La crisis migratoria en la frontera con Marruecos de la que España no se quiere hacer cargo

Alrededor de 6.000 migrantes consiguieron entrar desde el lunes a nado o a pie a Ceuta, en España, desde Marruecos, una situación sin precedentes en una ciudad que habitualmente recibe entradas masivas de personas que saltan su valla fronteriza. El martes, la ciudad de Melilla, el otro enclave español ubicado 400 kilómetros más al este de la costa marroquí, fue escenario el martes de un intento de salto de 300 personas de las que 86 consiguieron entrar.

Según el Ministerio de Interior, España envió de vuelta a Marruecos unos 2.700 de los 6.000 migrantes que entraron a Ceuta. Pero lo más relevante de la reacción desde Madrid es que, según InfoLibre, la situación obligó a que el Consejo de Ministros de España aprobara desembolsar 30 millones de euros para Marruecos, con el fin de controlar la inmigración repentina. La suma recibe el nombre de concepto de “cooperación y coordinación”, y es una operación similar a la que se llevó a cabo en 2019, cuando se pagaron 32 millones de euros.

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Esta ha sido la solución que desde hace tiempo ha optado por asumir el Gobierno español. Las oleadas de migrantes son recibidas con extremo rechazo desde el país ibérico. Desde España no se han llevado a cabo soluciones estructurales al tema migratorio, y eso ha sido usado por el Gobierno marroquí como mecanismo de chantaje periódico.

Ceuta y Melilla son escenario habitual de intentos masivos de franqueo de la frontera que suelen causar heridos y, en ocasiones, decesos. Ciudades portuarias con un comercio próspero con África, los dos enclaves son tildados de “presidios coloniales” por parte de Marruecos, que los considera parte integral de su territorio, lo mismo que España.

En diciembre, el Gobierno español convocó de urgencia a la embajadora marroquí para pedir explicaciones por unas declaraciones del primer ministro Saad Dine El Otmani en las que proponía abrir la cuestión sobre su soberanía.

Zona en disputa

El Sáhara Occidental, una excolonia española, está mayoritariamente bajo el control de Marruecos, si bien los independentistas del Frente Polisario lo reivindican. Es el único territorio del continente africano cuyo estatus poscolonial no se ha solucionado.

Marruecos, que considera al Sáhara como parte integrante de su territorio nacional, controla el 80 por ciento del lugar, y propone una amplia autonomía bajo su soberanía. El Polisario reclama un referéndum de autodeterminación.

Desde que España acogió en abril en su territorio al líder del Polisario, Brahim Ghali, que fue a recibir tratamiento médico, las relaciones se han tensado entre Rabat y Madrid.

Marruecos asegura que está desarrollando el Sahara Occidental con importantes inversiones pero el Polisario considera que estos programas no benefician a la población saharaui.

Entre 100.000 y 200.000 refugiados, según diversas fuentes, en ausencia de un censo oficial, viven en campos cerca de la ciudad argelina de Tinduf, a 1.800 kilómetros al suroeste de Argel, no lejos de la frontera con Marruecos.

Negociaciones complicadas

Las Naciones Unidas siguen considerando que el estatuto del Sahara Occidental es un “territorio no autónomo” a falta de una solución definitiva.

Después de una larga interrupción, el diálogo entre Marruecos, el Polisario, Argelia y Mauritania bajo los auspicios de Naciones Unidas se reanudó en una mesa redonda celebrada en Suiza en diciembre de 2018, seguida de una segunda en marzo de 2019, pero sin avances.

El estatuto del Sahara Occidental constituye el principal contencioso entre Marruecos y Argelia. Y su larga frontera terrestre está cerrada desde 1994.

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Ante la falta de avances en las negociaciones, Rabat multiplicó las acciones para consolidar su posición, con la apertura de consulados o la organización de acontecimientos internacionales en el Sahara Occidental, provocando protestas del Polisario.

En diciembre de 2020, el entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reconoció la soberanía de Rabat sobre el Sahara Occidental, a cambio de normalizar las relaciones de Marruecos con Israel.

Desde finales de 2019, una veintena de países, principalmente africanos, han abierto representaciones diplomáticas en El Aaiún y Dajla.

*Con información de AFP

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