Cuarto de servicio

Se abre el ascensor del “servicio” y sale esa mujer espléndida luego de un fin de semana en casa. Su casa. No importa que hubiese gastado más de dos horas en volver al apartamento de sus “patrones”, ni los resbalones en el camino arenoso hacia el paradero, ni los tres trasbordos que hizo, ni la lluvia que arruinó su alisado (sí, ella también va al salón de belleza) ni el manoseo que se vuelve fiesta en los tumultos de TransMilenio. Nada de eso importa porque dos días bastaron para volver a sentir que era un ser humano.

Dos días en que Antonia pudo decidir qué comprar para comer, cómo vestir, con qué jabón bañarse. Un par de días con sus noches para levantarse a la hora que le diera la gana y para sacudir de su cuerpo esa postura contenida y servil de brazos cruzados atrás cuando se dirige a sus “superiores”. Más de 48 horas para desquitarse y hablar, contradecir, gritar, reír hasta llorar, opinar, hacer de la música una sonrisa que baila, amar a su pareja sin tapujos, maquillarse sin restricciones, ponerse uñas postizas y tacones tan brillantes como su aura, y jugar con su hija sin la distancia y con el amor que debe guardar con los hijos de sus “jefes”.

Al llegar al “cuarto de servicio”, es decir, el suyo, o mejor, el que le prestan en ese apartamento de espacios 20 veces más amplios, recuerda que buena parte de su humanidad se quedó atrapada en el elevador. La recobrará, tal vez, cuando vuelva a salir a su mundo. Porque día a día, por más “buena onda” o “consideración” que tengan sus “patronos” con ella, le dejan claro con los gestos, los tonos de voz, las órdenes, los comentarios, las acciones y omisiones, que ella no es de ese mundo así pase eternos días manteniéndolo en pie.

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Atrapada en un uniforme que no le deja ver su tatuaje de amor adolescente, ni sus rastros, ni la valía de su ser, Antonia deja abierta la puerta de su celda para que se airee. No hay ventilación ni ventanas, y es tan pequeño que el olor a encierro impersonal da náuseas. Embute su morral debajo de la cama porque no hay lugar para guardar nada. Ni una repisita, ni una mesita, ni un roperito. Porque cualquier cosa que se pretenda empotrar ahí, debe ser del tamaño de un diminutivo. Tampoco hay espacio para un portarretrato, o un dibujo de su hija, o un libro, o una radio, o para el llanto. Ni siquiera cabe su voz.

Ese vacío de concreto húmedo es de todas y de nadie. Porque en la nada está la ausencia de vida, la objetificación, y para qué objetos si ella es el mayor de todos, el más útil para ese hogar al que no pertenece pero hace posible.

La arquitectura del espacio en que Antonia duerme, comprime su existencia a la más minúscula expresión. Arquitectura que se reproduce en las mentes de los miembros del hogar en que trabaja. Una estructura cerebral que se divide en lóbulos y en estratos, con los cuales padres y, peor aún, hijos de esa familia, miran, sienten y actúan frente al mundo: cosificando, deshumanizando e invisibilizando a todas las antonias que pasan por sus vidas.

Planos Arquitectónicos

Aunque para muchos parezca exageración o mentira, ese tratamiento a las trabajadoras del servicio doméstico existe, y es tan real como las siguientes preguntas y respuestas que hacen en grupos de redes sociales miles de “patronas” de tantas “antonias”:

“Chicas, si durante estos días de estar guardaditas tuvieran la posibilidad de hacer mercado, meter a la niñera al carro, montar el computador y escaparse con sus hijos y su esposo a una casa en clima caliente, ¿lo harían?”.

“¡Hola! tenía una empleada interna que acabo de liberar pues no logró cogerle el tiro al trabajo en mi casa como yo necesito. Sin embargo, es buena y cocina rico. Le hice estudio de seguridad y salió todo bien, la recomiendo”.

