Diez grandes legados de la Cinemateca de Bogotá en sus 50 años

Una de las instituciones más importantes para la cultura nacional está de aniversario. Diario Criterio habló con conocedores y con algunos de sus directores sobre la huella que ha dejado en el país. 

Cuando la Cinemateca de Bogotá (en ese entonces la Cinemateca Distrital) nació en 1971, gracias a la iniciativa de Isadora de Norden y su esposo, el cineasta Francisco Norden, el cine en Colombia ya tenía una larga historia llena de tropiezos, que había comenzado con la primera proyección en 1897.

No había una gran tradición de cine nacional y la industria estaba algo estancada. Desde entonces ha venido en una carrera ascendente, aunque con muchos altibajos. Un camino que la institución ha acompañado en sus distintas etapas.

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La cinemateca es la segunda institución más antigua del cine nacional, después de Cine Colombia, la empresa que nació en 1928 y que por su misión tiene un carácter mucho más comercial.

Y es que, contrario a lo que muchos piensan, una cinemateca no es una sala de cine alternativo o independiente, ni un lugar para proyectar películas a bajo precio para que puedan acceder personas con pocos recursos. Puede que haga ambas cosas, pero su trabajo va mucho más allá. 

De hecho, en estas cinco décadas ha dejado una huella imborrable en el cine y en la cultura del país. Estos son algunos de sus legados más importantes:

1. Guarda la memoria audiovisual del país  

Para Julián David Correa, director en dos ocasiones (la última entre 2012 y 2016), las cinematecas son más museos que salas de cine. “Su función principal no es pasar películas, sino preservar y circular un bien cultural de formato audiovisual, o el patrimonio audiovisual”, explica. 

En ese sentido, tan importantes como las salas de cine, las retrospectivas y las películas que proyecta, es lo que hay detrás: la compra y la restauración del material, la recolección de libros y material audiovisual sobre el séptimo arte y la conservación de varias de las cintas y cortos que se han hecho en Colombia. 

Contrario a lo que muchos piensan, una cinemateca no es una sala de cine alternativo o independiente, ni un lugar para proyectar películas a bajo precio.

La cinemateca, además de las películas que compra y conserva, tiene una mediateca llena de libros, revistas, fotos, afiches, y archivos de audio y video (en varios formatos, desde VHS hasta digital) sobre cine. Un lugar al que puede acceder cualquier persona. 

Y también guarda la memoria audiovisual de lo que han grabado los bogotanos en el territorio, así no sea necesariamente películas. Un ejemplo: la videoteca local, que reúne producciones audiovisuales hechas en las localidades, muchas de forma artesanal. 

2. Es una ventana al cine de todo el mundo

Todo el trabajo de preservación está acompañado por el de circulación. Es decir: llevar ese acervo audiovisual a las salas de cine para que lo puedan disfrutar los bogotanos y colombianos.

Pero no solo las películas y las producciones locales. También cine de otros países, que de otra forma es muy difícil de encontrar en Colombia. 

Esa labor la ha hecho desde su nacimiento. En esa época proyectaban en una sala del Planetario Distrital -y más adelante junto al Teatro Jorge Eliécer Gaitán- películas de Ingmar Bergman o de Federico Fellini, y retrospectivas de cine soviético, de la nueva ola francesa o del expresionismo alemán, entre otras.

Luego, hacia los años ochenta y noventa, comenzaron a trabajar con los cine clubs y con las salas que había en los barrios de Bogotá, prestándoles películas para que estas llegaran a un público más amplio. 

Espacios como el Cine Club de Colombia, de Hernando Salcedo Silva, o el de la Universidad Central, así como la sede de la cinemateca eran tan populares, que se llenaban completamente y había filas para entrar.

Esa estrategia se ha retomado en los últimos años. No solo con las cuatro salas que tiene la actual sede de la cinemateca, sino también a través de gestores culturales en las 20 localidades, incluida la zona rural de Sumapaz. 

3. Impulsa la creación a través de becas y estímulos

La Cinemateca ha ayudado a muchos cineastas jóvenes a sacar adelante sus proyectos. Lo hace a través de una serie de becas y estímulos, que actualmente hacen parte del paquete que ofrece la alcaldía a través de Idartes (el Instituto Distrital de las Artes). 

Para Pedro Adrián Zuluaga, crítico de cine, esas ayudas han sido claves para que existan cortometrajes, documentales, películas e investigaciones sobre cine. 

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Pero él destaca que “tuvieron un gran momento en los años noventa, cuando permitieron películas experimentales como Posición viciada, de Ricardo Coral-Dorado, y Alguien mató algo, un corto de Jorge Navas”

Los estímulos y las becas para la creación siguen entregándose anualmente.

4. Ha formado a la audiencia

“Toda cinemateca crea un público y esta ha creado un público especializado”, explica Zuluaga. Y tiene razón: desde sus primeros años, la Cinemateca de Bogotá ha ayudado a que cada vez más colombianos conozcan lo mejor del séptimo arte. 

“Muchos, incluyendo personas que luego se volvieron críticos o cineastas,  como Lisandro Duque, se formaron allí, viendo las películas y retrospectivas”, explica Augusto Bernal, quien fue director de la cinemateca y de la escuela de cine Black María. 

En su primera época, la cinemateca proyectaba películas de directores como Ingmar Bergman o Federico Fellini, y retrospectivas de cine soviético, de la nueva ola francesa o del expresionismo alemán.

