Hamlet Lavastida, el artista detenido y prohibido por el Gobierno cubano que desató una campaña internacional

Tiene 38 años, hace parte de un grupo de artistas que se oponen al régimen y está en la cárcel por supuesta “incitación a la rebelión”. Su caso ha llamado la atención del mundo.

El artista Hamlet Lavastida vio desde la ventana de su casa en La Habana que un hombre sospechoso se acercaba a su edificio el pasado 26 de junio. Llevaba seis días de cuarentena obligatoria, luego de su viaje de regreso a Cuba, tras un año de residencia artística en Berlín. Y se imaginó lo peor.

Tomó su teléfono, llamó a su amiga, la poeta cubana Katherine Bisquet, y le dijo que parecía que un agente de la seguridad venía hacia su casa. Cuando ella y su familia intentaron ubicarlo, no lo encontraron. Ya estaba preso en la cárcel de Villa Marista, a donde el régimen cubano lleva a los presos políticos a los que quiere sacarles información. 

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La razón: una supuesta “instigación a delinquir” que con el paso de los días se convirtió en “incitación a la rebelión”. La prueba: un mensaje enviado a un chat privado de Telegram en el que les proponía a otros intelectuales una acción de protesta contra el régimen.

Una acción aparentemente inofensiva y que nunca se llevó a cabo. Poner en los billetes sellos de los movimientos 27N y MSI, dos colectivos de artistas que se declararon disidentes del gobierno y del socialismo. 

La noticia se expandió rápidamente por el mundo y causó indignación. 140 intelectuales cubanos firmaron una carta exigiendo su liberación y en ARCO, la feria de arte contemporáneo más importante de Madrid, se llevó a cabo un acto de protesta. En redes, además, se ha movido el hashtag #FreeHamletLavastida y #libertadparahamlet.

¿Quién es Hamlet Lavastida?

El hombre que ha causado toda esa indignación es un artista de 38 años nacido en La Habana y graduado del Instituto Superior de Arte (ISA), de la misma ciudad, en 2009.

Uno de los artistas emergentes más importantes de su país. Una voz incómoda para el régimen, parte de una nueva generación que no está dispuesta a sacralizar la revolución cubana ni a hacerse la de la vista gorda ante los abusos. 

A simple vista, muchas de sus obras parecen una alegoría a la propaganda política y militar de los años sesenta y setenta en Cuba. Pero vistos de cerca y con cuidado, sus grabados, collages, fotos y videos, que se apropian de los logotipos y la propaganda de las instituciones, están criticando esos discursos y su terminología. 

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Así, frases como “Que se vaya la escoria, que se vaya la escoria, que se vaya”, o la silueta de un Fidel Castro joven con su traje militar apuntando con una pistola, junto a cientos de imágenes y expresiones similares, terminan mostrando lo absurdo de los mitos y discursos de un Estado totalitario. 

En otros casos, toma antiguos documentos, archivos y discursos del Gobierno y los muestra tal cual. No necesita más para que cualquier persona note lo desfasado que está el régimen de la realidad y del presente. 

En una reciente exposición en Alemania, llamada Cultura Profiláctica, por ejemplo, transcribió totalmente la carta que Heberto Padilla, un poeta cubano, tuvo que leer en público en 1971 retractándose de sus críticas al gobierno de Fidel Castro. 

Un texto absurdo y escrito bajo presión con frases como “Yo actuaba y yo dañaba a la Revolución” o “A mí me preocupaba más mi importancia intelectual y literaria que la importancia de la Revolución”.

Por eso, en Cuba está prohibido exponer sus obras y si algún coleccionista privado quisiera comprarlas, no podría sacarlas de la isla. Aún así, este artista de 38 años ha logrado circular su arte en el extranjero y hacerse a un nombre que incomoda al régimen cubano. 

Nunca antes lo habían detenido, pero entre 2011 y 2015 le prohibieron el ingreso a la isla. Y durante el último año, cuando estuvo en una residencia con la galería Künstlerhaus de Berlín, estuvo bajo vigilancia, como comprueba su captura. 

Un caso de muchos 

El de Lavastida no es el único caso de un artista encarcelado por el Gobierno de Cuba. En los últimos meses han detenido a la artista Tania Bruguera, al periodista Esteban Rodríguez, al artista Luis Manuel Otero y al rapero Maykel Osorbo. Este último, porque hizo una canción llamada Patria y vida, una crítica al lema “patria y muerte”.

De hecho, las disputas entre los artistas y el Gobierno han venido aumentando durante los últimos años. Comenzaron en 2018, cuando el gobierno de Miguel Díaz-Canel quiso instaurar el decreto 349. Entre otras cosas, permitía a un ‘inspector cultural”’ acabar exposiciones, conciertos o actividades que considerara inoportunas. 

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El decreto se cayó, pero desde entonces la relación entre el sector y el régimen quedó tirante. Se crearon movimientos como el MSI, con artistas que pedían más libertades y derechos ciudadanos, y se dieron protestas inéditas. 

El 27 de noviembre de 2020, por ejemplo, 500 artistas se reunieron frente al Ministerio de Cultura para exigir que soltaran al artista Otero Alcantara. 

Y aunque el Gobierno propuso una comisión para sentarse a hablar con los que protestaban, el propio Díaz-Canel echó al piso cualquier esperanza de cambio. 

Lo hizo en un encuentro con artistas, en donde citó una de las frases más polémicas de Fidel Castro:

“Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada. Contra la Revolución nada, porque la Revolución tiene también sus derechos; y el primer derecho de la Revolución es el derecho a existir. ¿Cuáles son los derechos de los escritores y de los artistas, revolucionarios o no revolucionarios?  Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, ningún derecho”.

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Al parecer, en pleno 2021, y a pesar del retiro de Raúl Castro, ni Hamlet Lavastida ni ninguno de sus colegas puede hacer su trabajo libremente. Y menos si eso implica criticar al Gobierno o tener una mirada crítica con la Revolución. 

Por lo menos, y como lo demuestran las marchas y protestas de esta semana, hay cubanos que están cada vez menos dispuestos a aguantar esa situación.

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