“Pregunta, ¿ustedes le dan crema de dientes y jabón a las empleadas internas?”.

“¿Alguna da un curso de orden para empleadas? Amo la mía, ¡pero es muy desordenada!”.

“Tengo una pregunta para las que tienen ayuda de noche, ¿dónde “duerme” mientras cuida el bebé, en cama o en sillón?”.

La penosa inferiorización de la otra convertida en propiedad y objeto que se “mete a” y se “saca de” y que, además, se domestica para que no estorbe o desentone. Porque doméstico no es solo un adjetivo relativo a la casa o el hogar, también se refiere a los animales a los que se entrena y adapta para vivir con humanos. Doble sentido que se enlaza desde la colonia, donde se deshumanizó al otro para justificar la esclavización; con lo cual se normalizaron prácticas que actualmente conocemos como crímenes de lesa humanidad.

Hoy, se naturalizan una serie de dinámicas violentas y serviles a tal punto, que muchos no ven su atrocidad. Esa es la mayor tragedia. Al contrario, creen que están salvando y enseñando el buen camino a “sus” “muchachas”. La insoportable “soberanía con cariño”. Una contradicción terminológica, demagógica, escatológica y fuera de toda lógica.

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Porque es violento imponerles un camino a las trabajadoras domésticas hasta despojarlas de toda identidad, vetándoles la capacidad de decisión sobre sí mismas, imponiendo los “gustos” de los “patrones” sobre ellas, pretendiendo uniformizar sus almas, minimizando sus opiniones y su socialización. Como quien no existe, como quien no es, como una especie subhumana que hay que llenar a imagen y semejanza de la “superiora”, para que le sirva a su medida:

“Hola niñas, ¿alguna hace o vende uniformes para las niñeras? No encuentro algo lindo y que no aburra”.

“Pregunta, las que han llevado a sus niñeras de vacaciones a la playa, ¿qué ropa les pusieron?, ¿uniforme?, ¿ropa casual de ellas?, ¿les compraron ropa de playa? Y, ¿para el mar? ¿Ellas también se metieron? ¡No quiero sonar odiosa, por eso pregunto! ¡Thanks!

Comentarios de respuesta:

  • Comprarles, aunque sea, una pinta completa y zapatos. ¡Y que disfruten como uno!
  • En mi caso siempre van con nosotros, y lleva su ropa de playa. Las dos aman el mar y la piscina como nosotros, así que están siempre ahí a nuestro lado.
  • Depende, si la niñera se va a meter con tu hijo, cómprale tú el vestido de baño de acuerdo a tu criterio de una pieza y cómodo para ella.
  • Uniforme solo para los vuelos o los restaurantes en la noche, durante el día en la playa lo que ella quiera incluido vestido de baño para que se meta al mar”.

“Niñas ¿Cómo manejan el tema de la prudencia (o chisme) entre la empleada doméstica, la niñera, los porteros, la ex empleada, etc.?, ¿Qué hacen o dejan de hacer para minimizar el tema?, ¿Qué temas hablan o no hablan?, ¿Qué les dicen o no les dicen? no sé”.

Lo último me recuerda la expresión brasilera “criado mudo” (en español “mesa de noche”). La perfecta imagen de lo que muchas “patronas” quieren de sus trabajadores del hogar. Porque estos dramas no solo se viven en Colombia, ni se dan exclusivamente con trabajadoras domésticas. Allí también caben niñeras, porteros y demás trabajos que los superiores consideran inferiores. Razón por la cual deben “culturizarlas”:

“Hola niñas. Las que tienen empleada interna, ¿cómo manejan los domicilios de comida? (…) Le piden a ella o come algo de la casa (se hace comida)?

Comentarios de respuesta: 

  • Amiga nunca la incluimos. A veces si es algo grande como pizza o pollo le damos, de resto no.
  • Yo le pediría algo que le guste o le enseñaría para que conozca comidas nuevas, eso también las culturiza.
  • Siempre la incluyo, al final si no le gusta, que aprenda a comer sabores diferentes y si no, que se lo lleve a alguien”.

