‘Mugre rosa’, de Fernanda Trías

Análisis de la obra más reciente de la escritora uruguaya, una narración en primera persona.

La nueva novela de la uruguaya Fernanda Trías parece el fruto de una oscura premonición. La historia, que su autora empezó a construir a mediados de la década pasada, transcurre durante una epidemia.

Quien abra sus páginas quizás se inquiete al encontrarse inmerso en una ciudad de calles vacías, de hospitales colapsados por la cantidad de pacientes, con personas que portan tapabocas y toques de queda. No ocurre a menudo que una novela de ficción especulativa, al salir de la imprenta, dialogue de forma tan directa con una coyuntura que su autora no pudo haber anticipado durante el proceso de escritura.

El origen de la peste que asola el mundo de Mugre rosa es misterioso. Solo se sabe que proviene del mar, de las algas, y que la arrastra un viento rojo. Los pocos habitantes que aún viven en la ciudad portuaria donde transcurre la historia se resguardan con las ventanas cerradas al menor indicio de una ventisca.

El origen de la peste que asola el mundo de Mugre rosa es misterioso. Solo se sabe que proviene del mar, de las algas, y que la arrastra un viento rojo.

Durante el resto del tiempo transitan, como fantasmas, entre una densa neblina. La peste le ha abierto las puertas a un difuso régimen totalitario, que entretiene a su población a punta de televisión y que la alimenta con mugre rosa, una pasta de carne hecha a base de carcasas de animales y que huele a sangre coagulada y desinfectante. Muchos se han mudado hacia el interior del país, vaciando los mercados, huyendo de la muerte.

Basta leer unas pocas páginas de la novela para darse cuenta de que Trías dedicó una cantidad sustancial de tiempo a pensar y desarrollar su escenario. La filigrana es sorprendente: desde el rostro de un maniquí en una tienda de ropa abandonada hasta la suerte de los animales. También es poética: “Todos esperábamos que con los pájaros pasara lo mismo que con los peces, que un día empezaran a caer del cielo, como frutos maduros”.

La poesía del libro surge de una cadencia particular, al tiempo limpia y críptica, que muestra y esconde, y que produce una perturbadora sensación de extrañeza que se mete debajo de la piel.

Puede leer: Cómo maté a mi padre

Mugre rosa está narrada en primera persona. Como lectores, tenemos acceso al mundo interior de la narradora, una mujer de mediana edad, que está estancada por culpa de sus nudos afectivos. No es una heroína que busca salvar a la humanidad en medio del colapso de la civilización; ella no presume poder salvar a nadie.

Ella, en cambio, oscila entre la parálisis emocional y el cuidado de sus seres queridos. La agobia su terca madre, a quien nunca puede satisfacer, y sobre todo su exesposo, Max, un hombre cuya monstruosa inteligencia la aterra e hipnotiza y que, por momentos, parece inmortal, como el temible juez de Meridiano de sangre. Todo mientras se dedica a cuidar en su casa a Mauro, un niño que, por culpa de un trastorno, es incapaz de saciar su hambre.

La novela de Trías bebe de la tradición de géneros como la ciencia ficción, la distopía, el eco-desastre y el relato posapocalíptico.

La novela de Trías bebe de la tradición de géneros como la ciencia ficción, la distopía, el eco-desastre y el relato posapocalíptico. Pero también es una exploración profunda de la subjetividad. Al igual que sus otros dos libros publicados en Colombia (La azotea, reeditado por Laguna en 2015; y La ciudad invencible, reeditado por esa misma editorial en 2019), Mugre rosa se preocupa por la manera en que el mundo de afuera ejerce violencia sobre el individuo.

Además de contarnos la historia de un derrumbe externo, nos deja entrever un derrumbe interno. “Mi línea recta de enreda, siento que me falla el trazo, y el dibujo ahora es una cuerda que yo misma me ato alrededor del cuello”, dice la narradora. La epidemia arrasa con su noción del tiempo. Solo los recuerdos, que aparecen a modo de escenas retrospectivas, le ofrecen algo parecido a la certeza. ¿A qué nos aferramos, parece preguntarnos Trías, cuando todo a nuestro alrededor parece haber colapsado?

Fotos: Cortesía Penguin Random House y Federico Bottia

1 Comentarios