Las consecuencias de las chambonadas dolosas del gobierno de Iván Duque

El presidente Duque, desde sus épocas de candidato, mostró a las claras que sería un presidente sin liderazgo y sumiso. Se la pasó tratando de no parecer como tal, y terminó, por su pésimo gobierno, arrastrando a su mentor, a su partido y al régimen, en el vértigo de la impopularidad y el desprestigio.

No supo forjar un distintivo propio, como sí lo hizo su antecesor Juan Manuel Santos, quien hasta se dio el lujo de adquirir notoriedad internacional, con Nobel de Paz incluido.

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Ni siquiera tuvo ministros de renombre ni asesores para recordar. Solo un equipo de tecnócratas insensibles, incapaces de leer correctamente las angustias de las clases menos favorecidas.

Duque se dedicó al chamboneo doloso, que consiste en creer que como todo el mundo es pendejo, se pueden impulsar desde el Gobierno, acciones y normas, que él sabe a ciencia cierta que son ilegales y que se caerán posteriormente, pero a las que se les puede sacar provecho, mientras reaccionan los organismos competentes y los afectados.

El chamboneo doloso, apareció desde los primeros días del Gobierno, cuando a finales de 2018 anunció una reforma tributaria del más descarado corte neoliberal, denominada eufemísticamente “Ley de Financiación” que pretendía grabar con el IVA a toda la canasta familiar.

La protesta social que ocasionó esa iniciativa fue de tal magnitud, que Carrasquilla tuvo que retirar lo de la canasta y acelerar su trámite a la brava. La Corte Constitucional, diez meses después, tumbó esa ley por vicios de forma, porque no se deliberó racionalmente, “no se respetó el pluralismo, ni el derecho de las minorías y no se garantizó el control ciudadano“.

También, desde que empezó su gobierno, Duque sin razonar que la política exterior debe ser una política de Estado y no de gobierno, se lanzó, aupado por Trump, a jugar con candela con el gobierno de Maduro, con su denominado “cerco diplomático”. El primero de febrero de 2019 sentenció con estruendo: “A Maduro le quedan pocas horas”. Hoy día, cuando a Duque le quedan escasos tres meses en la Presidencia, el régimen de Maduro, dígase lo que se diga, respira mejor con el levantamiento de algunas sanciones económicas por parte del gobierno de Biden.  Aun cuando Duque calificó dichas medidas como un triunfo del “cerco diplomático”, lo cierto es que le quedan menos horas a Duque que a Maduro.

Declaración del Presidente Iván Duque al término del Concierto ‘Venezuela Aid Live’
Al finalizar el Concierto ‘Venezuela Aid Live’ (22 de febrero de 2019) Duque volvió a reiterar que a Madurl le quedaban los días contados. Foto: Presidencia de la República/Efraín Herrera

Además, en octubre de 2018, Duque propuso la eliminación de la Ley de Garantías. En 2019, pese a que solicitó que se le diera trámite de urgencia al proyecto de ley que le permitía repartir mermelada en pleno proceso electoral, se le ahogó por tiempos. Hasta que, en 2021, utilizó la aplanadora y la hizo aprobar como un “mico” en la Ley de Presupuesto, que después la Corte Constitucional tumbó. Quedaron sin piso jurídico más de 11.510 contratos, que suscribieron 1.392 entidades del Estado, por un valor total de 18,4 billones de pesos. Sabían que se les caería la ley, pero también sabían que cuando la tumbara la Corte, ya el mal estaba hecho.

Aun cuando se debe reconocer que la pandemia del coronavirus es un flagelo poderoso que malogró a todos los gobiernos del mundo, lo cierto es que Duque tampoco puede sacar pecho, por el hecho de que el manejo social de la misma fue deplorable, somos el segundo país de Suramérica más afectado con 140.000 muertos y el tercero en contagios, con más de 6 millones. La reactivación económica a niveles de prepandemia posiblemente se dará el otro año y la inflación de este año será la más alta de los últimos 22 años.