Esa obsesión por marcar la distinción entre unos y otros con uniformes, con comida, con espacios: la supremacía de la ignorancia. Y la vida de las sociedades, queridos colombianos y colombianas, es posible sin la mirada elitista de los estratos.

Porque, dicho sea de paso, hablar desde el privilegio (desde donde tengo claro que escribo), no es hablar desde esa arquitectura del cuarto de servicio. No es lo mismo, no es igual. Tampoco es la sandez que he oído varias veces: “contradicción de clase”.

Cemento, pegamento

Para alivio mío, hay millones de personas, como yo, que nos escandalizamos con lo que aquí plasmo, y trabajamos arduamente por remover los escombros de esa arquitectura de nuestros cuerpos. Porque ese clasismo viscoso con que se pegan los bloques del cuarto de servicio, lleva siglos adherido a nuestra piel. En los días de luz lo vemos y nos ensañamos en quitarlo: hurgamos y duele, pero continuamos cavando hasta sentir el miedo que produce lo desconocido: la piel. Y seguimos hasta que arrancamos varias partes. Lo logramos, se va, nos sentimos ligeros, nos aliviamos nosotros y a los otros y hacemos del mundo un lugar más esponjoso y cálido para todos. Pero de repente, volvemos a tener pegotes de esa amalgama maldita en las pupilas. Y en ocasiones, cuando la vemos, es demasiado tarde. Hemos lastimado demasiado, hemos ensanchado la brecha y la herida, hemos fracturado esta sociedad en otros mil pedazos.

Imagino lo complejo que es para muchos ver que, lo que durante toda su vida han considerado su piel, no es otra cosa que esa adherencia tenebrosa. Porque como dicen por ahí, “el que no ve es como el que no sabe”, y el que no sabe no entiende; y el que no entiende no podrá contribuir a la transformación, a la sanación colectiva, a la demolición de esas murallas coloniales, a la paz concreta de la que habla Saúl Franco. Pero hay que intentarlo.

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En la página de Instagram “El 1%” (@el1xciento), donde descubrí las preguntas y respuestas que aquí cito, publican mensajes que encuentran en grupos de redes sociales, donde se evidencia el clasismo y los demás socios que quieren convertir a la sociedad colombiana en un club social. Un acto político por visibilizar la miseria y, hacernos espejo, para que empecemos a ver-nos.

Antonia también necesita ver. Hace pocas semanas descubrió que es un sujeto, y “de especial protección” como dicen varias sentencias de la Corte Constitucional. Al entender esto después de veinte años de trabajar como empleada doméstica, decidió renunciar. Ojalá su próximo trabajo no sea de interna, y si lo es (si lo elije), pueda tener un cuarto como los demás de la casa, y sentarse a comer con la familia, y decidir si quiere usar o no uniforme, y en general decidir y ser humana.  

Ella no leyó los mensajes de las redes sociales. Se concentra en la política del cuidado, tal vez, en un homenaje inconsciente a su tocaya Antonia Lopes (sí, con ese de sabiduría). Aquella mujer esclavizada por el expresidente José Hilario López que, en 1816, cuando tan sólo era un líder en gestación, fue a la guerra y resultó encarcelado por los realistas hasta 1823. Siete años en los que Antonia se hizo cargo (sin que se lo pidieran) de los hermanos de “don José”, de quien dependían al haber quedado huérfanos a temprana edad.

Poco después de salir de prisión, López publicó “Rasgos de gratitud” en el periódico El Fósforo de Popayán. Allí decía: “La única persona que ha cuidado de la subsistencia y educación de mis hermanos ha sido mi esclava Antonia Lópes. Ella, con su pequeña industria personal, ha logrado evitarles el pedir limosna como mendigos para vestir y alimentarse. Y lo que es más, les ha hecho aprender a leer, escribir y contar. Esta virtuosa mujer ya no es mi esclava; es mi primera amiga; y por primera prueba de mi gratitud le concedo su entera libertad y le ofrezco mi protección”.

