiene que garantizar, o por lo menos pronunciarse, sobre los derechos que proclama la Constitución.

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Y una de las razones de esa evasión por parte del Congreso consiste en “una falsa percepción de que legislar sobre esos temas de alto impacto está relacionado con aumentar o disminuir el caudal electoral”, afirma Pizano.

Por otra parte, otros cuestionan que el Congreso ha evadido esos temas. Ante las críticas de que el legislativo no ha querido sacar una ley sobre la eutanasia, el senador cristiano John Milton ha dicho en distintos medios que hundir un proyecto de ley también significa legislar.

El mito del voto independiente y el clientelismo

Siguiendo con el análisis frío, los temas del voto independiente y el clientelismo deben también ser cuestionados. El primero goza de un aura de racionalidad y el segundo tiene mala fama porque se le atribuyen los males de la política colombiana.

“Pero ¿qué es el voto independiente? ¿Un voto racional? ¿Acaso el que vota porque le den unas cuantas tejas no está votando con una racionalidad? ¿Acaso ese votante no esta pensando de manera práctica qué candidato le puede solucionar sus problemas más apremiantes? Vuelvo al mismo punto, aquí hemos puesto de moda unos conceptos sin analizarlos profundamente”, afirma Pizano.

En ese mismo sentido Dávila analiza el clientelismo: “Acá creemos que el clientelismo va en una sola vía, es decir, de votante a candidato, pero sostener esas redes clientelares es más complejo que comprar votos al estilo Aida Merlano (que condeno). El candidato también tiene que cumplirle a sus votantes o si no pierde los votos. Yo me pregunto si el Congreso sería mejor si estuviera conformado en su mayoría por intelectuales de las universidades del país. Posiblemente no”.

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Entonces… ¿qué hacer?

Es un hecho que el Congreso atraviesa una crisis de popularidad, pero no se debe exclusivamente a los problemas que todos señalan repetidamente. Como han señalado los expertos, se trata de problemas más complejos que en algunas ocasiones se han maximizado. En el caso de las elecciones entre 2014 y 2018 no refleja eso. La votación en 2018 alcanzó un 48,7 por cuento, 4,7 puntos por encima de las elecciones de 2014. Eso podría confirmar la tesis de que los partidos siguen siendo el principal medio de representación.

Sin embargo, no significa que las cosas anden bien en el Congreso, tampoco que las propuestas hechas por los congresistas consultados no sirvan. Podrían ser útiles para cambiar la manera de hacer la política (tema que se escapa a este artículo) y sobre todo para mostrarle al país que los congresistas escuchan a la sociedad.

Un ejemplo es la reducción del periodo de receso y del salario de los congresistas. En términos reales, ambos temas no cambiarán radicalmente al Congreso (los gastos anuales no superan los 0,6 billones del presupuesto de la nación), pero pueden ayudar a cambiar la percepción que la ciudadanía tiene de la institución.  

4 Comentarios

  1. El problema es mas de la mentalidad corupta que se incrusto en la sociedad. Vemos lo mas normal el enriquecimiento ilicito y rapido, lo llamamos eufimisticamente como “emprendimiento empresarial”, normalizamos el todo vale, robamos desde las vueltas de un mandado en la casa pasando por hacer trampa en los examenes del colegio, universidad o acceso para un trabajo. Mientras no se cambie esta ” mentalidad perversa” seguiran llegando y eligiendo personajes al congreso o cualquier cargo de direccion o mando. No se trata de analizaarlo desde una superioridad moral. Es que la sociedad esta corrompida hasta el tuetano. El consuelo no es que es a nivel mundial, debemos actuar ya por nosotros mismos, nuestra sociedad, nuestros hijos.

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