Incluso, y gracias alianzas con otras cinematecas, cine clubes, revistas de cine y salsa alternativas de otras ciudades del país, lograron llevar esas muestras a lugares como Pasto, Bucaramanga, Neiva, Medellín o Cali. “Había un público formado, con una mirada crítica y reflexiva sobre el cine”, recuerda Bernal.

Esa estrategia luego evolucionó hacia talleres y cursos específicos, creados para que el público interesado, los cineastas y los intermediarios aprendan más de cine

Uno de los más recientes es la llamada Cátedra Cinemateca, en la que se forman blogueros, críticos de cine, periodistas y personas que quieren acercarse al séptimo arte. 

5. Ayudó a conocer la historia del cine colombiano 

Una de las muestras de la cinemateca que más recuerdan los directores y expertos consultados por Diario Criterio es Cine colombiano 1950- 1973, impulsada por Isadora de Norden, su primera directora, en 1973. 

Allí ella logró recoger todas las películas colombianas (largometrajes y cortometrajes) a los que se podía acceder en ese momento. Una muestra que viajó por el país y que fue fundamental para que muchos conocieran el cine nacional, y para que los investigadores comenzarán a estudiarlo y a escribir su historia. 

De hecho, gracias a eso, un año después Carlos Mayolo y Ramiro Arbeláez escribieron el artículo Secuencia crítica del cine colombiano, en el primer número de la revista Ojo al Cine, considerado el primer texto histórico sobre el cine hecho en Colombia. 

6. Impulsa las publicaciones e investigaciones sobre el cine

Casi desde el inicio, y de forma ininterrumpida, la cinemateca ha publicado libros, investigaciones y revistas especializadas sobre el séptimo arte, que al día de hoy son insumo para investigadores, cineastas y conocedores. 

Desde Crónicas de cine, el libro de Hernando Valencia Goelkel, publicado en 1974, hasta los resultados de las becas de investigación de los últimos años. 

Muchos destacan, sin embargo, dos publicaciones periódicas que han sobrevivido al paso del tiempo, aunque con varios periodos de inactividad.

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La revista Cinemateca, que nació en 1977 (su primera portada fue Andrés Caicedo) y ha tenido tres épocas distintas, luego de períodos de inactividad. Y los Cuadernos de Cine Colombiano, que surgieron en los años ochenta como homenajes a cineastas, pero resurgieron en 2001 con un formato mucho más polifónico: varias voces escribiendo sobre cine. 

7. Ha llevado sus programas a los barrios de la ciudad

Desde hace varios años la Cinemateca dejó de pensarse como un sitio cerrado, que solo funciona dentro de su sede, y decidió salir a las calles. 

No solo con los cineclubes y salas de cine alternativas, una estrategia que viene desde los años ochenta, sino con la llamada Cinemateca Rodante, una estrategia que busca llevar los programas al territorio, es decir a las 20 localidades

Isadora de Norden logró reunir en 1973 todas las películas colombianas a las que se podía acceder en ese momento y llevó la muestra por todo el país. Fue fundamental para que muchos conocieran el cine nacional.

“Buscamos que nuestra oferta vaya también a los territorios y barrios de la ciudad: llevamos programas de formación, proyectos de creación y estrategias de circulación. La idea es no estar encerrados en nuestra infraestructura, sino ir más allá”, explica Cantor. 

Correa explica que gracias a estos programas, muchos bogotanos han aprendido a “escribir con imágenes en movimiento” y pueden contar sus propias historias usando cámaras de video o un celular. “Así no se vuelvan cineastas o productores, su versión de la historia va a quedar guardada y será un patrimonio de todos los colombianos”, agrega. 

8. Apoya la diversidad con el Ciclo Rosa

Uno de los grandes legados de la Cinemateca de Bogotá es el Ciclo Rosa. Una selección anual de películas con temática LGBTI, que nació en 2001 gracias a una alianza con el instituto Goethe y la Universidad Javeriana. 

“Este festival ha generado cambios definitivos en la manera como la ciudad percibe las diversidades sexuales y ha influido en la formulación de políticas dentro del propio distrito”, explica Zuluaga.  

Este año, de hecho, se celebrarán sus 20 años. 

9. Impulsa la realización de películas en Bogotá

Desde 2014, con el impulso de la cinemateca, se creó la Comisión Fílmica de Bogotá, que facilita los trámites y apoya a los cineastas que quieren grabar películas en la ciudad. 

También va a mercados internacionales para promover a Bogotá como destino de filmación y ayuda a mejorar los servicios locales para que esas grabaciones se lleven a cabo sin contratiempos. 

10. Su nueva sede es un espacio para toda la ciudad

El último gran legado de la cinemateca es su nueva sede en la calle 19 con carrera 4ta. Fue un proyecto que nació gracias al impulso de Julián David Correa, que junto con un gran equipo logró convencer al alcalde Gustavo Petro de entregarles el lote, y que sobrevivió al intento de Enrique Peñalosa de enterrar el proyecto. 

La sede, construida con el diseño del Colectivo 720 de Cali, se hizo teniendo en cuenta todos los parámetros de lo que necesitaba la institución: pensando no solo en las salas para proyectar cine, sino en los espacios de encuentro, las bodegas para el material de archivo, la mediateca y las nuevas tecnologías. 

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“Yo aspiro a que de todo eso haya quedado otro legado: que la gente entienda que el cine no es solo lo que pasa en una sala de cine, sino que es escritura con imágenes en movimiento. Y que el cine cambia el mundo, porque cambia el pensamiento y un pensamiento nuevo puede cambiar el mundo”, dice Correa. 

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