En 1851, siendo Presidente, José Hilario firmó la Ley de Abolición de la Esclavitud en Colombia.

9 Comentarios

  1. No estoy seguro de haberlo hecho sin ti. Me puse en contacto con un lanzador de hechizos que me ayudó a cambiar el corazón de mi esposo para amarme y quererme de nuevo, y él realmente lo hizo y ahora estamos muy felices juntos. Mi esposo me dejó por otra mujer, esto fue solo 5 años de nuestro matrimonio. Lo más doloroso es que estaba embarazada de nuestro segundo bebé. Lo quería de vuelta. Hice todo lo que estaba a mi alcance para traerlo de vuelta pero todo fue en vano, lo quería tanto por el amor que le tenía, le rogué con todo, le hice promesas pero él se negó. Le expliqué mi problema a mi amiga y ella sugirió que debería contactar a un lanzador de hechizos que pudiera ayudarme a lanzar un hechizo para traerlo de vuelta, no tuve más remedio que intentarlo. Le envié un mensaje al lanzador de hechizos llamado Dr. Sunny, y me aseguró que no había ningún problema y que todo estaría bien antes de las 48 horas. Lanzó el hechizo y, sorprendentemente, 48 horas después, mi esposo me llamó. Estaba tan sorprendida, respondí la llamada y todo lo que dijo fue que estaba tan arrepentido por todo lo que había sucedido. Quería que volviera con él. También dijo que me amaba mucho. Estaba tan feliz y fui con él, así fue como comenzamos a vivir felices juntos nuevamente. Gracias al Dr. Sunny. Si estás aquí y tu Amante te está rechazando, o tu esposo se mudó con otra mujer, no llores más, contacta al Dr. Sunny para que te ayude ahora .. Aquí su contacto .. WhatsApp él: +2348082943805, Envíale un correo electrónico a: [email protected]

    1. Reflexión muy importante y humana. Desafortunadamente hoy subsiste esta relación laboral en detrimento se la dignidad, con el agravante, que en un 99% está condición corresponde a mujeres. Ojalá se vaya superando, ya en sociedades como las europeas, si existe es muy poco. Felicitaciones

  2. Vladimiro Camacho

    Un excelente cuadro de una realidad que nos debe avergonzar, rematado con la oportuna y pertinente mencion historica de Jose Hilario Lopez

  3. Excelente reflexión, para los que nos proclamamos “creyentes” sabemos que todos somos hijos de Dios y si además proclamamos que Dios es rey… lo mínimo que deberíamos hacer es tratar a nuestro prójimo con el respeto que se trata a un príncipe o a una princesa (o al menos como un [email protected]), sin importar clases sociales, estatus, razas, lugar de origen, ni ninguna de esas barreras sociales que hemos construido a lo largo de la “evolución humana”.

  4. ¿Tiene un malentendido con su amante que lo llevó a la ruptura y ha tratado de reconciliarse con él o ella, pero él / ella no le está dando una respuesta positiva y siente que algo no va bien en su relación y necesita una solución rápida? , comuníquese con el Dr. Ajayi hoy y asegúrese de que su vida amorosa vuelva a ser mejor con su ex, el Dr. Ajayi me ha ayudado a restaurar la paz en mi hogar porque mi esposo me dejó por 9 meses y vivió con otra mujer y nunca quiso. regresó a casa, pero con la ayuda del lanzador de hechizos, el Dr. Ajayi, regresó a casa después de 3 días después de que el Dr. Ajayi realizó un poderoso hechizo de restauración. Entonces, si necesita una solución rápida en su relación o matrimonio con la ayuda de un hechicero, comuníquese con el Dr. Ajayi ahora por correo electrónico: [email protected] o Viber / Whatsapp:
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