Su empeño en colocarle trabas al proceso de paz, también desde su primer año de gobierno, lo alejó tanto de quienes pedían plenas garantías a la JEP, como de quienes solicitaban volver trizas el acuerdo. Se quedó con la rabia del uribismo extremo, con la del centro y con la de la izquierda del espectro político. Además, con el país sumido en violencia y masacres.

Pero lo peor se dejaría ver el año pasado, cuando el Gobierno decidió volver a provocar al país, insistiendo en una reforma tributaria miserable y lo que logró fue el rechazo más contundente desde la Revolución de los Comuneros en 1781. El estallido social sacó a flote el deseo de cambio más descomunal en la historia de la República, que el Gobierno intentó apaciguar, sin lograrlo, a sangre y fuego.

Como resultado de tantas chambonadas dolosas, en las elecciones del 13 de marzo pasado, las fuerzas de la izquierda doblaron en votos, por primera vez, a las de la derecha.

De ahí en adelante, hasta el día de hoy, el régimen uribista entró en modo histérico y no ha vuelto a dar pie con bola: Uribe sale a los medios a decir incongruencias tan inverosímiles como que el Clan del Golfo apoya a Petro; algunos empresarios uribistas salen en las redes a constreñir el electorado; la procuradora suspende a Daniel Quintero y a otros funcionarios de elección popular burlando las disposiciones de la Corte Interamericana de Derechos Humanos; las encuestadoras del régimen descubren, cuando ya para qué, que Federico se estaba desinflando y que el ingeniero Rodolfo lo está sobrepasando; Pastrana y Uribe no aceptan los resultados de las elecciones anteriores, insisten en sacar al registrador y le apuestan a un autogolpe de Estado que intranquiliza el escenario político a una semana de las primarias.

Todo ese panorama nervioso, despelotado e histérico de la derecha, debe ser porque algo muy grande está pasando. Yo creo que el régimen uribista y sus aliados tienen toda la razón de estar nerviosos, ya se dieron cuenta de que, muy a su pesar, el cambio, esta vez: ¡será en primera!

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10 Comentarios

  1. Un gran esbozo de las actuaciones, evidentemente dolosas e insensatas, de un gobierno con pensamiento y accionar “traqueto”, que ha intentado imponer la cultura de la trampa y el deslinde de lo legal.
    Me complace mucho, la didáctica forma de escribir de CARONTE,
    Buen artículo, felicitaciones.

  2. Una clara radiografía de como se ha ido desmoronando la imagen de un Centro Democrático que ahora vemos cómo actúa de manera soterrada y corrupta, al beneficio de sus patrocinadores y de la maquinaria, que los mantiene con grandes privilegios

  3. Ernesto Díaz Ruiz

    Hola Pedroluis, muy bueno este artículo.

    Con pocos plumazos y contundencia incontrovertible, describes al títere que acabó al titiritero, acabó al dueño del “teatro”… del establecimiento, a sus allegados y, hasta el personal de planta.
    Claro, faltarían miles de páginas y mucho tiempo de trabajo y de lectura, solo para hacer y comprender un resumen de lo que ha sido Uribe, el Centro Democrático y Duque, para Colombia en los últimos 46 años.
    Uribe en su megalomanía, egocentrismo y estúpida vanidad, ni siquiera mide las consecuencias en su contra, de sus propias decisiones. Duque ha sido una de ellas.
    En su desespero el expresidente, expresidiario, imputado -y todo el tiempo emp*tado, cag*do del susto-, da palos de ciego, cada vez con más desespero y angustia. ¡Ya no mide nada! Perdió la noción de la realidad.
    Afortunadamente eso está a punto de cambiar y, de todos nosotros depende que sea “en primera”, porque ya están aceitando los rieles del “viejito” al que todos creían inofensivo y que yo considero un “embuchado” del titiritero.
    Gracias Pedroluis una vez más, por este retrato donde se ve el “Nerón” que ayudó a tumbar su propio imperio, mirando desde su “Ubérrimo” palacio, como se incendiaba.

  4. Elizabeth MORALES VILLALOBOS

    Buen analisis de la sitaucion a pocos dias de la jornada electoral.
    Aun no comprendo porqué este diario es tan sesgadamente machista. La VOZ de las mujeres es rarisima, extrano no!

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