Britney Spears pide su libertad y su causa se vuelve un símbolo del feminismo

Más que un chisme o una noticia de farándula, el caso de Britney Spears es una muestra del machismo y de la misoginia en el mundo del espectáculo. Por eso ha despertado la solidaridad de movimientos feministas y de millones de personas.

“Yo solo quiero recuperar mi vida”, dijo Britney Spears el jueves pasado ante una corte de California. Tenía los ojos del mundo encima y a millones de sus fanáticos siguiéndola a través de internet. 

Habló firmemente, como no lo hacía desde hace más de diez años, y lo dijo todo. Todo lo que hasta hace unos meses era solo un rumor: que su papá y su mánager, quienes tienen la tutela legal de su patrimonio y de su carrera, la tenían totalmente controlada, que decidían todo por ella (con quién salía, qué comía, dónde cantaba), que no la dejaban ser libre y que no era para nada feliz.  

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Incluso dijo que usaban las drogas que le recetaba el psiquiatra para atontarla y que se sentía borracha la mayor parte del tiempo. 

Las personas que desde hace años la veían, preocupadas, subiendo videos sin sentido a su cuenta de Instagram, ya decían que detrás de esa sonrisa y esos mensajes motivacionales había alguien que sufría y que escondía un dolor terrible. Y muchos llevaban meses adelantando una campaña para pedir el fin de la tutela legal que la tiene así. 

Pero ahora, luego del jueves, su caso, que se ha popularizado en las redes con el #FreeBritney (Liberen a Britney), es una causa mundial, que aglutina a millones de personas, a movimientos feministas y a mujeres que no pueden creer que una cantante de 39 años aún sea tratada como una niña incapaz. 

La historia de la tutela

Todo comenzó en 2007. Ese año la cantante, una de las más reconocidas de todo el mundo, enfrentó una crisis de salud mental. Lo hizo frente al mundo entero que veía, a través de los paparazzis, cómo la niña consentida y virginal que se había hecho famosa diez años atrás se desmoronaba.

Muchos aún recuerdan la escena de la cantante rapándose el cabello, caminando descalza en una gasolinera o golpeando el carro de unos periodistas con unos palos de golf.

Su familia la internó y buscó ayuda psiquiátrica. Y como resultado de esa situación, un juez determinó que Spears no tenía la capacidad suficiente para manejar su vida y su dinero (muchísimo, por sus discos y su carrera). 

Entonces nombró como su tutor legal a su padre, Jaime Spears, quien desde entonces toma todas las decisiones sobre su carrera y su dinero. Se suponía que la situación iba a durar un par de años, mientras la cantante se estabilizaba, pero la tutela ha sido confirmada varias veces a lo largo de esta década. 

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Britney Spears volvió a actuar en los escenarios después de ese episodio, sacó varios discos e incluso tuvo un famoso show en Las Vegas, pero todo lo que producía iba a un fondo manejado por su papá y su mánager. Es más: los discos, conciertos, presentaciones y toda su vida personal tiene que pasar, desde entonces, por la firma de su padre. 

“Merezco tener una vida”

La polémica estalló en 2019 cuando Britney fue internada en un psiquiátrico, supuestamente porque no había sabido manejar el estrés que le produjo una hospitalización de su papá. 

Algunas fuentes anónimas, sin embargo, le dijeron a una emisora estadounidense que era mentira: la cantante había sido encerrada en contra de su voluntad como un castigo por incumplir las reglas de la tutela y verse con un amigo sin el permiso de su papá. 

El año pasado, a través de un abogado, la cantante pidió formalmente el fin de la tutela, o que su tutor legal ya no sea su padre, sino Jody Montgomery, su cuidadora. 

El jueves pasado, finalmente, la cantante pudo testificar ante el tribunal. Sus palabras causaron indignación: 

“Le he dicho al mundo que estoy bien y feliz, pero en realidad estoy traumatizada. No estoy feliz, no puedo dormir, estoy enojada y deprimida. Lloro todos los días”, dijo. Antes creía que nadie me iba a creer. Creía que la gente se burlaría de mí. Pero ahora quiero recuperar mi vida. Ha sido suficiente”.

Además, lanzó fuertes acusaciones contra su padre, de quien dijo que debería estar en la cárcel y que disfrutaba controlarla y castigarla. 

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Explicó que la obligaban a presentarse en los escenarios aunque ella no quisiera, que la forzaban a ir al psiquiatra, que controlaban su teléfono y los encuentros con sus amigos y que hasta la obligaban a tener un dispositivo de anticoncepción en contra de su voluntad, pues ella quería tener más hijos. 

También que los medicamentos que le recetaban, como el litio, no la ayudaban en lo más mínimo, pero sí la mantenían atontada y borracha. 

“La custodia no tuvo ningún sentido desde su inicio. Le pago a gente para que me controle”, explicó. “Hacen que trabaje en contra de mi voluntad, quitándome mis pertenencias, mi tarjeta de crédito, mi dinero, el teléfono, mi pasaporte y poniéndome en una casa donde trabajo para las personas que viven conmigo”.

Voces de apoyo a la cantante

El testimonio de la cantante ha llamado la atención de muchas personas en el mundo. Todos se preguntan cómo es posible que una mujer de 39 años que ha demostrado ser autosuficiente y quien puede generar su propio dinero, esté en una especie de esclavitud solo por un episodio de crisis, que le puede pasar a cualquier persona.

La actriz Rose McGowan, una de las caras más reconocidas del movimiento #MeToo en Estados Unidos, por ejemplo, dijo que era como trata de blancas y que la culpa, en parte, era de los medios sensacionalistas, que llevaron a Spears al colapso en 2007.

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“Imagina que eres una mujer joven, que te tienen encerrada y controlada y que te obligan a actuar para mantener a tu familia”, dijo. 

“Es más profundo que la preocupación por una princesa del pop rica. Britney Spears nos entretuvo a todos y la han torturado. Sé que parece una sola persona, pero le han hecho esto a muchas más mujeres y personas que no gustan en la industria”, añadió. 

Hasta Mariah Carey se pronunció en Twitter y le pidió que se mantuviera fuerte, mientras los jueces toman una decisión. Incluso Justin Timberlake, exnovio de la cantante y a quien muchos acusaron en su momento de manipularla y tratarla de forma machista, salió a apoyarla.

“A ninguna mujer se le debería restringir su derecho a tomar decisiones sobre su propio cuerpo”, dijo por su parte Jessica Biel. 

Ahora está en manos del tribunal de California decidir si Spears finalmente recupera su vida y su libertad, o si seguirán tratándola como una niña incapaz en pleno siglo XXI.

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