Cuerpos expuestos y autoritarismo irrealista

Puerto rellena se convirtió en “Puerto resistencia”, la Loma de la Cruz en “Loma de la dignidad” y Portal Américas en “Portal de la resistencia”.

En estos días he estado escuchando a jóvenes de primeras líneas. Como ya muchos saben,  se trata de una estrategia de defensa de la protesta social, que también implica todo un tejido de relaciones de solidaridad: los jóvenes se protegen con escudos artesanales, exponiendo sus cuerpos al ataque de gases lacrimógenos, bombas aturdidoras, e incluso tiros, y se cubren el rostro para evitar ser identificados por las fuerzas policiales.

Así también asumen el anonimato como un dispositivo de representación de cualquiera de los millones de cuerpos vulnerados de este país:  “Detrás de la capucha puede estar cualquier joven”, decía una mujer de primera línea en Bogotá, en una entrevista con María Jimena Duzán. La entrevistadora no salía de su asombro al oír a jóvenes tan agudos y sensatos, lo explicó apelando a sus estudios universitarios.

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Pero no todos las personas que participan de las primeras líneas tienen esta preparación, aunque no les falta ciertamente sensibilidad y agudeza. Una sabiduría práctica desplegada en formas de cuidado que incluyen socorrer, a quienes están más adelante, con vinagre, bicarbonato, agua y leche, entre otros, para que aguanten los ataques del Esmad; el trabajo en equipo con defensores de derechos humanos, que ayudan con asistencia jurídica; armar ollas comunitarias y, en algunos casos, huertas urbanas, bibliotecas populares, jornadas de formación con enfoque de educación popular, intervenciones estéticas (murales, grafitis en las calles, consignas, cánticos).

Todo un trabajo organizativo, que también se manifiesta en la institución de asambleas populares, que demuestra una dimensión muy propositiva en la protesta. Toda una reelaboración de la experiencia que empieza por resignificar espacios de marginación, condenados a la mayor impotencia, como lugares  de resistencia, en los que se afirman la capacidad y la agencia de sus habitantes. Por eso, Puerto rellena se convirtió en “Puerto resistencia”, la Loma de la cruz en “Loma de la dignidad”, Portal Américas en “Portal de la resistencia”, entre muchos otros.

De hecho, una de las estrategias para resistir a las narrativas que alimentan la violencia policial es darle la vuelta a términos mediante los cuales el Gobierno ha criminalizado la protesta social, como el de ‘vándalo’, ‘bloqueos’, ‘desabastecimiento’.

Frente al uso antiprotesta de estos términos han dicho: “Vándalos son los que ha expoliado a este país y han desmantelado todo marco de protección pública”; “bloqueados han tenido muchos territorios, sin servicios, públicos, educación, salud”; “desabastecido se encuentra ya más del 42 por ciento de la población en situación de extrema pobreza monetaria”.

Me temo que el Gobierno quiere propiciar este escenario de confrontación, para volver a vender su cuento del enemigo interno y de la seguridad democrática.

Así se grita una realidad que vive la gran parte de habitantes de este país. Un grito que el Gobierno desoye, y que solo ha reprimido mediante violencias y negaciones. Un grito que nos ha interpelado a quienes nos sentimos en la novena línea, pegados a nuestros celulares, marchando a veces en las manifestaciones masivas, estando atentos a las noticias e informes que llegan de ONG y medios alternativos.

Un grito que tendrá que articularse, producir procesos de representación, alterar instituciones -estatales y culturales-, como ya se empieza a intentar en esfuerzos importantes como la Unión de Resistencias de Cali, y la conversación que ha logrado con la Alcaldía de Cali y la Gobernación del Valle.

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Entre tanto, el Gobierno nacional y las élites gremiales le apuestan no solo a la represión, sino al irrealismo. Basta recordar a Iván Duque hablando en inglés en su intento fallido de autoentrevista, las campañas diplomáticas en el exterior que distorsionan la verdad fáctica. Y ahora, en algunos Think Tanks de ultraderecha, destinados a fraguar estrategias de  marketing preelectoral, se vende la “guerra de cuarta generación”.

Una estrategia que, como circuló en un vídeo reciente del Instituto Hernán Echevarría, asume el escenario actual como uno en el que estaría en juego una guerra de ideas: el antagonismo entre un supuesto monopolio oficial de las narrativas (diría, válido solo para regímenes autoritarios)  y unos supuestos enemigos de la democracia, la paz y el conjunto de la sociedad, que estarían circulando imágenes falsas, para quitarle legitimidad al régimen, acrecentar el descontento social y potenciar un escenario de confrontación entre Gobierno y sociedad. Un delirio que desfigura por completo lo que pasa.

Me temo que el Gobierno quiere propiciar este escenario de confrontación, para volver a vender su cuento del enemigo interno y de la seguridad democrática. Es tarea de quienes nos sentimos alcanzados por el grito “todos somos primera línea”, extender sus vibraciones, colaborar como se pueda,  quebrar con esa narrativa guerrerista, que nos quiere destinados a la reiteración de las peores injusticias.

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Fotos: AFP / Luis Miguel Cepeda

4 Comentarios

  1. Totalmente de acuerdo y me alegra ver qué mis colegas de la Universidad de los Andes hacen presencia y apoyo a la protesta social y previenen a la sociedad del Fascismo ordinario que asecha.
    Impidamos que se consolide una dictadura…
    La catedral abierta y a la calle y el debate permanente serán un apoyo fundamental…ya lo son!

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